Vía Augusta
Alberto Grimaldi
¡No a la tregua!
Resulta escalofriante observar cómo el feminismo, que parecía avanzar de forma irreversible, ha sufrido un violento frenazo en seco. Hace apenas ocho años, España se convirtió en el faro del feminismo global. Las manifestaciones del 8 de marzo de 2018 fueron un estallido de conciencia colectiva que situó a nuestro país en una ‘edad de oro’ de derechos y visibilidad. Sin embargo, en menos de una década, el escenario se ha transmutado en una crisis de identidad y resistencia que amenaza con demoler lo construido. Lo más alarmante es el éxito de la ‘internacional antifeminista’, una red global de pensamiento reaccionario que ha encontrado en los jóvenes españoles su terreno más fértil. Según los datos demoscópicos más recientes, más de la mitad de los varones jóvenes perciben el feminismo no como una búsqueda de igualdad, sino como una herramienta de “manipulación política”. Este desplazamiento hacia las tesis negacionistas de la ultraderecha no es casual; es el resultado de una ofensiva cultural perfectamente orquestada que utiliza el victimismo masculino y el odio digital para convertir la igualdad en una amenaza a la identidad de los hombres jóvenes.
No estamos ante una simple indiferencia, sino ante una hostilidad abierta contra los avances en igualdad. Gran parte de esta deriva se explica por la permeabilidad de los discursos reaccionarios en las redes sociales, pero sería un error de análisis no mirar hacia adentro. El feminismo español, víctima en parte de su propio éxito, se ha visto envuelto en fracturas internas y errores estratégicos que han servido de munición al adversario. Las divisiones doctrinales y las guerras culturales en el seno del movimiento han generado un ruido ensordecedor que ha alejado a sectores que antes eran aliados, dejando un vacío que la ultraderecha ha llenado con consignas simplistas y regresivas. El futuro se dibuja con trazos de incertidumbre y miedo. Con un escenario electoral donde una coalición de derecha y ultraderecha parece ser la opción más probable según las encuestas, los cimientos de la igualdad están en peligro real. Un gobierno condicionado por quienes niegan la violencia de género o consideran los derechos reproductivos como moneda de cambio supondría un retroceso histórico sin precedentes. El feminismo español se enfrenta a su hora más oscura, recordándonos que ningún derecho es permanente si no se defiende cada día contra quienes desean devolvernos al pasado
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