Crítica de Cine cine

Obra menor de un cineasta mayor

Obra menor de un cineasta mayor Obra menor de un cineasta mayor

Obra menor de un cineasta mayor

De entre los grandes directores emergidos en los años 60, Roman Polanski es a la vez uno de los más brillantes y más irregulares. Su carrera reúne obras interesantes e innovadoras muy útiles para perfilar el tono de una de las edades del cine (El cuchillo en el agua, Repulsión, Cul de sac, todas de entre 1962 y 1966, regresando a estos universos obsesivos y claustrofóbicos con la interesantísima El quimérico inquilino y las menos logradas Lunas de hiel o La venus de las pieles), obras comerciales que demuestran un perfecto dominio del oficio (Frenético, La novena puerta, Un dios salvaje, El escritor), dos excelentes adaptaciones victorianas (Tess de Hardy y Oliver Twist de Dickens) a las que sumar la broma mal envejecida de El baile de los vampiros, un vigoroso ajuste de cuentas de judío polaco cuya familia fue masacrada por los nazis (El pianista), varios merecidos fracasos comerciales (Piratas) o pedantes (¿Qué?, Macbeth) y dos obras maestras (La semilla del diablo y Chinatown) claves en la evolución de sus respectivos géneros.

Basada en hechos reales pertenece al grupo de las obras de oficio bien realizadas aunque le perjudican sus fallidos intentos de volver a las atmósferas angustiosas de sus thrillers psicológicos, negros y terroríficos. Partiendo de la novela de Delphine de Vigan convertida en guión con torpeza por Oliver Assayas (a veces la suma de grandes nombres no funciona), Polanski compone un juego de espejos sobre la creación literaria y el vampirismo psicológico, tema este muchas veces tratado por él con mayor o menor fortuna. En este caso -y con abundantes referencias explícitas a Stephen King- toma la forma de una escritora en crisis creativa (¿recuerdan el folio en blanco de El resplandor?) que mantiene una tortuosa relación de sometimiento y dominio con una admiradora que sabe más de lo necesario sobre ella (¿recuerdan a la fan enloquecida de Misery?). El resultado es un raro cóctel entre los universos de King y los del Polanski de Repulsión, El quimérico inquilino o El escritor, aromatizado con unas gotas de Eva al desnudo, Mujer blanca soltera busca..., Personal Shopper y otras muchas películas que tratan de discípulos, ayudantes o admiradores caníbales e invitados abusivos.

Bien rodada, con el buen uso de la estabilidad y limpieza del plano clásico propio del Polanski comercial, y bien interpretada por Emmanuelle Seigner y Eva Green, carece sin embargo de la fuerza que las pretensiones de su argumento y las capacidades de Polanski exigen. Otra obra menor -pero, insisto, fría e impecablemente filmada: gran prosa que no cuenta nada interesante- de un cineasta mayor pero desconcertantemente irregular.

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