Córdoba CF-CD Lugo | La Crónica Ya se puede tirar de la cisterna (0-4)

  • El Córdoba firma su sentencia con una actuación vergonzosa que se traduce en la goleada gallega

  • El mensaje cobarde lanzado ya desde el inicio tuvo continuidad con un carrusel de errores de bulto

Andrés Martín se desespera después de fallar una ocasión. Andrés Martín se desespera después de fallar una ocasión.

Andrés Martín se desespera después de fallar una ocasión. / Álex Gallegos

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Jesús León, Alfredo García Amado, Rafael Berges, por ese orden, ya pueden ir saliendo a dar la cara. No se escondan, que el cordobesismo sabrá medir sus responsabilidades tras este desastre de temporada, finiquitada con casi dos meses de antelación. Ya lo demostró entre la tristeza de ver derrumbarse a su equipo ante el Lugo, tras ver la camiseta manchada, cargando contra unos jugadores que no merecen seguir vistiéndola; también contra unos gestores a los que les ha salido el tiro por la culata y a los que ya se les ha acabado la cartilla de excusas. Ahora tendrán que salir para frenar el golpe, con valentía, o eso es lo que se espera. Porque de lo contrario, el futuro de la institución, con ellos al frente, será sencillamente insoportable. De momento es lo que se han ganado.

Tras el día más triste vivido en El Arcángel en mucho tiempo, su respuesta fue el silencio. Roto por los pitos y los cánticos de protesta de una afición que por fin sacó su lado crítico. Tras deslizar lindezas contra el presidente, despidió a los suyos con una bronca de aúpa, como no podía ser menos tras una actuación vergonzosa, infame, canalla, lejos de lo que se merece un club como el Córdoba. El equipo nunca estuvo cerca de competir a un rival directo y firmó su sentencia. Ya no se puede echar mano siquiera de la calculadora, porque sencillamente sería perder el tiempo. Sin la mínima actitud, sin las mínimas ganas, sin una chispa de amor propio es imposible pelear de tú a tú en el fútbol profesional. Pero hablar de eso a un grupo que ha optado por pasearse cada vez que ha saltado a un terreno de juego es una batalla perdida.

Y eso pareció desde el arranque el encuentro ante el Lugo. El mensaje que lanzó Rafa Navarro son su alineación ya no fue el mejor, porque repetir el plan del Mallorca teniendo enfrente a un equipo con el que compartes puesto en zona de descenso y que pasa por ser de los peores visitantes es cuanto menos cobarde. Pero más miedosa todavía fue la imagen con la que apareció el CCF, dejando la iniciativa al cuadro gallego, pertrechado en su medio campo, haciéndose pequeño ante quien es solo un igual.

Con esos ingredientes, la actuación fue de vergüenza ajena. Y eso que los blanquiverdes se jugaban la temporada, pero sería la de Juego de Tronos, porque la futbolística es difícil con lo poco que ofreció en el verde. Y poco es mucho. Un auténtico disparate. Queda claro que el técnico, al que se está demostrando que el banquillo de un equipo de Segunda le viene enorme, tampoco sabe hacer llegar los mensajes a sus jugadores. O estos no se quieren enterar, lo cual sería aún peor, aunque puestos a pensar, no sería nada extraño...

El Córdoba quedó a merced de su rival desde el arranque, con un planteamiento defensivo al que no supo dar la vuelta

Desde el inicio, el Lugo ya se mostró más incisivo. Monteagudo sabía que si salía valiente, pronto los nervios podrían hacer mella en su oponente, y vaya si leyó bien el partido. Se ve que sus libros son de una editorial más puntera que los que hay en la biblioteca de El Arcángel... Sin capacidad de dar dos toques seguidos, con el balonazo (no juego directo) como único recurso para quitarse de lo alto el peligro, no con la intención de asustar siquiera, no quedó más remedio que replegarse cerca del área y rezar para que las llegadas gallegas no dañaran. Algo imposible si tu entramado defensivo es lo más parecido a una madre, que te da lo que le pides, que siempre está dispuesta a echarte un cable.

