Crítica de Música

Paisajes sonoros del siglo XX

La Orquesta de Córdoba, en su tercer concierto de abono. La Orquesta de Córdoba, en su tercer concierto de abono.

La Orquesta de Córdoba, en su tercer concierto de abono. / Jordi Vidal

Bajo el título de Clásicos del Siglo XX, la Orquesta de Córdoba ofreció un interesante tercer concierto de abono, que también constituía la clausura de la XVII edición del Festival de Piano Rafael Orozco. Por esto, se contaba con la presencia del extraordinario pianista Benedetto Lupo, quien protagonizó los momentos cumbre de la velada, todos ellos concentrados en el maravilloso concierto para piano de Maurice Ravel (1875-1938), largamente aplaudido por el público. Hubo detalles interpretativamente espléndidos en los tres movimientos de esta obra llena de ritmo y poesía; especialmente, en el movimiento lento, en el que los solistas de viento de la orquesta estuvieron a la altura de la sólida propuesta musical de Lupo.

Antes de este espléndido recorrido por los paisajes sonoros de la Europa del sur fundidos con los colores del jazz, la Orquesta de Córdoba nos había hecho sobrevolar, con menor fortuna, las vistas sombrías del alma postromántica. Ello fue a través de una obra emblemática, Metamorphosen de Richard Strauss (1864-1949), con cuyas dificultades tropezó de continuo la habitualmente afortunada sección de cuerda de la orquesta.

Mucho mejor (y, de nuevo, a cuenta en buena medida de los vientos) estuvieron las dos obras de la segunda parte. Ambas nos llevaban hasta los paisajes orquestales nacionalistas e impresionistas que supieron pintar dos grandes de la pasada centuria: el gaditano Manuel de Falla (1876-1946) y el neoyorkino Aaron Copland (1900-1990). Y ambas sonaron con empaque, aunque me pareció más inspirada la lectura que Gerrit Priessnitz, el director alemán invitado para la ocasión, ofreció de la suite del ballet Appalachian Spring.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios