Paco Cepero | Crítica

La difícil facilidad de un maestro del toque

Paco Cepero, en el centro, durante su actuación en Medina Azahara. Paco Cepero, en el centro, durante su actuación en Medina Azahara.

Paco Cepero, en el centro, durante su actuación en Medina Azahara. / El Día

Paco Cepero, tótem del toque flamenco con todo un historial dentro del cuarto de los cabales, reuniones al uso décadas atrás, festivales y espectáculos urbi et orbi en la actualidad, de envidiable currículo con la consideración de brillante compositor de partituras para muchos interpretes de la actual música andaluza; con Tradición estuvo el pasado domingo a propósito del Festival de la Guitarra de Córdoba, en el recuperado y saneado yacimiento arqueológico de la bella ciudad palatina que fue Medina Azahara en tiempos del califato Omeya. Uno de los más sugestivos escenarios que podrían escogerse para incorporarlo a la oferta de foros más adecuados y atractivos para las puestas en valor de eventos, en las calurosa noches de verano de esta urbe nuestra del sur.

El guitarrista Cepero, artífice del difícil toque del instrumento de seis cuerdas, por ello con extensa difusión de los galardones recibidos, entre los que destaca el premio Manolo de Huelva del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba en 1977, compitiendo por entonces con importantes figuras como Rafael Riqueni que también fue premiado.

El jerezano, estuvo en este relevante festival -al que por fin fue invitado- y brilló como siempre con luz propia

Ahora el jerezano, estuvo el día 7 en este relevante festival -al que por fin fue invitado- brillando como siempre con luz propia, ojalá que para rato, y durante mucho tiempo con admiración por el despliegue de conocimientos con su sonanta, que los asistentes disfrutamos en tan hermosos acordes, falsetas, la envidiable agilidad digital picando en punteos, fraseos, trémolos y qué sé yo, en soleá, por alegrías, bulerías, tangos, soleá por bulerías, fandangos y discurriendo con composiciones propias como Noche andalusí, Cartuja, De Cai, Capricho, Agua marina, y más de su amplio repertorio por rumbas.

Toda una puesta en escena de este sabio Cepero -familia del mítico cantaor jerezano nacido en 1888- con aventajados acompañantes de su escuela domestica, añadiendo todos lustre al encuentro y prestigio a las programaciones anuales con las guitarras en nuestra ciudad, aportando él la difusión de tan bello instrumento.

Nada nuevo en donde se ha dado a conocer, enriqueciendo por su importancia y logros alcanzados con tan especial idiosincrasia y, por cierto, en manos de legión de anuentes admiradores que con el tiempo se han ido incorporando a la lista de maestros que la acarician. El público de forma masiva se lo reconoció, asistiendo el domingo al concierto.

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