Un primer intento de Tete, con la zaga flotando, dejándole pensar y armar la pierna como si estuviera en una ronda de disparos de un entrenamiento, abrió las hostilidades. Aunque luego se convirtió en un oasis, ese primer aviso albivermello tuvo respuesta, pero Andrés se quedó sin sitio para armar el disparo tras salvar a Juan Carlos bastante escorado. Pero el conjunto gallego ni se inmutó. Siguió a lo suyo, moviendo el balón, pero sabiendo que el Córdoba es habitual que se pegue el tiro en el pie cuando menos se espera. Y así fue una vez más. Luis Muñoz y Fernández perdieron una pelota que obligó a salir de zona a Chus Herrero, y con el esférico en poder de los visitantes, la transición fue letal: Josete a la carrera de Herrera, Lavín a media salida y Escriche la empuja.

Jaime Romero se lamenta mientras el Lugo celebra su segundo gol. Jaime Romero se lamenta mientras el Lugo celebra su segundo gol.

Jaime Romero se lamenta mientras el Lugo celebra su segundo gol. / Álex Gallegos

A las primeras de cambio, el resultado ya era el peor, sobre todo para un equipo que en ocho meses de competición ha sido incapaz de remontar un partido. Tampoco fue la excepción esta vez. Porque lejos de reaccionar, los blanquiverdes se empequeñecieron aún más, sumando pérdidas absurdas, persiguiendo sombras por todo el campo, sin tensión competitiva, sin capacidad para alzar la cabeza y mirar al peligro a los ojos. Aburjania se topó con el larguero tras el leve toque de Lavín, dando paso a una serie de llegadas tan claras hasta tres cuartos que hasta sorprendió a los lucenses, que eligieron dar algo de emoción al choque.

El Córdoba solo apareció durante unos diez minutos, aprovechando que su rival se dio un respiro. Un centro llovido de Piovaccari a las manos de Juan Carlos, un ataque largo de lado a lado culminado con un centro sin remate, unos saques de esquina y, por fin, una ocasión de gol, surgida casi de la nada, con Andrés recogiendo una pelota cruzada para luego estrellar su zurdazo en el palo. Pero esa fase de equilibrio duró un suspiro. Porque como si de una tómbola de feria se tratara, el CCF continúo regalando balones, encajando golpes (cabezazos de Josete y Escriche sin maldad) camino de un descanso al que se fue entre pitos.

Una banda sonora que también acompañó a Quintanilla al ceder el testigo a Aguado, del que Navarro prescindió en Elche por su actitud y que pasó a ser el primer remedio al caos. No venía a cuanto hacer la sustitución en el minuto 40, exponiendo públicamente al vasco. Como también sobró luego dar diez minutos de la basura, ya con todo decidido, a Javi Lara tras no contar con él en semanas precedentes. La otra opción tal vez fuera Araujo en su primera citación tras no querer irse en enero, pero es que la convocatoria ya era cuanto menos extraña, sin ningún delantero y con hasta cinco medios de perfil similar.

Lavín, desolado, en uno de los tantos del Lugo. Lavín, desolado, en uno de los tantos del Lugo.

Lavín, desolado, en uno de los tantos del Lugo. / Álex Gallegos

Pero volviendo al partido, o eso fue lo que vendió el Lugo, porque el Córdoba solo apareció, el segundo acto no fue mejor. Es más, llegó a ser peor. Porque con el marcador en contra y teniendo que dar alguna señal de vida, lo primero que el cuadro local hizo fue regalar el 0-2: Bodiger falló en el pase y a la hora de no cortar el avance de Lazo, y así dejó vendido a Muñoz, que se convirtió en espectador de lujo.

El descanso se hizo más largo para los locales, que en el 60’ ya iban tres goles abajo y ni así mostraron su orgullo

El escenario no podía ser peor... o sí. Especialista en dar una vuelta a todo, también para lo malo, este CCF quiso dar un paso adelante, y lo único que consiguió fue que Andrés probara otra vez a Juan Carlos sin éxito antes de que un envío lateral que toda la defensa vio pasar acabó con el 0-3 de Herrera. El minuto 60 y todo estaba visto para sentencia. Porque sin capacidad de reacción ni dentro ni fuera del verde, y con la afición profiriendo cánticos ofensivos a Jesús León y a los futbolistas, solo el orgullo y las ganas del joven Andrés se libraron del naufragio, aunque sus intentos se toparon con el palo y el pie de Vieira, provocando un córner del que nació el 0-4 final. El epílogo triste a "una temporada de mierda", como la catalogó luego en zona mixta uno de los capitanes, Alfaro. Y siendo así, lo mejor es que ya se puede tirar de la cisterna.

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