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Análisis

Tacho Rufino

Ay qué risa, María Yolanda

Los datos de rescisiones y suspensiones laborales y despidos son los más negativos de la historia del país desde que existen registros fiablesNo sabemos si a la ministra le estaba dando 'un Joker', una reacción histérica y de pánico

Las cifras conocidas este jueves -poca sorpresa- mueven a todo menos a la alegría y a sus expresiones: en el mes de marzo se han perdido 900.000 afiliaciones a la Seguridad Social. Otro baremo para evaluar la pérdida de puestos de trabajo entre quienes quieren y pueden trabajar es el llamado paro registrado (la gente que se apunta en las oficinas de Empleo menos la que se desapunta por obtener un trabajo, que en el contexto vigente es un sustraendo despreciable), que también ha crecido en más de 300.000 personas: otra más que notable magnitud si consideramos que el marco temporal es un solo mes. Estas cifras dejan en pañales a las de la Gran Recesión detonada por la caída de Lehman Brothers, que antecedió a un quinquenio devastador en España. La actual lo es sobre todo por la rapidez del daño, si bien esto parece lógico: luchar contra el virus ha exigido el repentino confinamiento de los ciudadanos -de un día para otro, y quién sabe si para dos meses largos- y el cese de gran parte de las actividades comerciales y productivas. Cerrando el diafragma de este severo retrato, Andalucía ha acaparado casi un tercio de todos los nuevos parados del país: no se trata de hacer leña del árbol caído ni tampoco de erigirse en el enésimo profeta del pasado, pero no debemos dejar de recordar que nuestra estructura económica regional produce un tipo de empleo que es más vulnerable ante la volatilidad del mercado (en este caso, su anestesia general prescrita por el Gobierno; esperemos que no coma inducido).

En estas horas fatídicas -casi diez mil muertos en España ya-, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, no paró de reírse y sonreírse en la rueda de prensa en la que le tocó -un trago- comunicar los resultados estadísticos del mercado laboral más infaustos de la historia española reciente (o si quieren, con estadísticas fiables). Pudieron ser los nervios, y le estaba dando un Joker: hay gente que ante la inminencia del pánico se parte la caja sin poderlo evitar. Pudiera ser, alternativamente, que un asesor de imagen moderno, masterizado y, en el fondo, pueril y con los pies de barro, le hubiera dado un cursillo de "Actitud No Verbal en la Gestión de las Crisis y del Pánico", con mucha mayúscula, y la ministra hubiera internalizado -como le exigió el gurú sin corbata- que al pueblo, en la zozobra, hay que darle calor maternal, desdramatizando, y que para ello es básico transmitir confianza, cuyo aliado más poderoso es la alegría, y ya puestos, la actitud risueña y hasta jocosa. Puede ser que el cargo le venga grande (un ministerio de cuota Podemos, y de suyo secundario con respecto a Economía y Hacienda).

No ya la guasa que se trajo en el atril, sino la forma de dirigirse a los periodistas, fue la muestra más clara de que la ministra no conoce el mercado laboral ni en sus mínimos rudimentos, y que el cargo le viene grande. Con lo fácil que es explicar sin mayores profundidades qué es un Expediente Temporal de Regulación de Empleo, la titular de Trabajo vino a decir no una, sino varias veces, como si fuera un profesor de universidad novato que, supliendo a su mecenas académico de forma repentina, no sabe de qué está hablando, entripado sobre la interminable tarima: "Esto es muy complicado para vosotros, chicos, y yo lo comprendo", sin parar de mirar al titular de Seguridad Social, que la acompañaba en la comparecencia, como Rose miraba a Jack al final de Titanic, pero en registro de comedia. Descorazonadores, aunque esperados, los datos. Pero no menos la actitud de una ministra que encima dijo que "Europa" nos miraba como un norte y un faro por la figura de los ERTE, propia de nuestra legislación. Que no es que provenga precisamente de la cuerda progresista, ya puestos a recordar.

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