Análisis

la gloria de san agustín

Jazmines

Mi madre siempre me ponía, cuando llegaba el verano, un puñado de jazmines en la mesita de noche. Y no sólo lo hacía por el olor, también porque decía que así no me picaban los mosquitos. Los años que han pasado, y yo me sigo acordando de esto, y de mi madre por supuesto, cuando huelo a jazmines o alguien me ofrece una coronita, que la verdad es una tradición que seguimos teniendo, a pesar de los años.

La de gente que me ha parado por la calle esta semana para felicitarme por los 900 domingos que llevo en mi Día, tanta gente que estoy pensando hacer una fiestecilla cuando a llegue a los 1.000, que la cosa lo merece, me parece a mí. A todo el mundo le he dicho lo mismo, que la felicidad y el orgullo son míos, en esta semana que se ha hablado tanto del orgullo, que menos mal que en eso sí hemos cambiado. Porque si yo miro hacia atrás y me pongo a recordar todas las cosas que les hemos llamado es como para ponernos a temblar, y la verdad es que lo seguimos haciendo. Menos, también es verdad, pero lo seguimos haciendo. Antes era horrible, que yo no sé la de hombres y mujeres, de aquí mismo, del barrio, que no han podido vivir como ellas querían por el temor al qué dirán, pero más de las que ustedes se pueden imaginar. Y hombres casados y hasta con hijos que luego se han visto a escondidas con su verdadero amor, que era otro hombre, los que ustedes no puedan creerse. Seguro que nadie se está extrañando al leer esto, que todos sabemos de un caso o varios, que no estoy contando nada tan extraño y bien que lo sabe todo el mundo. Que yo he conocido más casos que dedos tengo en las manos.

Esa gente, desgraciadamente, han tenido que vivir toda la vida con unos mosquitos muy gordos y puñeteros, los peores que hay, y encima no tenían los productos que hay ahora ni nadie les ponían jazmines en la mesita de noche, que la mayoría de las veces han estado muy solos, porque nosotros los hemos dejado muy solos. Por eso a mí me parece bien que tengan su día y que salgan a celebrarlo con la cabeza bien alta, que no tienen de qué avergonzarse, faltaría más. Los que tendrían que avergonzarse, y mucho, son los mosquitos que aún quedan, demasiados para mi gusto, y que siguen picando, que a fastidiosos no hay quien les gane. No se dan cuenta en el tiempo en el que estamos, que ya tenemos que tener superadas muchas cosas, como ésa, por ejemplo. En fin, que nos ha dado una tregua el tiempo pero seguro que regresa el verano, como está mandado, con sus jazmines y sus cosas.

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