Andalucía

El PP aspira a ser 'quercus'

  • Los populares cambian el logo de la gaviota por una encina, "por lo que aguanta", para la convención de Sevilla

Fernando Martínez Maíllo, ayer en la sede del PP, con el logo de la convención de Sevilla. Fernando Martínez Maíllo, ayer en la sede del PP, con el logo de la convención de Sevilla.

Fernando Martínez Maíllo, ayer en la sede del PP, con el logo de la convención de Sevilla. / mariscal / efe

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Sevilla siempre le ha traído suerte al PP. Si fue en la ciudad andaluza donde Aznar despojó al partido de las siglas de AP en la antesala de sus victorias, la última convención nacional que este partido celebró en Sevilla fue en enero de 2011, meses antes de que Mariano Rajoy ganase sus primeras elecciones generales. Por mayoría absoluta. En aquella ocasión, la gaviota popular volaba sobre la espuma de las olas y el único nubarrón era el del perpetuo mal humor de Aznar con quien él designara como sucesor. Ahora, en las vísperas de esta nueva reunión, del 6 al 8 de abril en Sevilla, el PP es otro partido. Por primera vez desde los únicos tiempos de la UCD, otro partido de centroderecha está en condiciones de quitarle el liderazgo. El logo de la gaviota ha cambiado para la ocasión, será una encina. "Por lo que aguanta", explicó ayer su coordinador general, Fernando Martínez Maíllo.

La encina pertenece al género Quercus, la familia arbórea por excelencia de la Península Ibérica, aunque según contó Maíllo, la razón de la elección es que es un árbol fuerte, que resiste y que tienen raíces extendidas por todo el territorio. En efecto, esto es lo que le falta al partido de Ciudadanos: su red territorial. A diferencia de los naranjas, los populares gobiernan en varias comunidades y, sobre todo, en muchos ayuntamientos, fruto de una estrategia que viene de hace tres decenios, cuando la Alianza Popular heredera de los reformistas más melancólicos se transformó en el gran partido de la derecha. Cuando Rajoy inaugure la convención el próximo 6 de abril, allí estarán todos los candidatos a las grandes ciudades andaluzas, todos rostros conocidos, a excepción del malagueño Francisco de la Torre. Ciudadanos es un riesgo real para el liderazgo popular.

Por primera vez desde los tiempos de UCD, dos partidos de centro y derecha compiten

Tras la victoria en las elecciones catalanas, los de Albert Rivera han virado hacia el electorado de derecha con un discurso aún más nacional que el del PP y con mayores promesas de rebajas fiscales. La mayor parte de los sondeos indica que ninguno de los tres primeros partidos pasará de los cien escaños, por lo que están condenados a llegar a acuerdos de coalición, pero algunas encuestas, como la de La Vanguardia del pasado fin de semana, le da la victoria en votos a Ciudadanos.

Sevilla supone, por tanto, el inicio de una carrera electoral que el PP querría que fuese de remontada. Los dirigentes del PP no esconden el desconcierto que hay en la formación ante la subida de Ciudadanos y la falta de visión de la que han hecho gala ante las manifestaciones feministas y de los jubilados. Sólo el debate de la prisión permanente revisable les ha dado algo de oxígeno. No es casual que Javier Arenas, el único de los veteranos dirigentes que queda junto a Rajoy, vaya a dirigir en la convención una mesa sobre libertades y seguridad; es decir, la de la prisión permanente, en peligro por la moción de Podemos que apoyan los socialistas y el resto de partidos menos Ciudadanos.

Después de hacerse cargo de un país bajo amenaza de intervención, Mariano Rajoy puede presentar un balance económico que no es malo, al menos no tan malo como las movilizaciones populares dan a entender. España crece a un buen ritmo, crea medio millón de empleos al año y aún puede seguir así, al menos, hasta 2025. Pero a Rajoy le pesan dos hechos: la salida de la crisis ha provocado mayores diferencias sociales, porque la ganancia de competitividad de España se ha hecho a costa de una rebaja salarial y de un empeoramiento de la calidad del mercado laboral, y la formación no ha podido sacudirse los casos de corrupción, que llegan hasta la misma sede de Génova. Su gestión ante la crisis catalana no es de suspenso, ha evitado lo peor, pero Cataluña es hoy un terreno baldío para los populares y sin esta comunidad es muy difícil ganar unas elecciones.

Ante esta situación crítica para el PP, Mariano Rajoy es el único que posee la llave para el cambio de escenario: el adelanto electoral. El 27 de marzo, el Consejo de Ministros aprobará un Presupuestos de 2018 claramente expansivo, con aumento de sueldos a los funcionarios, a los policías y guardias civiles, y con algunas rebajas fiscales; entre éstas, la de la pensiones más bajas. El cuadro es el de unas elecciones, pero el PP podría fracasar en su intento de aprobar las cuentas. Si fuese así, no tendría más remedio que acudir al adelanto y forzar los mensajes para culpar a la oposición de ello. Si logra que Ciudadanos le apoye, sólo le faltará el PNV, cuyos problemas con el PP son sólo de cierto compañerismo nacionalista con los secesionistas catalanes.

Mientras el artículo 155 esté vigente, el PNV no aprobaría el Presupuesto, pero ahora parece que es Puigdemont y los de su lista quienes más están colaborando a la permanencia del artículo. ¿Va a sacrificar el Gobierno vasco unas cuentas que son de escándalo (buenas) por seguir respaldando a los fugados de Bruselas?

De las cuatro mesas de debate que habrá en Sevilla, una es la mencionada de Javier Arenas, y la otra la llevará la catalana Andrea Levy sobre el asunto nacional. La firmeza de Ciudadanos con el 155 le ha permitido sacar ventaja al PP en un tema que le era propio. Pablo Casado y Javier Maroto dirigen las otras dos mesas: sobre tecnología e igualdad. "Contigo crece España" es el lema escogido para la convención.

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