El Escáner | Jornada 4

El Córdoba CF, la presión y las expectativas

  • El conjunto blanquiverde culminó el primer mes de competición con dudas por el primer revés serio

  • Las urgencias deportivas convierten los resultados en el eje del análisis, por muy injusto que eso sea

Javi Flores y Alberto Espeso cierran el paso a Nuha Marong. Javi Flores y Alberto Espeso cierran el paso a Nuha Marong.

Javi Flores y Alberto Espeso cierran el paso a Nuha Marong. / Antonio L. Juárez

Al término del primer mes de competición y camino del primer fin de semana de parón competitivo en esta extraña temporada 20-21, el Córdoba CF vive su primer momento delicado de la temporada. El empate ante el Recreativo Granada del pasado domingo provocó las primeras críticas de la campaña y ha supuesto ya la primera piedra en el camino trazado hacia la lucha por el ascenso.

Más allá de los dos puntos perdidos ante el filial rojiblanco -más necesarios que nunca en una liga corta en la que cada punto cuenta un mundo-, las dudas levantadas en torno al conjunto blanquiverde se deben a la falta de contundencia mostrada por un equipo que aspira sin disimulos al ascenso. Los condicionantes del rival, en cuadro por el coronavirus -precisamente eje de una reclamación que debe conocer su resolución la próxima semana- y las necesidades de su primer equipo, no hacen más que ahondar en esa sensación de que el Córdoba tiró a la basura un triunfo que tenía que sumar sí o sí.

Una vez apagado el sofocón de ese tanto postrero de Nuha Marong que desnudó al equipo blanquiverde en la última jugada del partido, y a pesar de que son ya varias las sesiones de entrenamiento -la última en la tarde de este jueves con un partidillo entre los menos habituales y jugadores del filial y el juvenil-, los rescoldos que quedan tras el tropiezo en Granada muestran la evidencia de lo que será la temporada. Cualquier mínimo resbalón en el camino supondrá una seria amenaza a la estabilidad del grupo. El convivir con esa presión y alta exigencia es otra de las muchas tareas que Juan Sabas y sus futbolistas tienen que superar en un curso lleno de complicados retos.

Esas altas expectativas que convierten un empate en poco menos que una debacle no solo parten del entorno, a veces deseoso de que el equipo ofrezca la más mínima razón para abrir un cisma, si no que lo hacen principalmente desde el propio club. Cuando Miguel Valenzuela pasó balance al trabajo de la dirección deportiva en el mercado de fichajes mandó un mensaje muy claro: "El Córdoba CF tiene la mejor plantilla de Segunda B".

No se trata de quedarse con el sentido literal de esa afirmación, si no de ir un poco más allá para deducir de manera nítida dónde está el listón de exigencia para el técnico y los jugadores. El Córdoba puede no ser la mejor plantilla de la categoría, pero se le exigirá cada semana como si lo fuera. Así lo asume el club, que no esconde la urgencia por volver al fútbol profesional, y así deben verlo los que saltan al césped cada domingo.

El resultado, un impostor y única vara de medir

Desde ese punto de partida, es evidente que serán los resultados los que marquen el devenir de la temporada del Córdoba y el futuro inmediato tanto de su técnico como de los propios futbolistas. El club blanquiverde no vive ajeno a la realidad del fútbol, en la que el resultado se impone a cualquier consideración sobre el juego de un equipo, sus méritos o progresos.

Ganar está en el centro de la diana para cualquier equipo, pero en el caso del Córdoba no es solo una meta a perseguir, es prácticamente una obligación por esa necesidad imperiosa que tiene el proyecto de Infinity de despegar con fuerza y abandonar cuanto antes la deficitaria Segunda División B. Sin ir más lejos, Javier González Calvo, consejero delegado del club, informó el miércoles de que el presupuesto se irá hasta los 9 millones de euros, con una previsión de ingresos de 4,5 que deja las cuentas cojas.

Una vez asumida esa realidad, toca digerir también que cuando se colocan los resultados a corto plazo en el eje de un proyecto, los riesgos suelen ser altos. Hasta el minuto 94 del último duelo en Granada, el Córdoba era líder de la competición con diez puntos y había recibido un solo gol, con apenas tres o cuatro disparos contra su portería en los cuatro partidos disputados. Una simple jugada, el tanto de Nuha Marong, tumbó los números y varió radicalmente las sensaciones de un equipo que sigue bien colocado de cara a sus objetivos, pero que de momento no encuentra más asidero que los resultados.

Precisamente por esa vara de medir que son los marcadores, no deja de ser sorprendente el grado de acidez de las críticas que pueden leerse ya al trabajo de Juan Sabas. El técnico mantiene a su equipo invicto, con un balance muy similar al de los grandes candidatos al ascenso y números de equipo de la zona alta de la competición. Cabe esperar que desde el club, donde por fin están al mando hombres de fútbol con una trayectoria destacable, la lectura global sea algo más sosegada de las muchas que se pueden leer en las redes sociales, un territorio habitualmente hostil para el análisis reposado y la mesura.

Las dudas en el juego

Pese a que la situación en el Córdoba dista mucho de ser grave tras solo cuatro jornadas transcurridas, es evidente que el cuerpo técnico y la plantilla deben asumir un alto nivel de autoexigencia y acoger el golpe recibido en Granada como el aviso definitivo de lo que será el resto de la temporada. Ya antes habían llegado otros como el susto postrero del recién ascendido Lorca Deportiva en el estreno que, por suerte, no varió el 1-0, o el empate ante el UCAM Murcia, ahora líder del Subgrupo IV-B, en casa de una semana antes.

Porque pese a ser superior a los cuatro rivales con los que se ha medido en competición oficial, el Córdoba solo ha sido capaz de vencer a dos de ellos y tan solo en el partido del Yeclano mostró esa solvencia que se le presupone.

Asumiendo de partida que el equipo no está concebido para practicar un juego que sobresalga por su estética, sí que tiene mucho margen de mejora a la hora de dominar los partidos. No ya tanto con el balón, que también, si no principalmente en esos detalles que diferencian a los buenos equipos de los auténticos candidatos a todo.

La eficacia en ataque va ligada a rachas y al acierto particular de jugadores concretos, sobre todo los delanteros, pero ante el Recreativo Granada -que apenas lanzó entre los tres palos hasta su postrero gol- el tanto de Javi Flores debió bastar para hacerse con los tres puntos. El capitán, por cierto, tuvo luego varias para la sentencia llegando desde segunda línea, como también firmó la más clara ante el UCAM.

Pero cuando uno desperdicia esas ocasiones tan claras, pues ya ocurrió igual ante el Lorca, al menos hay que saber mostrar autoridad para no poner en riesgo los resultados. Dicho de otro modo, si con el juego desplegado no da para llegar al final de los partidos con un resultado holgado, el equipo debe mostrar más personalidad para amarrar los puntos. De momento, al primer parón son ocho que lo dejan segundo. Pero lo bueno es que hay margen aún para la mejora.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios