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El Campo de la Verdad

Por qué Rosa no puede fallar

  • Rosa Aguilar asume un altísimo riesgo ante sus vecinos plateando una Ronda Norte de máximos, que responde a las expectativas ni siquiera planteadas · Cerrar de esa manera la circunvalación de la ciudad va a ser un proyecto titánico que, dados los antecedentes, implica una promesa que sólo cabe cumplir

Afuerza de desengaños -narices, esto parece el comienzo de un bolero-, esta ciudad ha desarrollado una suerte de aversión al noble arte de la infografía. Del concepto realidad virtual, se destaca siempre lo virtual y rara vez lo real. El rollo de las maquetas, ya saben. Y es comprensible, a qué negarlo. La mejor forma de no llevarse un chasco es no hacerse ilusiones, que es la principal lección de cualquier niño con entendederas y sin posibles. La lista de cuestiones pendientes -o inexplicablemente retrasadas o impecablemente hundidas a mala fe- es tan evidente que cualquiera se la sabe de memoria, como la alineación del equipo de los amores en esa Copa de Europa que se lleva prendada en el alma. Son todos esos asuntos maravillosamente planteados en su inicio -proyectos de ciudad, les llaman- que se demoran por encima de lo razonable o se encuentran con problemas insalvables cuando llega el momento de pagar. Hablamos, colectivamente, con la experiencia que da el fracaso, lo que nos ha endurecido ante las esperanzas, nos ha debilitado ante los retos y nos ha convertido en pesimistas -u optimistas bien informados- ante el futuro, convirtiendo a los vecinos de esta Córdoba del siglo XXI en individuos un tanto derrotistas, escépticos e inasequibles al aliento.

Por eso Rosa Aguilar no puede permitirse el lujo de fallar con esa Ronda Norte tan personal. No puede. Porque no es sólo una carretera. Es la primera vez, la primera, que se plantea una obra pública por parte de la Junta de Andalucía -en realidad, de una institutión pública- sin tensión previa, respondiendo a todas las preguntas que pudieran surgir, completando las demandas ciudadanas (incluso las más nimias) desde el primer minuto, afirmando que el futuro dura mucho tiempo, sin escatimar recursos. Diciendo que esto es lo que esta ciudad necesita.

La propuesta realizada por la Consejería de Obras Públicas, tal y como se ha diseñado, tiene una enorme enjundia urbana, que merece las cinco columnas. Está a la altura del soterramiento del ferrocarril, de la recuperación del Guadalquivir, del Plan Director de la Mezquita-Catedral o de la ordenación del Casco Histórico. Tan alto ha puesto Rosa Aguilar el listón que fracasar, que diría Valdano, no es una opción.

La cuestión no sólo se reduce a las cifras, que los 187 millones de euros dan un poco de susto (por encima del aeropuerto, del Plan Renfe o del centro de congresos más caro posible). Obras Públicas ha asumido todos los riesgos, esos que sólo se solventan con dinero. El anteproyecto implica enhebrar una carretera de cuatro carriles, soterrada, de Oeste a Este, por una zona habitada y estrecha, entubando el canal del Guadalmellato, estableciendo nuevos nodos urbanos, rehaciendo actuaciones públicas milmillonarias -en pesetas- recién acabadas como el parque de la Asomadilla o la Ronda de Poniente. Incluso la gente más moderada que se dedica a esto se sorprende que la Junta no se haya guardado ni un recurso en la faltriquera, ni una propuesta a negociar sólo si alguien la reclama, ni un mínimo común denominador que permita ceder y quedar bien sobre la marcha. La propuesta es tan grande, tan completa, que sólo cabe empeorarla y no mejorarla.

Rosa Aguilar asume una opción de altísimo riesgo ante sus vecinos en una obra que recorre terreno minado. Lo hace además articulando un lenguaje nuevo en la Junta de Andalucía hacia la ciudad. El de los dos huevos duros. Hasta el socialismo local ha criticado entre dientes esa forma tan particular de quedar mal que tenían algunas consejerías cuando se trataba de inversiones públicas. A riesgo de ser injusto, porque se han producido nobles excepciones, daba la impresión de que lo que era fácil en otros lugares se convertía en elemento conflictivo aquí. Si ese es el lenguaje nuevo que trae el presidente Griñán, bienvenido y gracias, caballero.

La Ronda Norte es un proyecto tan grande y complejo que lo mejor es decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. A la Junta le va a costar muchísimo trabajo encontrar una empresa y un banco dispuesto a trabajar en esta nueva línea en la que la Administración abona con creces en 20 años lo que el privado tiene que pagar en tres. Existe una costumbre verdaderamente revolucionaria. Y es la de ser sincero, hablarle a la ciudadanía de los beneficios pero también de las dificultades. Si el anteproyecto dirigido por Pedro Rodríguez Armenteros es el punto al que se quiere llegar -independientemente de quién ocupe la cartera de Obras Públicas-, perfecto. Pero aunque tarde años, aunque salgan restos, aunque haya que sacarlo a concurso 30 veces y aunque se acabe el hormigón, este tipo de promesas sólo cabe cumplirlas.

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