Histórico

El proyecto de lo que nunca fue

  • El predestinado “gran lago andaluz” provocó una gran metamorfosis en la vida de los iznajeños

“Ahora toca mirar hacia adelante, pero sin olvidar lo que pasó”, sentencia Isabel López. Era solo una adolescente cuando tuvo que abandonar su hogar por la construcción de lo que estaba predeterminado a convertirse en el “gran lago andaluz”. Para fortalecer la economía de otros territorios, el municipio cordobés de Iznájar fue obligado a sufrir una metamorfosis que cambió por completo su esencia. Francisco Franco fue el encargado de inaugurar este embalse en junio de 1969. Situado en el cauce medio del río Genil, el pantano de Iznájar es el más grande de toda la comunidad andaluza, bañando tierras de Córdoba, Málaga y Granada. Tiene 981 millones de metros cúbicos de capacidad y más de 100 kilómetros de orilla. De la gestión de sus recursos se encarga la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la Agencia Andaluza del Agua. El cauce del embalse abastece de agua potable a alrededor de 200.000 personas y mantiene a salvo de riadas municipios como Puente Genil o Écija. 

Pero, ¿qué supuso la implantación de un embalse sobre un asentamiento poblacional? La construcción de esta obra trajo de la mano la expropiación de las mejores tierras cultivables del municipio. Como consecuencia, miles de iznajeños se desplazaron motivando una diáspora que todavía hoy recuerdan los protagonistas. Según fuentes oficiales, 2.000 personas fueron desterradas de su propio hogar. Sin embargo, los vecinos del municipio coinciden en que esa cifra alcanza cotas más altas. Sólo hay que observar un dato: en 1950, la población local estaba por encima de los doce mil habitantes. En la actualidad, se sitúa por debajo de los cinco mil. Puentes, grúas, frialdad y desinformación: esas fueron las herramientas básicas. Ramón García, expulsado de su propia vivienda, confiesa que la información que le facilitaron las autoridades fue “tardía, sesgada y poco transparente”. Los que aún recuerdan aquel tiempo cuentan que muchas de las familias no llegaron a creer realmente que sus casas quedarían definitivamente cubiertas por el agua. Muchos fueron los que se resistieron a abandonar lo poco que tenían. Emilia López recuerda cómo la sacaron de su hogar cuando ya el agua había entrado en ella. “La Guardia Civil tuvo que sacarme a la fuerza. Jamás pensé que mi casa pudiera convertirse en unas ruinas bajo agua”, balbucea. Se inundaron 3.000 hectáreas por las que el gobierno de la época pagó 350 millones de pesetas en expropiaciones. A pesar de esa indemnización económica, lo que se recibía no fue ecuánime para comprar algo similar. “Por supuesto, el daño psicológico por el desarraigo, la incertidumbre y la desesperación por un futuro dudoso, nunca encontró compensación”, señala Ramón García, ahora residente en Cádiz. El pantano representaba el cambio de la agricultura por la pesca. Abría, además, una puerta al turismo inimaginable para el municipio iznajeño de los años anteriores. Los deportes acuáticos se vislumbraban como un filón, al tiempo que atraían el interés de los propios vecinos. Pero, sobre todo, el pantano garantizaba el abastecimiento de agua a Iznájar y escribía el nombre de este pequeño pueblo en mayúscula en el mapa nacional. Las autoridades vendieron una idea que aún hoy no se ha materializado. El municipio depositaba sus esperanzas sobre el agua que el nuevo embalse albergaba. Pero no solo lo hacía este pueblo cordobés, sino otras muchas poblaciones dejarían atrás las continuas inundaciones por las crecidas del río y que ahora verían cómo la superficie regable creada ascendía a 65.000 hectáreas. Sin duda, los once años de construcción de la presa habían cambiado mucho más que la imagen de un pueblo.  

“El paisaje de Iznájar ha variado de signo totalmente, cambiando su bucólica estampa campesina por un extraño acento de población playera que ofrece inéditas sorpresas a los excursionistas en barca”. Así  definió, en 1969, el Ministerio de Obras Públicas la metamorfosis producida. 

Un destino incierto

Pero lo cierto es que, a día de hoy, el pantano se concibe como un auténtico quebradero de cabeza para los habitantes y las autoridades del municipio. Iznájar tiene ahora un problema con el que nunca se contó: la contaminación. En estos 40 años, al embalse no sólo ha llegado agua. Las escorrentías han arrastrado también restos de fertilizantes y abonos que no se han degradado y que se han acumulado en el fondo del vaso del embalse. Cuando el pantano está lleno, estos restos no suponen ningún problema, ya que se diluyen en el agua y sus niveles apenas son perceptibles hasta en los laboratorios. Sin embargo, cuando el nivel de las aguas desciende de forma tan dramática como hace unos años, la presencia de restos contaminantes tiene que hacer que los gestores del agua activen su maquinaria para que lo que salga por el grifo de unas 200.000 personas sea potable. 

En 2005, el corte de agua que sufrió todo el sur de Córdoba durante cinco días fue provocado por un descenso inesperado del pantano. Aumentó la concentración de agentes contaminantes sin que se contara con medios para combatirlos. Otro de los problemas que afecta seriamente a esta acumulación de agua se dio a conocer en octubre de 2009, cuando la Consejería de Medio Ambiente detectó la presencia de un ejemplar adulto de mejillón cebra. Este organismo invasor dañino es capaz de originar cambios ecológicos drásticos en los ecosistemas donde se instala y en los usos humanos ligados a los medios fluviales. El pasado 19 de septiembre, el consejero de Turismo y Comercio, Rafael Rodríguez,  se reunió con miembros de las diputaciones de Málaga, Granada y Córdoba, de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), y los alcaldes de los municipios que tienen territorios limítrofes al pantano para determinar de qué manera el embalse puede contribuir al desarrollo económico y social de la región. De dicho encuentro nació la intención de elaborar una hoja de ruta para aprovechar el potencial turístico del pantano, un elemento que fortalecerá la promoción turística de Andalucía, ya que, a juicio del consejero Rodríguez, “complementa segmentos en los que ya somos líderes, como el turismo de sol y playa o el de patrimonio”. El titular de Turismo se mostró convencido de que existen muchas posibilidades para el pantano de Iznájar, que podrían favorecer el desarrollo de la economía local y la generación de empleo.  En ese cuaderno de bitácora se incluye la posibilidad de crear una estación naútica de interior que permita el aprovechamiento de actividades limitadas, hasta ahora, por la presencia del mejillón cebra. 

Mientras tanto, en Facebook, un grupo es el encargado de mantener unidos a los exiliados. Cada tarde se reúnen en un foro para evadirse hacia todo lo que fue su vida, ahora sumergida bajo aguas residuales. Y cada tarde, en ese foro, todos llegan a una misma conclusión: “nos privaron de lo más fundamental, nuestra libertad para elegir”.

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