Córdoba

Julio Anguita: "Que me guarden en el lugar donde se guardan a las viejas glorias"

Julio Anguita, durante una entrevista. Julio Anguita, durante una entrevista.

Julio Anguita, durante una entrevista. / Efe

Referente ético y político, Julio Anguita, fallecido este sábado 16 de mayo en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, regalaba en cada una de sus apariciones pensamientos y frases que ya han pasado a formar parte de la historia política de España.

En cada entrevista, en cada mitin y, en los últimos tiempos, en cada intervención que hacía relacionada con los movimientos sociales en los que se había implicado, mostraba su seriedad, elocuencia y magisterio dejando claro su ideario político, siempre a la izquierda. "Cuando me confieso comunista no tengo ningún complejo de inferioridad", aseguraba.

Estos son algunos extractos de entrevistas concedidas a El Día en los que se recoge la esencia del pensamiento de Anguita.

–¿Qué es un comunista?

–Desde tiempo inmemorial la humanidad ha tenido colectivos que han tendido a la estricta igualdad. Ahora bien, hay una inflexión, el comunismo de inspiración marxista, eso es otra cosa. Marx planteó que el comunismo era una visión científica en la medida en que no obedecía solo a pulsiones, a deseos de justicia, sino que se preparaba, se organizaba, se sistematizaba. Y a partir de ahí, Marx define el comunismo y su definición es la que me sirve: comunismo es todo el movimiento real que continuamente va superando contradicciones. Después están las aplicaciones de esa teoría a la realidad, donde hay de todo. Hay hechos gloriosos y horrores, pero como a todos. Cuando me confieso comunista no tengo ningún complejo de inferioridad.

-¿Se siente usted más político o más educador?

–No hay diferencia. Todo ser humano intenta proyectar a los demás sus vivencias y necesita comunicación. Todo ser humano es político. Los que dicen que son apolíticos o ignoran lo que son, o son unos farsantes y mienten. Otra cosa es el que es concejal o diputado o vive de esas cosas, pero el político con mayúsculas en el sentido griego, que es lo que estamos hablando, somos todos. Yo he compaginado ambas actividades, son dos caras de la misma moneda.

–¿Cuántos políticos estarían dispuestos después de ocupar cargos de responsabilidad nacional a pasar a vigilar un recreo?

–Los hay, eh. Voy a dar algunos nombres, como el de Leocadio Marín, del PSOE, que fue presidente de la Cruz Roja, consejero y  presidente de la Diputación de Jaén. Está Amalia Gómez y otros casos que no son tan conocidos. El propio Rejón ha vuelto a su clase. Eso es muy importante, volver a donde uno viene. Que el político tenga un modus vivendi, porque da la libertad de decir que se va y tiene mañana las patatas aseguradas.

–¿Los políticos de los primeros años de la democracia tienen algo que ver con los de ahora?

–Los que ejercíamos la función política en aquellos años entramos en política porque previamente teníamos ideas políticas. Yo era comunista y como consecuencia entré en política. Creo que ahora pesa más alcanzar el cargo que tener una ideología. La política no es un juego para políticos profesionales. Los tránsfugas no tienen ideología, sino intereses.

–Parece como si en España, tras la Transición, viviésemos un camino inverso al alemán, país reunificado en 1989. Nosotros parece que cada vez nos separamos más.

–Le diré una cosa que cuando la publique me lloverán bofetadas. En España sigue estando vigente la necesidad de cultura democrática y eso no sucederá hasta que el Rey pase por las urnas para ver si quiere monarquía o no. La Constitución de 1978 nadie la cumple, ni los poderes económicos, ni los políticos. Hay un ciudadano inviolable, el Rey, cuando la Constitución dice que todos somos iguales ante la ley. Hemos vivido en un montaje artificial. El franquismo serpenteando en las estructuras del Estado. En España el pensamiento generalmente ha estado proscrito. Todo esto se ha tolerado por unos medios de comunicación, sálvese el que pueda, al servicio del poder.

–¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?

–Eso es la teoría de los pollos. Si usted se come un pollo y yo ninguno, ambos nos hemos comido medio pollo. Aquí ha habido una sociedad a la que le han puesto como meta el despilfarro, la ostentación,el derroche, la improvisación. Ha vivido una minoría divinamente, unas clases medias bastante bien, pero ha habid omucho parado y mucho marginado. Los que se han forrado han sido los bancos y los que tenían mucho dinero. Esos sí han vivido por encima, gracias a lo que han ido robando, porque ésa es la palabra, robar.

