La aldea de Córdoba cuyo nombre es más 'granaíno' que el Sacromonte
Se conservan aún restos del Castillo de Zambra, en la cima de un monte cercano, de época árabe
El valle secreto de Córdoba que se convierte en espejo entre el cielo y la tierra
La aldea de Zambra, en Rute, no sólo es un desconocido y bellísimo destino de la Subbética. También tiene un nombre curioso y que traslada al imaginario colectivo a tierras granadinas. Sin embargo, son más de 100 kilómetros los que separan esta aldea de la capital nazarí.
Y es que según la Real Academia de la Lengua, la semántica de este vocablo es bastante amplia y compleja, pues se refiere tanto a la "fiesta que usaban los moriscos, con bulla, regocijo y baile" como a la "fiesta de los gitanos del Sacromonte, en Granada, España, semejante a la zambra de los moriscos"
Zambra se articula dos núcleos diferenciados de población conocidos como El Barrio (zona alta), en la falda de la montaña y El Prado (zona baja), junto al río Anzur.
Las primeras referencias sobre Zambra datan de la época romana. Por aquel entonces era conocida como Cisimbrium. De la época árabe aún siguen en pie restos del Castillo ubicado en la cima de un monte cercano, concretamenre dos torres y una sala abovedada.
En la zona alta de la localidad está la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, patrona de Zambra. Sus fiestas se celebran en octubre. Y para quienes tengan más ganas de jarana siempre pueden hacer una escapada en agosto con ocasión de las celebraciones en honor a la Virgen del Carmen. Sin desmerecer tradiciones tan entrañables como la de los aguilanderos, que llenan de cánticos típicos las noches de Navidad.
Y es que Zambra se descubre sin prisas, casi por casualidad. No es un destino que aparezca en los grandes circuitos de viajes, pero sí se quedan en el corazón de quienes la visitan.
Una aldea con raíces profundas
En época andalusí, Zambra fue un asentamiento integrado en una red de pequeños núcleos agrícolas. Así pues, su nombre, con raices árabes no es casual. Ya en plena Reconquista la aldea siguió siendo un destaco enclave rural, la vida de cuyos habitantes continuó ligada a la tierra y a los ciclos del campo.
Esa herencia árabe se percibe también en en sus calles, que se caracteriza por un trazado irregular y muros gruesos.
Y a nivel paisajístico, la aldea se integra de forma natural en el paisaje de la Subbética cordobesa: una sucesión de colinas suaves, olivares inmensos y una luz que varía a lo largo del año. Sus alrededores son ideales para perderse y reencontrarse paseando entre caminos rurales.
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