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Cristian Olivé | Profesor de Secundaria “Estoy en contra del pin parental. Es un eufemismo del veto y la censura”

Cristian Olivé, profesor de Secundaria y autor de 'Profes Rebeldes'. Cristian Olivé, profesor de Secundaria y autor de 'Profes Rebeldes'.

Cristian Olivé, profesor de Secundaria y autor de 'Profes Rebeldes'. / José Ramón Ladra

Cristian Olivé (Barcelona, 1987) es licenciado en Filología Catalana e imparte Lengua Española y Catalana en un colegio concertado de Barcelona y da clases a futuros docentes en el Máster del Profesorado en la Universidad Pompeu Fabra. Defiende la necesidad de modificar radicalmente los métodos de enseñanza para que sus alumnos sean parte activa de su educación. Por ello, recurre a canciones de Rosalía, videojuegos, series de Netflix o las pancartas de las manifestaciones para explicar contenidos de lengua y literatura. Acaba de publicar Profes rebeldes (Grijalbo, 2020), donde expone sus experiencias.

–¿Por qué es tan difícil trabajar con adolescentes?

–Es complicado porque están en un momento muy difícil. Siempre les digo a los adultos que intenten imaginar cómo eran en la adolescencia, con todos sus miedos, temores ocultos, y las dificultades para demostrar que eres alguien y encontrar tu espacio. Como profesor, debemos intentar darles respuestas, y sobre todo, acompañarles.

–¿La enseñanza va más allá de la transmisión de conocimientos?

–La transmisión de conocimientos ya ha quedado atrás, porque pueden encontrarlo todo en la red. Debemos ayudarles a seleccionar la información y educarles para que crezcan como personas. Ese es el papel que debe tener la educación en el siglo XXI.

–Usted imparte lengua catalana y castellana, asignaturas ‘duras’, por así decirlo. ¿Cómo lograr que sus alumnos se enganchen?

–Por eso que dice yo me propuse en su momento que la materia fuera agradable, y no un tostón. Intento acercar los contenidos a su realidad para demostrarles que lo que les enseño tiene una aplicación en su día a día.

–Eso es muy fácil de decir en teoría. ¿Cómo se hace en la práctica?

–Sobre todo, escuchándoles para saber qué les inquieta, e intentar dar respuesta a esos conflictos que tienen como adolescentes. Y hay que sorprenderles, llevando a clase cosas de su día a día, como instagram, youtube o Fortnite, demostrando que con eso se puede aprender.

–Deme un ejemplo.

–Por ejemplo, con la lectura obligatoria del trimestre. Mi gran obsesión es contagiar el placer por la lectura. Convertimos al protagonista en un instagramer. Mediante publicaciones de instagram, ellos debían explicar su evolución a lo largo del libro. Fue muy emocionante porque lo pasaron bien y vieron que instagram tenía una función educativa que ni se habían planteado.

–¿Qué libro era?

–Era una lectura de Laura Gallego, de fantasía. Tenemos la obsesión de acercarles los clásicos pero lo primero que hay que hacer es demostrar que se pueden emocionar con un texto. Cuando lo hayan hecho, ya podrán emocionarse con Lorca, por ejemplo.

"El móvil es una extensión de nuestro cuerpo. La escuela que deja de lado a la sociedad se queda atrás”

–Uno de los riesgos que veo es que se convierta en un profesor colega.

–No defiendo una educación de colegueo, sino de confianza. Eso quiere decir que yo pongo unos límites, pero no desde el prejuicio o la condescendencia del adulto, sino desde el respeto. Una cosa es el autoritarismo, recurriendo al poder y la fuerza, y otra la autoridad que te ganas día a día desde la confianza y el respeto de tus alumnos.

–Usted trabaja en la concertada. ¿Cómo se encajan sus métodos en el sistema, que está muy reglado?

–Tenemos programaciones inmensas, creadas por un especialista con mucho cariño, sin duda, pero que olvidan qué le interesa a un adolescente. Como profesor, nuestro papel es seleccionar qué es importante y dar respuesta a sus problemas en el día a día. Eso se logra a veces saltándose la programación fijada. Por eso me considero rebelde.

–También es rebelde en otras cuestiones. Está a favor de los móviles en clase.

–Sí. Es una extensión de nuestro cuerpo, y si lo es para los adultos, también para los adolescentes. Además, como profesor me encuentro con conflictos surgidos en las redes que debo resolver en el aula. Siempre digo que una escuela que deja de lado a la sociedad presente se está quedando atrás.

–Y está en contra de los exámenes.

–Una nota obvia ese proceso vital que yo defiendo. Es más importante el camino que la meta. Y como todos mis alumnos son distintos, sus metas son también distintas. Parece que con un examen siempre hay que llegar al mismo lugar.

–¿Qué papel deben tener los padres en la educación?

–Yo pido colaboración. Cuando las familias contradicen al docente, contradicen al sistema.

–Eso abarca al pin parental, ¿no?

–La responsabilidad de los profesores es educar.Y nos tienen que dejar libertad porque lo hacemos con la convicción de que nuestros alumnos serán mejores ciudadanos, más felices y más tolerantes. El respeto se tiene que fomentar en las escuelas, porque a veces no se fomenta en las familias. Si tengo un alumno homosexual o ve una situación de desigualdad en casa entre el padre y la madre, tiene que sentirse respaldado en el aula.No sólo estoy en contra del pin parental, que me parece un eufemismo, sino del veto, que es una censura.

–Da clase en el Máster del Profesorado. ¿Qué recomienda a un futuro profesor?

–Que escuche a sus alumnos y no tenga miedo a equivocarse. Un profesor debe dejar el miedo atrás y tener la humildad de que muchas veces no funciona aquello que has preparado con todo el cariño. No es algo contra ti, sino que tus alumnos han cambiado y no lo has percibido

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