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La Gloria de San Agustín Cambio climático

  • Al final, ya verás tú, acabamos comiendo caracoles en Nochevieja, uno por cada campanada

Vasos de caracoles en un puesto. Vasos de caracoles en un puesto.

Vasos de caracoles en un puesto. / Lolo Agredano

Yo no sé ya si es que no nos acordamos o que esto es nuevo, la cosa es que yo no recuerdo un mes de febrero con estas temperaturas, que a este paso tenemos el verano en marzo, y no creo que me esté equivocando, si seguimos así. Y es que desde el miércoles hace mucho, pero mucho, calor, una cosa bárbara, y el problema es que por la mañana, temprano, sigue haciendo rasca, y pasamos del abrigo a la manga corta en un abrir y cerrar los ojos, casi sin darnos cuenta.

Ya ves tú, cuándo se ha visto quitar las mantas en febrero, nunca, pues eso es lo que tuvimos que hacer la semana pasada porque ya no podíamos dormir por la noche de la calor que estábamos pasando, una cosa mala, pero que nadie se extrañará de lo que estoy contando, porque todos lo hemos vivido, de una manera u otra. Yo no sé si es que no tenemos memoria o que será verdad eso que están diciendo, de que ya mismo vamos a ver pingüinos en el río, porque las temperaturas van cada vez van más para arriba.

Y eso tendrá un límite, digo yo, que todo tiene un límite, hasta el tornillo más largo, llega un momento en el que se le acaba la rosca, claro. Espero que este año, por lo menos, se pare ya la cosa, porque tampoco quiero imaginar yo un verano que empieza en marzo, que eso puede ser la muerta a pellizcos, y hasta puede que me quede corto. Que cada cosa a su tiempo, como se suele decir, que cuando se abusa de algo, hasta de lo más bueno, nos acabamos aburriendo, que eso es así.

Seguro que este año no se extraña nadie de que en Córdoba seamos los primeros con los caracoles, que ya están puestos los quioscos en las plazas y en las calles. Este año seguro que nadie nos dice nada, que yo sé que otros años más de uno y más de una se han quedado muy sorprendidos. Yo, sin llegar a eso, este año voy a esperar un poquito, una semanita o dos, a que se caldee la cosa y que engorden un poquito los bichos, que los primeros del año pasado fueron para quitarme la agonía, pero no porque me gustaran especialmente, eso también es verdad.

Pero con la que está cayendo, tampoco quiero decir nada más, que lo mismo me planto hoy, vaya que se acabe esta primavera de dos días y nos llegue el verano la semana que viene, que al paso que vamos tampoco me extrañaría de nada. Al final, ya verás tú, acabamos comiendo caracoles en Nochevieja, uno por cada campanada, ahí dejo la idea, que tampoco me extrañaría tanto.

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