Festival Flora 2019 Flora o el festival de los sentidos

  • Las intervenciones de la tercera edición del Festival Internacional de Flores completan el efecto visual con música, aromas y luces

'Trepidante', en la Casa Góngora 'Trepidante', en la Casa Góngora

'Trepidante', en la Casa Góngora / Juan Ayala

El Festival Flora llegó a Córdoba como una reinterpretación del concepto del tradicional patio cordobés. Tras tres ediciones comienza a ser una cita indispensable dentro de la programación cultural y un encuentro que compone la identidad de la celebración del otoño en la ciudad, a pesar de su carácter internacional por los artistas que realizan las intervenciones.

Prueba de ello son las colas que se podían ver en los accesos de los patios incluso antes del inicio oficial del festival. La mayoría de los asistentes portaban una cámara de fotos, o como mínimo llevaban el móvil en la mano para poder inmortalizar la imagen de cada obra, pero ni siquiera los mejores objetivos han sido capaces de capturar las sensaciones que se experimentan en cada recinto.

Y es que Flora 2019 es un festival en el que hay que poner, prácticamente, los cinco sentidos. Los artistas han creado espacios en los que el componente visual es esencial, dada la naturaleza del festival y el hecho de que la flor sea el componente principal. No obstante, en la mayoría de los casos, el olfato, el oído y a veces incluso el gusto juegan un papel importante para completar la experiencia que supone adentrarse en el mundo que la obra quiere mostrar.

El caso más claro en este aspecto es el de Constelación, del francés Thierry Boutemy, que puede ser visitada en el patio del Reloj del Palacio de la Merced. La protagonista de esta obra es una caja negra que tiene adherida su propia constelación. Dentro de la misma, una representación prácticamente onírica –que encajaría en el universo del cineasta David Lynch– de un cuerpo en suspensión en un juego de luces y sombras.

Acompañada de narcisos de otoño y trepadora, entre otros tipos de plantas, un sonido que recuerda al paso rápido del aire y un aroma a regaliz y menta que resuena incluso en el paladar, la obra transporta al público en un universo propio y cerrado.

'Constelación'. 'Constelación'.

'Constelación'. / Juan Ayala

Mary Lennox hace un trabajo similar, con sus diferencias, en el Palacio de Orive con Trabajo de campo. En este caso, la australiana aprovecha la luz y la apertura del patio para presentar una figura cubierta por un velo blanco que se sitúa en el centro del enclave.

Una composición prácticamente simétrica que se diferencia en dos mitades, lavanda y trigo, que para poder observar en su plenitud hay que entrar en el espacio que se crea bajo el velo, que confina el aroma de la lavanda que también se encuentra en el suelo y que se eleva hacia los espectadores mientras observan la altura de la obra y sus características en cada ángulo.

'Trabajo de campo' 'Trabajo de campo'

'Trabajo de campo' / Juan Ayala

Por su parte, la Casa Góngora acoge la intervención que tiene como título Trepidante y al colectivo Flor Motion como autores. Para acceder a este patio hay preparado un túnel en el que se hace un juego de luces y que está adornador con telas de algodón, que es el protagonista principal del patio.

Un torbellino de mimbre y algodón nace del suelo y llega hasta la primera planta, en la que hace uso de dos de sus ventanas para entrar y salir para reencontrares con el suelo. Además, el olor del algodón abierto se hace notar en el ambiente, emulando el de los campos de América, África o India de los que proviene esta planta.

'Trepidante'. 'Trepidante'.

'Trepidante'. / Juan Ayala

La intervención visitable en el Palacio de Viana es el resultado del trabajo de los tailandeses PHKA, que reflejan el tiempo en el Patio de la Capilla con Campo Estático. El trabajo conceptual de esta intervención presenta una composición de calas, cardos, lirios, claveles y otras flores que se agrupan según su color en una forma triangular.

En el vértice de arriba, las flores verdes ocupan el espacio más estrecho de la obra, y se van tornando en blancas, amarillas, naranjas, rojas y finalmente moradas conforme se amplían los límites de la figura. La intervención incluye un juego de luces y un mapa sonoro que complementan su imagen.

'Campo estático' 'Campo estático'

'Campo estático' / Juan Ayala

Finalmente, Lisa Waud ha transformado parte del patio del Museo Arqueológico en un Museo de la memoria botánica. Para acceder a la obra principal es necesario transitar por un preludio en el que se encuentran diferentes elementos construidos con las plantas como base. Así, se pueden ver capiteles, cuencos o la proa de nave romana cuyo único material son plantas y flores que imitan sus formas.

En la zona principal del patio, el público encuentra la imitación de una sala de exposición en la que se encuentran imitaciones de patios cordobeses con todos sus elementos: sillas, paredes con maceteros y abundancia de plantas, aunque sustituye la variedad de colores de los patios locales por un verde predominante.

La estadounidense plantea un futuro en el que la única forma de conocer esta tradición, reconocida por la Unesco, y todas las costumbres que la acompañan es a través de la exposición de recreaciones en museos.

'Museo de memoria botánica' 'Museo de memoria botánica'

'Museo de memoria botánica' / Juan Ayala

El Festival Internacional de las Flores arranca su edición de 2019 con una buena acogida por parte de un público, que ya en el primer día se ha acercado en grandes grupos a conocer las propuestas que albergan estos rincones históricos de la ciudad.

El encuentro plantea mejoras en su accesibilidad, con la instalación de rampas en todos los patios. Además, las obras serán grabadas en vídeos de 360 grados que permitirán acercar las intervenciones a través de la realidad virtual a personas que no puedan asistir.

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