Córdoba

Los orígenes lucentinos de una luchadora

  • Mariana Pineda Aunque su historia siempre estará ligada a la ciudad de Granada, esta heroína tiene un pasado cordobés, ya que su madre era oriunda de la comarca de la Subbética

Los orígenes lucentinos de una luchadora Los orígenes lucentinos de una luchadora

Los orígenes lucentinos de una luchadora

Nació en Granada y era hija de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío de Granada y caballero de la Orden de Calatrava, que nunca se casó con María de los Dolores Muñoz y Bueno, de Lucena, mucho más joven y de origen humilde, de la que se dice que trabajaba como sirvienta en la casa de la familia Pineda. La pareja tuvo una primera hija en Sevilla, donde residió un tiempo, pero falleció al poco de nacer. Se trasladaron a Granada, donde vivieron en casas separadas, tuvieron una segunda hija, que fue Mariana, que vino al mundo el 1 de septiembre del año 1804. Después del nacimiento, la madre y la hija se fueron a vivir a la casa del padre, don Mariano, quien unos meses más tarde, a causa de la enfermedad crónica que padecía, firmó un documento por el cual otorgaba a la madre todos los derechos sobre la hija. Pero al poco tiempo Mariano denunció a su pareja por haberse apropiado de ciertos bienes puestos a nombre de su hija y María Dolores huyó de la casa común con la niña, siendo detenida y obligada a devolverla a su padre el 12 de noviembre de 1805. Tras la muerte de Mariano, cuando Mariana tenía dos años, pasó a la tutela de un hermano de aquel, que era ciego, soltero y tenía 47 años. Sin embargo, tras casarse con una mujer mucho más joven que él, traspasó sus responsabilidades de tutor a unos jóvenes dependientes suyos, José de Mesa y Úrsula de la Presa, a cuyo cargo quedó la menor a lo largo de su infancia. Cuando murió su tutor le legó a su propia hija parte de los bienes que le correspondían a Mariana por herencia de su padre, por lo que tuvo que pleitear durante toda su vida para que le fueran devueltos, aunque al parecer nunca lo consiguió.

Tras una infancia difícil a sus espaldas, se casó cuando tenía 15 años con Manuel de Peralta y Valle, 11 años mayor que ella, liberal, masón y próximo al círculo constitucionalista del conde de Teba. La boda se celebró en octubre de 1819 de forma sigilosa, en palabras de su principal biógrafa, Antonina Rodrigo, debido a la condición de hija ilegítima de Mariana. Al fallecer su marido en 1822, dejándola viuda con 18 años y dos hijos pequeños, continuó frecuentando los ambientes liberales en el contexto de la Década Ominosa (1823-1833) que siguió al Trienio Liberal (1820-1823) tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis. Incluso ya viuda acogió en su casa a liberales perseguidos.

La implicación de Mariana en un complot constitucionalista, descubierto en 1826, y en el que actuaba como intermediaria entre los liberales granadinos y los exiliados de Gibraltar, levantó las sospechas del alcalde de la ciudad, Ramón de Pedrosa y Andrade. Éste, que ejercía además el cargo de subdelegado principal de policía, había sido comisionado en Andalucía oriental por el ministro de Justicia, Tadeo Calomarde, para reprimir cualquier intento de alzamiento en favor de la Constitución de 1812. Detenida por las autoridades, Mariana Pineda fue sometida a juicio y posteriormente absuelta al alegar ignorancia del contenido de las cartas y otros documentos hallados en su domicilio.

Sin embargo, cuando en 1828 preparó con éxito la fuga de la prisión, disfrazado de fraile, de su primo Fernando Álvarez de Sotomayor, comandante del Ejército que había sido condenado a muerte por su implicación en el levantamiento de Rafael del Riego (1820), Mariana fue detenida bajo el pretexto de haber dado a bordar una bandera morada con la inscripción Ley, Libertad, Igualdad, que había de servir de enseña para un proyecto revolucionario.

Tras diversos intentos de fuga, uno de ellos disfrazada de anciana, y ante su negativa de delatar a sus presuntos cómplices, fue recluida en el convento de Santa María Egipciaca y, tras un simulacro de juicio, condenada a la pena máxima, garrote vil.

De nada sirvieron los alegatos que su favor dirigió un sector influyente de la ciudad a Fernando VII. La sentencia se cumplió el 26 de mayo de 1831 en el granadino Campo del Triunfo, a los 26 años. En 1856, tras haber sufrido varios traslados, sus restos fueron depositados en la cripta de la Catedral de Granada.

El expediente penal de Mariana Pineda fue robado a principios del siglo XX, aunque afortunadamente las piezas más importantes del mismo -la acusación del fiscal y el alegato del abogado defensor- habían sido reproducidos en un libro publicado en 1836, tras la muerte de Fernando VII, por su primer biógrafo y uno de sus amantes, el abogado José de la Peña y Aguayo, con el que tuvo una hija.

Casi de inmediato, la leyenda popular convirtió a Mariana Pineda en símbolo de las libertades y protagonista de romances de ciego. Silenciada durante los gobiernos absolutistas, ensalzada bajo gobiernos liberales y progresistas. En torno a su figura y partiendo del mito popular, Federico García Lorca escribió el drama Mariana Pineda, que se estrenó el 24 de junio 1927 en Barcelona, con decorados y vestuario de Salvador Dalí y con Margarita Xirgu en el papel protagonista. Mariana de Pineda fue una mujer de notable arraigo popular y que simboliza la lucha liberal constitucionalista del siglo XIX, tomando como punto de partida esa Constitución de Cádiz de la que en 2012 celebramos el bicentenario.

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