Córdoba

Los médicos detectan en Córdoba alrededor de 80 casos de enfermedad inflamatoria intestinal cada año

  • La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn son las más comunes entre las personas afectadas

El especialista del Hospital Cruz Roja José Luis Domínguez. El especialista del Hospital Cruz Roja José Luis Domínguez.

El especialista del Hospital Cruz Roja José Luis Domínguez. / Laura Martín

Dolor abdominal, náuseas, fiebre, pérdida de peso y sangrado rectal son algunos de los síntomas de la enfermedad de Crohn, una patología que se engloba dentro de las enfermedades inflamatorias intestinales (EII) cuyo día internacional se celebra este domingo. En los últimos años la incidencia de la EII ha ido en aumento.

Tanto que en Andalucía se diagnostican unos 15 casos al año por cada 100.000 habitantes. El especialista en Aparato Digestivo del Hospital Cruz Roja José Luis Domínguez señala que “extrapolando esto a Córdoba, podrían ser unos 80 casos nuevos”. “Cada vez habrá más enfermos que son crónicos, para toda la vida, y nunca dejarán de tener un seguimiento y tratamiento especializado”, añade.

La EII consiste, como indica su nombre, en una inflamación de todo el tubo digestivo que puede afectar desde el esófago hasta el ano. Es crónica, lo que significa que la afectación dura muchas semanas y sigue una evolución.

Lo común es que aparezcan entre los 16 y los 40 años, aunque hay también ancianos y niños afectados

Domínguez explica que la causa es desconocida a día de hoy, pero sí que hay una predisposición genética en algunos enfermos y, ante un determinado estímulo, como puede ser un cambio en su flora intestinal o cualquier otro factor que aún está por descubrir, se activan las defensas del enfermo y atacan la mucosa del intestino, por lo que es una patología autoinmune.  Dependiendo del tipo de enfermedad se puede inflamar el colon, dando lugar a la colitis ulcerosa; o el intestino delgado y el colon, como ocurre con la enfermedad de Crohn.

El especialista del Hospital Cruz Roja aclara que realmente hay más tipos de EII, aunque los dos mayoritarios son los citados. En ocasiones su sintomatología es muy parecida, incluso hasta el tratamiento puede ser compartido, pero cada una tiene sus peculiaridades.

“Uno de los síntomas más comunes de la colitis ulcerosa es el sangrado en la caca con mucosidad y Crohn sin embargo suele debutar con presencia de diarrea y dolor abdominal, no tanto con sangrado a no ser que se hayan formado grandes úlceras”, apunta el doctor. Además, tienen características diferenciales no solo por síntomas sino también por imágenes endoscópicas.

Respecto al diagnóstico, al principio los síntomas se pueden identificar con cualquier otro tipo de enfermedad “más banal”. “Es decir, una enfermedad de Crohn en sus inicios, que suele ir con dolor abdominal y diarreas se puede confundir con cualquier patología que provoque eso, desde intolerancias alimentarias a colon irritable”.

Sin embargo, con la evolución del enfermo ves que esto se cronifica, no mejora y empieza a tener otro tipo de factores como anemia, fiebre o pérdida de peso, lo que te pone en alerta”, señala el especialista en Aparato Digestivo.

Un factor determinante para la aparición de la enfermedad de Crohn es el tabaco

Lo más común es que aparezca entre los 16 y los 40 años, pero tampoco es excepcional encontrar enfermos más adultos e incluso ancianos y niños. La EII no se puede prevenir aunque sí controlar algunos factores de riesgo.

Como tiene una base genética (aunque no es hereditaria), “los familiares de enfermos con EII tienen muchas más papeletas de padecerla”. Además, el especialista indica que en el Crohn uno de los factores determinantes para su aparición es el tabaco, tanto para su prevención como mientras se está tratando.

Esta patología cursa por brotes (hay momentos en los que el paciente no tiene síntomas y otras veces la enfermedad se hace más aguda y aparecen el dolor, diarrea, sangrado…) y no tiene cura.

“Lo que intentamos es que el enfermo lleve una vida lo más normal posible, con el menor número de crisis”, añade Domínguez. La vida del paciente cambia dependiendo del grado de afectación: no es lo mismo tener un grado leve y bien controlado a uno grave en el que incluso hay que recurrir a cirugía para extirpar el segmento de intestino inflamado. Esta es la última opción ya que el intestino es una víscera vital: “se puede vivir sin colon, pero no sin intestino delgado”.

Hay diferentes tipos de tratamientos. En un primer escalón se suelen usar antiinflamatorios y corticoides, en el siguiente inmunosupresores y, por último, están los tratamientos biológicos, que son los más modernos.

Con ellos se intenta actuar sobre una parte específica de las defensas que se han rebelado y de esa forma se controla la inflamación. A día de hoy la mayoría de estos medicamentos son inyectables, pero están apareciendo algunos en comprimidos.

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