–Supongo que Zapatero y Rajoy no le parecerán el Capablanca y el Alexander Alekhine de la política.

–Tengo una pobre impresión de ambos señores. Ambos consultan todo el día lo que dicen las imágenes, los gestos. No hay discurso de Estado, hay discurso coyuntural. Ambos me aburren bastante.

–Usted, como buen conocedor del comunismo y la izquierda, ¿dónde ve la clave del rápido ascenso de Podemos?

–El factor decisivo del cambio es ahora mismo la clase media. Hasta ahora, y desde el siglo XIX, esa clase media se encontraba cómoda y miraba hacia arriba, lo que ocurre es que los hijos de esa clase media no se están encontrando hoy con un horizonte. Yo con 22 años ya estaba trabajando, pero ahora mismo a los jóvenes, incluso a los titulados, el sistema no les sirve. Eso ha creado un grave problema en muchas familias que ahora mismo se encuentran enrabietadas, y de ahí se nutre Podemos y de ahí nace su fuerza tremenda. Y lo hace con un discurso no rotundamente claro, tampoco diría yo que ambiguo, sino con un discurso universal en el que se concentran todas las frustraciones y bajo un liderazgo fuerte.Esa frustración y que Podemos haya sido capaz de convertirse en la respuesta es lo que ha provocado un problema tremendo en el  resto de fuerzas políticas. Más allá de problemas de liderazgo que tengan, lo que padecen es un problema más grave, de identidad. Y por eso mismo no es una cuestión puramente electoral esto que estamos viendo, sino una cuestión de fondo que requiere una profunda reflexión para entender este proceso y buscar una solución que se antoja compleja. Porque puede que Podemos arrase en las próximas elecciones [las de 2015] pero y después qué. No se trata sólo de ganar. ¿Dónde está el núcleo organizado y potente que permite no solo que la gente vote sino que esté presente en la toma de decisiones? No hay que olvidar que Podemos no es lo mismo que Syriza, porque Syriza lleva muchos años construyendo en Grecia una alternativa. Aquí no va a ser fácil construir, porque en verdad estamos en el fin de una época. Incluso los sindicatos ya ni siquiera están y pasan los meses a la espera de sentarse con el presidente del Gobierno para firmar un papel.

–Si nos centramos en la política local, todavía escuecen sus palabras pidiendo que IU no saque su nombre en campaña...

–Aquello lo dije porque no estaba de acuerdo y porque, tirando de la jerga comunista clásica, soy muy contrario al culto a la personalidad. Ellos hablan de la Córdoba de Anguita. Y yo me pregunto: ¿qué es la Córdoba de Anguita? Supongo que primero habría que hablar del equipo de gobierno municipal que hubo allí, y también de gente  de la oposición. Habría que recordar el gran mérito de los concejales del Partido Socialista de Andalucía, o de los dos años en los que gobernamos juntos las cuatro  fuerzas políticas como un gobierno de concentración. Y tampoco hay que olvidar el gran trabajo del  funcionariado y lo bien que la gente respondió. Fue una época tensa, muy dura, pero es cierto que la Córdoba de hoy se ideó entonces.  Hablar de la Córdoba de Anguita, como si yo fuese la Claudia Schiffer de la política y sacándolo todo de contexto, no me parece bien. Aquello pasó, que lo estudien  los investigadores si quieren y a mí que me dejen. Que me guarden en el lugar donde se guardan a las viejas glorias.

–¿Cómo ve a la Córdoba de hoy?

–Apática, la veo apática. Es una ciudad muy especial, de labradores, romana, tallada en una piedra en la que se suele confundir la ignorancia con el senequismo. El cordobita es el peligro número uno de esta ciudad. Esa tendencia a quedarse indolentes, a no valorar lo que se tiene, lo que los mismos cordobeses construyeron,incluso a camuflar la ignorancia de forma más o menos sutil. De otra parte, eso sí, Córdoba tiene algo que me gusta mucho: que no le gustan las zalemas.  Lo que aquí funciona es lo directo. A la gente le gusta que se le hable con claridad incluso si se le tiene que decir algo duro, y eso es muy cordobés y me gusta.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios