Manual de disidencia
Ignacio Martínez
Sudoku samurai 2
LA alegría por el acceso de Córdoba a la última fase en el proceso de designación de la Capital Europea de la Cultura en 2016 ha dado paso a una nueva etapa anímica en la que, si bien se mantiene un sentimiento de satisfacción por tan importante avance, una cierta inquietud ha ido tomando cuerpo en la ciudad como consecuencia de la asociación de distintos elementos. Uno de ellos es la implicación de la Junta de Andalucía en el proyecto, que a día de hoy, tras la catarata de declaraciones y promesas (incluida alguna notable metedura de pata) de las últimas semanas, sigue generando confusión y deja entrever las carencias en la estrategia de coordinación institucional para impulsar la candidatura. Se sabía que a partir de la primera criba los plazos son muy reducidos y hubiera sido conveniente realizar con antelación los planteamientos pertinentes para que a partir del 30 de septiembre la hoja de ruta estuviera clara. El informe del jurado, por otra parte, pone de manifiesto las carencias y fisuras de un proyecto que no tiene nada ganado de antemano. Embarcada en una exigente competición técnica, la candidatura cordobesa debe solventar las debilidades señaladas al tiempo que elabora su propuesta de contenidos (programas y financiación) para el año de la Capitalidad Cultural. Un trabajo enorme que debe estar acabado en abril. La Fundación Córdoba Ciudad Cultural tiene que reunirse sin más demora para analizar el informe, trazar el calendario de los próximos meses, definir objetivos y recursos y reforzar una unidad institucional que resulta imprescindible para llegar a buen puerto. Igualmente, podría plantearse que la disociación entre Fundación y Oficina de la Capitalidad genera una dispersión de esfuerzos, sobre todo económicos, que no deberíamos permitirnos. Los meses decisivos que se avecinan van a coincidir con el inicio de la precampaña para las elecciones municipales de 2011. No está de más recordar que Córdoba 2016 es un proyecto de ciudad y que cualquier intento de politizarlo es restarle posibilidades de éxito. El último capítulo en este largo proceso es el más relevante y el que requiere mayores dosis de inteligencia, solvencia y responsabilidad.
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