Los dos guardias civiles que llegaron primero al accidente de Adamuz: "Vi a muchos fallecidos, pero la imagen de la niña no se me va"

El cabo Arturo Carmona y el agente Ángel Ayala asistieron a decenas de heridos en los trenes

Los trabajos de emergencia tras el accidente ferroviario de Adamuz, en imágenes

El guardia Ángel Ayala y el cabo Arturo Soria.
El guardia Ángel Ayala y el cabo Arturo Soria. / Luis Navarro

"Vi a muchos fallecidos, pero la imagen de la niña no se me va, y lo más extraño es que no recuerdo ni su cara". Es el durísimo testimonio del cabo de la Guardia Civil Arturo Carmona, que este jueves ha relatado ante los medios de comunicación cómo fueron los primeros minutos tras el fatídico accidente de trenes en Adamuz, en el que han perdido la vida 42 personas.

Junto a su compañero de patrulla Ángel Ayala, estos agentes del Subsector de Tráfico del puesto de Peñarroya-Pueblonuevo fueron de los primeros en llegar a la zona cero del siniestro. "No me puedo quitar de la cabeza los gritos de esa niña diciendo que sus padres habían muerto. No lloraba, lo contaba como si fuera una película. Le di un abrazo y la dejé al cuidado de un matrimonio. En mí encontró un poco de cobijo, intenté tranquilizarla como si fuera mi propia sobrina, que tiene su edad", ha relatado el agente, que en segundos se percató de la magnitud del siniestro.

"Tengo la tranquilidad de que quienes llegamos primeros, los vecinos de Adamuz y los propios pasajeros de los trenes hicimos lo posible por ayudar a los heridos. Aunque imposible olvidar algunas imágenes, algunas sensaciones", ha sido relatado el cabo Carmona, quien ha confesado que no ha querido dejar de trabajar desde ese momento y que apenas ha logrado pegar ojo. "Esta noche me he despertado dos veces con convulsiones. Es algo que nunca me había pasado", ha dicho asimilando el shock.

Arturo Carmona fue de los primeros en llegar al Alvia siniestrado, y fueron los propios supervivientes de este tren quienes advirtieron al agente de que había un segundo convoy accidentado. "La situación era mucho peor. Los heridos estaban más graves y había muchos fallecidos", ha contado. "Esto se escapa a todo lo que uno pueda imaginar, nadie está preparado. Llegar hasta los vagones ya era complicado, porque todo estaba oscuro y por la propia configuración del terreno. Fue muy duro", ha dicho el cabo, quien ha tenido palabras de agradecimiento para todos los que participaron en la emergencia.

Cinco días más tarde, a su compañero de patrulla, el guardia Ángel Ayala, tampoco se le borran de la cabeza las imágenes de espanto y dolor. En su caso, se quedó asistiendo a los heridos del Iryo, y en un momento determinado contactó con su compañero, que ya había llegado al Avlo: "Se oían de fondo los gritos de dolor de las personas. Te sientes impotente porque te faltan brazos para atender a tanta gente. Había muchos heridos que pedían ayuda. Hacía frío, el terreno era muy amplio...", ha relatado conmocionado aún por los hechos.

Ángel Ayala es guardia por vocación y por tradición familiar. Aunque originario de Córdoba, su acento delata que se crió en el País Vasco, donde su padre estuvo destinado en los tiempos más duros del terrorismo. Hace 36 años ingresó en el Instituto Armado, y desde hace 31 está destinado en el Subsector de Tráfico, donde ha tenido que asistir algunos siniestros muy graves con víctimas múltiples, pero nada que tenga que ver con la tragedia de Adamuz: "Llegamos en la oscuridad de la noche y nos encontramos con una tragedia. De inmediato me puse al servicio de los bomberos y de los sanitarios. Me pedían camillas y tablas camillas con ruedas, y hacíamos todo lo posible por suministrarlas y por atender a los heridos", ha recordado.

Desde entonces, estos dos héroes con uniforme viven con "altibajos", intentando procesar todo lo vivido: "A veces, llegas a la cocina y te preguntas qué haces allí. Hay imágenes que siguen en bucle en la cabeza", confiesa el cabo Arturo. Para ambos, el olvido va a ser "imposible".

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