Los Pedroches
  • La sexta generación de maestros chocolateros pozoalbenses prepara el lanzamiento de nuevos productos tras revivir la marca

Hipólito Cabrera, el chocolate artesanal que marca a seis generaciones en Pozoblanco

Hipólito y María Jesús Cabrera muestran los chocolates de la saga familiar. Hipólito y María Jesús Cabrera muestran los chocolates de la saga familiar.

Hipólito y María Jesús Cabrera muestran los chocolates de la saga familiar.

Sánchez Ruiz

Escrito por

· Rosa G. Aperador

Redactora

No hay ningún secreto, solo pasión. Una pasión compartida por seis generaciones dedicadas a la fabricación de chocolate artesanal desde 1837, cuando Demetrio Cabrera comenzó a elaborar sus chocolates bajo la marca Hipólito Cabrera. Un nombre que, como su chocolate, ha ido pasando de generación en generación en los varones, hasta que en 2004 definitivamente echó el cierre su fábrica en la calle León Herrero de Pozoblanco.

Tuvieron que pasar 13 años desde aquel momento para que los nietos del último Hipólito Cabrera decidieran rendir homenaje a su “abuelo chocolatero” y retomaran la marca y la elaboración de los chocolates de la familia, fieles a cada uno de los detalles que los hacían un producto único que sigue presente en la memoria y los paladares de Los Pedroches. Porque, aunque los chocolates de Hipólito Cabrera se vendieran por toda España, incluso abasteciendo en algunos momentos a la Casa Real, es en el Valle donde existe esa memoria colectiva compartida de aquellas meriendas de antaño con pan y chocolate.

Ahora son sus nietos, María Jesús e Hipólito Cabrera, los que han retomado la fabricación artesanal del chocolate, con una declaración de intenciones muy clara: “No alterar ni uno de los productos del abuelo,  y rendirle homenaje a la que fue su vida y su pasión, el chocolate”. “No voy a entrar en cadenas de producción que me obliguen a alterar el chocolate de mi abuelo, quiero seguir haciendo el mismo chocolate de siempre”, sostiene, tajante, María Jesús.

Tal es la fidelidad a la marca original que, además de seguir usando los moldes originales de las tabletas, con un tamaño propio, se siguen manteniendo las cajas originales, con el mismo troquelado, donde se incluyen las medallas y premios que recibió el chocolate Hipólito Cabrera en estos casi dos siglos de vida. Tan solo se han permitido una licencia, incluir una frase en su caja, dejando claro cuáles son sus intenciones: “Hay sabores que nos transportan al pasado y recuerdos que pueden volver a ser un presente. Disfrútalo”.

Hipólito y María Jesús Cabrera muestran los chocolates de la saga familiar. Hipólito y María Jesús Cabrera muestran los chocolates de la saga familiar.

Hipólito y María Jesús Cabrera muestran los chocolates de la saga familiar. / Sánchez Ruiz

Y el objetivo se ha cumplido, porque con el lanzamiento de las tabletas de chocolate han sido muchas las personas que se han trasladado a momentos de su infancia, cuando una onza de chocolate era un manjar, un premio, un momento esperado en las familias.

La idea inicial de los nietos de Hipólito Cabrera fue la de crear un museo del chocolate en la fábrica original, situada en la primera planta de la vivienda familiar de la calle León Herrero, en Pozoblanco. Sin embargo, los inconvenientes de las barreras arquitectónicas y los accesos hicieron inviable esta primera idea, un homenaje compartido por dos de los nietos que no querían dejar en el olvido esos recuerdos en la casa del abuelo, donde el olor a chocolate con un toque de vainilla les sumergía en otro mundo, donde vivieron de primera mano la pasión de su abuelo por su chocolate, que era su vida. Y en esa primera planta descansa la maquinaria mastodóntica que con el esfuerzo de la familia consiguieron adquirir para continuar con la tradición familiar de elaborar el chocolate por excelencia de Los Pedroches.

La cafetería El Abuelo Chocolatero

La cafetería El Abuelo Chocolatero se planteó como opción a ese museo imposible, como un punto de venta en el que se comenzó a ofrecerse el chocolate en polvo como primer producto recuperado de la empresa familiar, que en algún momento de su historia también elaboró caramelos y café. Pero la gran demanda y atención que requería hizo que se perdiera la idea primitiva de rendir homenaje al chocolate del abuelo. Así que decidieron cambiar de estrategia y comenzar a elaborar, además del chocolate en polvo, las tres tabletas de chocolate Hipólito Cabrera: Bombolín, Intenso y Con Leche.

Y sucedió lo inevitable, que el recuerdo del chocolate en la memoria de quieres lo saborearon en su infancia hizo que los sentidos se pusieran de acuerdo y quisieran revivir ese momento de saborear, oler y tocar esa onza de chocolate que tanto gustaba y tanto gusta.

Días previos a la Romería de la Virgen de Luna de Pozoblanco en febrero de 2020, todos los pozoalbenses querían llevar entre sus viandas la merienda típica de la infancia: pan con chocolate Hipólito Cabrera. Las redes sociales, el boca a boca y los recuerdos hicieron el resto. María Jesús Cabrera reconoce que en ese momento todo se desbordó, no podían producir la demanda que suscitó el relanzamiento del chocolate. Fue una sorpresa, una emoción contenida y un sueño hecho realidad.

Ambos nietos, acompañados por su padre Hipólito, recuerdan con emoción ese momento, porque fue entonces cuando entendieron que su deseo, su sueño compartido de rendir homenaje a padre y abuelo, se hizo realidad. Y con emoción contenida quieren creer que “desde allí arriba, mi abuelo se sentiría orgulloso de que hayamos convertido la pasión de su vida en la nuestra”.

Son muchos los recuerdos que comparten de la fábrica. Hipólito recuerda cómo ayudaba a su padre en la línea de enfriar colocando las tabletas producidas antes de pasar a la envoltura con papel de estraza, una tarea que realizaban las casi 30 mujeres que trabajaban en la fábrica.

Reconoce también Hipólito la dificultad que entraña el mantener viva una empresa familiar tras seis generaciones, máximo cuando está comprobado que en la tercera generación es cuando comienzan a desvanecerse. Y la vida quiso que con su generación se viviera un impasse en la fabricación de chocolates, cuando su carrera profesional discurría por otros lares. Pero no pudo sino apoyar y creer en el sueño de sus hijos María Jesús e Hipólito, en su empeño por recuperar el chocolate del abuelo. Unos hijos que, preguntados por sus recuerdos en la fábrica, solo pueden acertar a decir “el olor a chocolate”, como si fuese la clave mágica que los transporta al pasado.

Y volviendo al presente, con una fábrica nueva en la calle Cristóbal Colón, donde ellos dos, mano a mano, producen todo el chocolate que sale al mercado, demuestran que están reconquistándolo poco a poco, con pasos seguros al frente, sin tener que volver a atrás, continuando con los cuatro productos estrella de la marca, que se venden en distintos Cash de Andalucía, además de los supermercados y tiendas de barrio de Pozoblanco y Los Pedroches.

Aunque no tienen una meta comercial fijada, sí tienen claro que seguirán siendo fieles a los productos de su abuelo chocolatero. Tan solo dejan caer que están trabajando en el lanzamiento de tres nuevas líneas donde la fruta estará presente, que no son nuevas, porque son aquellas que en su día lanzó su abuelo. Tienen claro que ellos serán los que elaboren con sus propias manos todo el chocolate que salga al mercado, al igual que hizo su abuelo, y los abuelos de su abuelo...

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