Córdoba-Deportivo de La Coruña | Crónica

Entre el poso y el pozo (1-1)

  • Un incisivo Córdoba rescata un punto en el descuento ante un Deportivo con nueve merced a un gol de Andrés Martín

  • Dani Giménez fue un muro ante el ataque, a veces alocado, local

Las imágenes del Córdoba-Deportivo Las imágenes del Córdoba-Deportivo

Las imágenes del Córdoba-Deportivo / Álex Gallegos

Está vivo. Y quiere seguir dando pasos hacia su recuperación plena. Aunque sea con angustia, con un punto de sufrimiento que pone a prueba los corazones más fuertes, el Córdoba está empeñado en demostrar que su sitio está en la Segunda División, aunque la clasificación ahora mismo lo tenga en el purgatorio que conduce a la B. Ante uno de los gallitos de la categoría, un recién descendido que está en disposición de volver por la vía rápida a la élite, los blanquiverdes rescataron en el descuento, de manera más que merecida, un punto con un gol de oportunista de Andrés Martín que, de momento, sólo le vale para ceder, quizás de forma transitoria (juega hoy) el farolillo rojo al Nàstic. Pero ese empate tiene más lecturas positivas. Por un lado permite al equipo de José Ramón Sandoval, que vuelve a sacar la cabeza de la guillotina, sumar por cuarto partido consecutivo en El Arcángel y, de paso, fundirse en un abrazo con una afición que pudo ver sobre el verde a un grupo incisivo, valiente y descarado que tiró de casta y fútbol, quizás no en la dosis adecuada, para salvar los muebles. Da igual que fuera ya sobre la bocina y ante un adversario con nueve jugadores, pues lo hecho hasta entonces ya hacía acreedor de esa mínima recompensa al menos a un CCF que se vio por debajo en el marcador a los dos minutos y se encontró un muro en la figura de Dani Giménez, al que curiosamente cuando menos y peor inquietó fue con esa doble superioridad numérica que sólo se tradujo en precipitación. Pero es que la situación empujaba a ello ante la cercanía del abismo.

Consciente de que la clave del partido pasaba por controlar la zona ancha, donde ese rombo que el Deportivo viene ofreciendo desde el inicio liguero le suele otorga el control, Sandoval agitó otra vez el once y el sistema, con tres relevos y el paso a un 4-2-3-1 con un doble pivote de perfil defensivo. La idea era que Vallejo y Bambock neutralizaran la salida gallega y las incursiones hacia dentro de Javi Lara dieran superioridad por dentro y facilitaran un pasillo exterior para Javi Galán. Pero todo saltó por los aires en el primer ataque visitante. Un balón a la izquierda para la subida del Saúl, un movimiento de arrastre de Carlos Fernández, el juego sin balón de Carles Gil y el magistral pase a la red de Quique pusieron en el minuto 2 al Dépor el mejor escenario posible a sus pies. Desde ese momento, los blanquiazules tiraron de poso, de saber estar, se replegaron y dejaron hacer a su rival, agarrándose a la sobriedad de Dani Giménez bajo palos.

Y el meta respondió a la perfección, pese a tener que multiplicar por mucho el trabajo que había tenido en las nueve jornadas anteriores. Porque si antes de la visita a El Arcángel apenas si había realizado 16 paradas, de Córdoba salió con una decena más en su haber, de todo tipo. Lo intentó Jaime Romero con una volea que el meta se quitó de encima, continuó Luis Muñoz con un tiro mordido que le obligó a estirarse junto al palo y acto seguido fue Quim Araujo el que estrelló un cabezazo franco en su cuerpo. Todo en un minuto. Pero hubo más. Javi Lara probó fortuna desde la frontal del área en un par de ocasiones para seguir dando forma a una ofensiva, con ciertos desequilibrios y más volcada al perfil zurdo que, sobre el papel, tampoco pareció inquietar demasiado a un Deportivo cómodo en ese rol de sometido, sobre todo hasta mediado ese primer acto.

Un córner en el 94’ hizo justicia a un CCF que atacó con cierto orden hasta verse ante nueve

Quizás era su manera de simular un letargo que abandonaba cuando era capaz de superar la primera línea de presión, otra vez adelantada –en El Sadar tocó repliegue en campo propio–, e hilvanaba tres pases seguidos con criterio. Porque entonces, el equipo de Natxo González daba siempre sensación de peligro, sobre todo con las subidas de Saúl y las caídas a ese mismo perfil de Gil, aunque a decir verdad tampoco es que se prodigara mucho. Es más, su siguiente llegada fue ya sobre el 45’ con una maniobra de Quique que desbarató la manopla de Carlos Abad para mantener el aliento de los suyos camino de los vestuarios.

Ante la falta de claridad mental y velocidad de ejecución evidenciada en los compases previos al intermedio, y con el marcador en contra, Sandoval se la jugó de salida refrescando el centro del campo con Aguado y Blati, dibujando un doble pivote mixto que casi daba paso a un 4-1-4-1. Un plan que tardó en funcionar, perdido en muchas imprecisiones en el pase que facilitaban las tareas sin pelota de los gallegos, que a punto estuvieron de abrir más la brecha tras un despiste –uno más– a la salida de un córner que propició el cabezazo solo de David Simón en el segundo palo; esta vez, por fortuna, el testarazo no encontró siquiera portería. El partido estaba cada vez más donde quería el equipo herculino, el único al que beneficiaba el paso de los minutos sin que nada pasara. Es más, Natxo protegió a Saúl, con una amarilla, dando entrada a Caballo, con la única idea de que ningún contratiempo torciera el guion sobre el que caminaba la batalla.

El Dépor pareció estar siempre muy cómodo y, a la contra, tuvo hasta tres veces la sentencia

Una situación que, lógicamente, no siempre se puede controlar desde el banquillo. Así, tras un libre directo de Javi Lara que Dani Giménez neutralizó con un vuelo a mano cambiada y una contra de Quique que Carlos Fernández acabó junto al palo, al Dépor se le empezó a torcer el plan. La lesión de Krohn-Dehli obligó a una sustitución que no entraba en la hoja de ruta y el movimiento a la desesperada de Sandoval metiendo a Andrés Martín por Loureiro para tirar atrás a Vallejo y poner un 4-4-2 con Lara y Blati al mando tuvo la mejor continuidad posible en la expulsión de Marí.

Era el momento del todo o nada, si bien el Córdoba dejó a un lado la cabeza que tampoco tuvo Borja Valle –siguió el mismo camino de los vestuarios por protestar– y decidió ir a tumba abierta pese a estar ante un rival con nueve que necesariamente dejaba huecos. Con todo, eso le bastó para que Aguado y Lara volvieran a dar trabajo al cancerbero visitante, aunque también facilitó que un simple saque de puerta mal medido por Luis Muñoz dejara en mano a mano a Carlos Fernández, que tiró arriba ante Abad. Perdonó el Dépor y eso permitió una última ocasión local, un córner en corto y un balón tocado por Piovaccari que le cayó a Andrés Martín para firmar unas tablas que no sacan al CCF del pozo, pero sí dejan un poso de optimismo para el futuro más inmediato.

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