Doble fondo

Roberto Pareja

Cacerolada tóxica en el Parlamento

Abascal vive su momento de gloria con una astuta maniobra contra un Gobierno "dictatorial y criminal" llena de ruido y furia mientras Casado se rasca la nuez ante su gran dilema electoralista

El líder de Vox, Santiago Abascal, a su llegada este miércoles al hemiciclo del Congreso . El líder de Vox, Santiago Abascal, a su llegada este miércoles al hemiciclo del Congreso .

El líder de Vox, Santiago Abascal, a su llegada este miércoles al hemiciclo del Congreso . / Ballesteros (EFE)

A río revuelto, ganancia de pescadores... y el tiburón coge la caña aunque no va a pescar ni un solo voto en la moción de censura con la que Santiago Abascal se ha subido este miércoles bajo el brazo a la tribuna de un Congreso irreconocible, en el que los habituales pataleos y abucheos de sus señorías han sido sustituidos por un escrupuloso silencio respetuoso pese a las tremendas acusaciones que el candidato a relevar al presidente de un Gobierno "criminal e ilegitimo" ha vertido en un ejercicio de propaganda tal que ni se ha privado de recitar a las víctimas de ETA, explotando sin pudor su condición de amenazado por los terroristas, quizá el mayor activo del líder de Vox.

La sesión ha discurrido sosegada salvo en la incendiaria tribuna, el Parlamento ha hecho de altavoz de toxicidad en la enmienda a la totalidad al Gobierno de coalición de Sánchez con los "bolivarianos amigos de narcodictaduras", aunque Abascal se ha dispersado y el incienso de sus diatribas lo ha esparcido entre encendidos elogios al (todavía) presidente de Estados Unidos y las consiguientes teorías conspirativas sobre China y el virus que nos ha endilgado desde un siniestro laboratorio para dominar el planeta.

Habló de todo un poco y despotricó contra todos no poco, la vieja Europa incluida, a la que ve de rodillas ante el gigante asiático: "No nos salvará Bruselas. Antes nos salvará otra vez Móstoles", afirmó Abascal en alusión a la revuelta del Dos de Mayo contra las tropas de Napoleón. Exageraciones rimbombantes: "En toda Europa se rechaza un megaestado federal que se parece demasiado a la República Popular China, a la Unión Soviética e incluso a la Europa soñada por Hitler". Una coctelera con sus clásicos: Venezuela, las "feministas enloquecidas". Y exageraciones infinitas como la de la "república islámica catalana" en ciernes. Una panoplia tremendista sin rastro alguno de ideas claras para enfrentarnos al tema que a todos nos ocupa y preocupa: la lucha contra el coronavirus. Una patochada a decir del PNV, un "paso de Tejero a Torrente 6" a decir de ERC. 

Está en su derecho, la moción de censura es un instrumento legítimo, pero parece tan inoportuna en plena segunda eclosión de la pandemia como propagandística para erigirse como la verdadera oposición al Gobierno "amigo de terroristas y separatistas", "criminal y dictatorial", nacido del "fraude y la mentira" y "con un plan para destruir las instituciones", en contraste con la "derechita cobarde", el PP.

Un océano de indecisos

Abascal no va a pescar ni un solo voto más allá de sus 52 diputados en la votación de este jueves de su colérica moción de censura, pero él va más allá, a ese océano del millón de votantes indecisos (según indican los sondeos demoscópicos) entre su bisoña opción y la habitual y veterana, la de su matriz, el PP, que sabe que se la juega con su dilema entre el no y la abstención y no parece tener nada claro cómo obrar ante la astuta maniobra de Vox.

La foto de Colón la ha dejado hecha trizas. De eso se trataba. De hecho, su telonero, Ignacio Garriga, el candidato de Vox a la Generalitat en las elecciones catalanas del 14 de febrero, ha arrancado su intervención con ácidas críticas al PP y Ciudadanos -al que ha afeado su disposición a participar en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado- por su "pasividad" ante el Gobierno y su inacción en el "deber nacional" de derribarlo. "Puede que perdamos, pero más perderán los diputados que mañana tengan que explicar a los españoles su responsabilidad por la continuidad de este desastre", ha advertido Garriga, mal maquillaje de Vox para camuflar su veta franquista. Ahí están sus tuits elogiosos al alzamiento del 18 de julio del 36. 

Para culminar su entrada en campaña de las catalanas, Garriga ha finalizado su cruzada contra los enemigos de España bendiciendo a los diputados: "Con la presentación de esta moción ya hemos ganado, quien pierde es quien no tiene convicciones. Señorías, que dios les bendiga y que Dios bendiga nuestra patria". Amén.

El PP no se aclara 

Y a todo esto, Pablo Casado se ha puesto de perfil. No se sabe si sabe (Génova asegura que ya tiene decidido su voto a la moción de censura) pero esta claro que no contesta y mantiene la incógnita sobre si se abstendrá o dirá que no a la furiosa invectiva de Abascal. El líder del PP no tiene nada claro si debe desmarcarse rotundamente de Vox o bien contemporizar y mostrarse aquiescente ante lo que considera una iniciativa sin fundamento que sólo va a servir para cohesionar al bloque de la moción de censura que acabó con Mariano Rajoy y dividir a la derecha. "Usted no es el beneficiario, sino el blanco de este ataque. No basta con ponerse de perfil y abstenerse", le ha espetado Pedro Sánchez no sin antes advertirle del peligro del "contagio" con la ultraderecha. 

El presidente del Gobierno tiene lo suyo, pero este miércoles bien ha podido relajarse mientras Abascal desdibujaba a Casado como alternativa engrandando la figura de Sánchez y desgranaba las tres grandes ideas que tiene en mente de aterrizar en Moncloa: prohibir a los partidos nacionalistas, liquidar el Estado de las autonomías y expulsar a los inmigrantes ilegales. Todo esto entre constantes y hábiles guiños al pueblo llano, al que no soporta las tropelías de los menas desde sus mansiones serranas (por Pablo Iglesias) y fortificadas, y el proverbial discurso apocalíptico: "La delincuencia se ha apoderado de las calles y los barrios de España con robos, violaciones y agresiones de todo tipo". Amén.

Abascal tiene un montón de defectos, como todo quisqui, pero hay que reconocerle que es muy hábil. Ahí están sus 52 escaños, tercera fuerza del Congreso, pese a un ideario que relativiza la lacra de la violencia machista entre un alud de propuestas reaccionarias, y que seguramente van a ir a más entre el desconcierto que están generando los reyes del bipartidismo entre la ciudadanía con su pulso de medidas y contramedidas ante la pandemia. Una desafección creciente de la que Vox puede sacar tajada con su populismo montaraz dirigido a los españoles de bandera, aunque es Vox la fuerza a la que menos le gusta la España actual. Y ha vuelto a dejar clara la cosa: "Tenemos el peor Gobierno de los últimos 80 años". ¡Y luego le molesta que le tachen de franquista! 

Luego dirán que no hay quinto malo y esta moción de censura del elefante que se ha metido en la habitación de la democracia española disfrutará de unos momentos (días) de gloria. Pero la pandemia la anegará y quedará en la historia como una gran cacerolada en la que Vox ha hecho mucho ruido sin presentar una sola propuesta novedosa más allá de la promesa de convocar elecciones si su ardid saliera triunfante mientras Casado se rascaba la nuez con su misterioso dilema electoralista revoloteándole en la cabeza y Abascal le tocaba la moral y algo más...  

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