Funeral por las víctimas del accidente de trenes de Adamuz: Cuando los ángeles lloran
El obispo de Córdoba recuerda a los pasajeros de los trenes y sus familias y ha comparado a los vecinos con el buen samaritano
Las imágenes de la misa funeral en Adamuz por las víctimas del accidente de tren
Una repleta caseta municipal de Adamuz ha vivido un emotivo recuerdo y homenaje eucarístico a las víctimas del fatídico accidente ferroviario del pasado domingo, presidido por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, justo en ese lugar que hace una semana se convirtió en un hospital de campaña tras el siniestro.
La expresión cuando los ángeles lloran simboliza un profundo dolor, luto, tragedia o la pérdida de la esperanza ante situaciones angustiosas, prematuras. Y, como si los ángeles llorasen, del cielo no han parado de caer en Adamuz lágrimas en forma de lluvia fina en los prolegómenos de esta misa funeral en la que el obispo ha estado acompañado, en la concelebración, por el prelado emérito de la Diócesis, Demetrio Fernández, y por el párroco de la localidad, Rafael Prados.
Junto al altar ha estado la Virgen del Sol, patrona de Adamuz, que en estos días ha sido protagonista de una pintura en la que va acompañada de la mano de esa niña de seis años, Cristina, que iba en uno de los dos trenes junto a sus padres, su hermano y un primo y que fue la única superviviente de la familia, originaria de Punta Umbría (Huelva). La Virgen ha lucido un crespón negro por las víctimas del siniestro.
En el altar, el alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, ha destacado que los adamuceños "venimos con el corazón herido", pero "también nos acompaña en este día la patrona de nuestro pueblo, nuestra madre, la Virgen del Sol", señalando que a ella acudieron la noche del accidente, "buscando fuerza y serenidad para ayudar a los pasajeros de los trenes accidentados", y a ella le ha pedido este día su "intercesión", para que "Cristo nos conceda consuelo y esperanza".
Tras ello, y durante la homilía, el obispo ha recordado esa noche “oscura y trágica en la que varios cientos de personas emprendieron un viaje en direcciones opuestas". “Cuarenta y cinco de ellas, nunca llegaron al destino buscado. Su trágica muerte llenó de dolor a sus familias y de consternación a toda España. Otras resultaron heridas de distinta gravedad, ha comenzado diciendo en su intervención recordando así a las personas que han visto truncadas sus vidas tras el accidente ferroviario.
El prelado ha intentado aliviar con sus palabras "ese amargo trago de dolor" que viven las familias" y también ha intentado reconfortar a los vecinos de Adamuz, que se volcaron en pleno con las víctimas, trayendo además a este entonces improvisado hospital de campaña mantas, colchones, alimentos y agua.
Monseñor Jesús Fernández ha destacado que tras la tragedia "hemos escuchado el lamento de sus familias y allegados. También su corazón se vio privado de la paz y sus labios llegaron a dar por agotada la esperanza. Incluso la fe de algunos se tambaleó brotando más preguntas que respuestas: ¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo siendo una persona tan buena le pudo pasar lo que le pasó?”, ha destacado, recordando a tantas familias y al pueblo de Adamuz que quedó sumido en la tristeza.
El obispo ha insistido a los presentes en que ante esa pregunta de dónde se encontraba Dios cuando todo aquello ocurrió, "Dios estaba allí, porque muchos lo invocaron al ver el inminente peligro. Y, estamos seguros, a 45 se los llevó en paz, a otros les curó sus heridas y los trasladó a la posada, es decir, al hospital. Se sirvió para ello de buenos samaritanos, alguno muy joven, llegados de Adamuz, de Villafranca y de otros lugares, buenos samaritanos que rescataron a los heridos de los vagones, ofrecieron los primeros auxilios, los trasladaron, organizaron el operativo…”.
Jesús Fernández recordó así que "Dios estaba también allí", en los trenes accidentados; en los hospitales a los que fueron trasladados los heridos más graves, en la caseta municipal de Adamuz, en la que se improvisó ese hospital de campaña para acoger a los heridos; en el hogar del pensionista del municipio del Alto Gudalquivir, en el que se atendió a las familias de los damnificados en un primer momento, en esa noche y madrugada tan larga; y en el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba, en el que se continuó atendiendo a las familias en los días posteriores. Pidiendo a todos llenarse de fe y esperanza “para levantarnos y seguir caminando”.
"Las familias van a seguir sufriendo mucho"
Fernández ha añadido que "las familias van a seguir sufriendo mucho", pero que frente a ese inmenso dolor "Dios nos ha dicho con su presencia" y consuelo en esos lugares de dolor "que nunca las olvidará", que siempre estará con ellas.
En la caseta municipal no cabía ni un alfiler. Todo Adamuz y vecinos y autoridades de otros municipios del Alto Guadalquivir, además de familiares de las víctimas, se han concentrado en esta misa funeral que es un recuerdo y homenaje a quienes sufrieron este fatídico accidente ferroviario que, como insisten muchos de los adamuzeños asistentes a la misma, jamás podrá olvidarse en la localidad. Se ha quedado grabada a fuego.
También han estado presentes autoridades como el presidente del Parlamento andaluz, Jesús Aguirre; los consejeros de la Junta José Antonio Nieto y José Carlos Gómez Villamandos; la subdelegada del Gobierno en Córdoba, Ana López Losilla; el delegado del Gobierno andaluz en Córdoba, Adolfo Molina; el alcalde de Córdoba, José María Bellido, y el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes. Junto a ellos, otras autoridades civiles, militares y académicas, además de esas personas que vivieron en primera persona el accidente, también voluntarios y efectivos de Protección Civil, que prestaron un servicio también esencial en la noche del 18 de enero y días posteriores, la Guardia Civil y la Policía Local de Adamuz.
Todo ello, paradojas de la vida, en una caseta municipal acostumbrada a las risas de la feria y otras fiestas de Adamuz y donde hace apenas unos días se improvisaron camillas y se repartieron mantas, donde el olor a desinfectante se mezcló con el del café caliente que traían los vecinos.
El obispo de Córdoba ha cerrado la ceremonia bajo un techo que aún parece guardar la memoria reciente del dolor dando las gracias a "los buenos samaritanos de Adamuz", que se desvivieron por las víctimas.
Al terminar la ceremonia, nadie tenía prisa por marcharse. La caseta ha vuelto a ser, por un día, lo que fue el día del accidente: un lugar de encuentro. Abrazos largos, palabras susurradas y el convencimiento de unos momentos que nunca se van a olvidar. Adamuz despide a las víctimas con la dignidad tranquila de los pueblos que saben sufrir juntos. Y en ese gesto colectivo, queda claro que la herida es profunda, pero también lo es la memoria y la solidaridad que la sostienen.
Tras la funeral, y para poner el epílogo a ese recuerdo y homenaje que ha sido la misa funeral, el obispo de Córdoba y el alcalde de Adamuz han depositado una corona en la zona cero del accidente junto al párroco y a una representación de la Guardia Civil.
Temas relacionados
No hay comentarios