Funeral por las víctimas del accidente de trenes de Adamuz: Cuando los ángeles lloran

El obispo de Córdoba recuerda a los pasajeros de los trenes y sus familias y ha comparado a los vecinos con el buen samaritano

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Misa funeral en Adamuz por las víctimas del accidente de tren.
Misa funeral en Adamuz por las víctimas del accidente de tren. / Miguel Ángel Salas

Una repleta caseta municipal de Adamuz ha vivido un emotivo recuerdo y homenaje eucarístico a las víctimas del fatídico accidente ferroviario del pasado domingo, presidido por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, justo en ese lugar que hace una semana se convirtió en un hospital de campaña tras el siniestro.

La expresión cuando los ángeles lloran simboliza un profundo dolor, luto, tragedia o la pérdida de la esperanza ante situaciones angustiosas, prematuras. Y, como si los ángeles llorasen, del cielo no han parado de caer en Adamuz lágrimas en forma de lluvia fina en los prolegómenos de esta misa funeral en la que el obispo ha estado acompañado, como concelebrantes, por el prelado emérito de la Diócesis, Demetrio Fernández, y por el el párroco de la localidad, Rafael Prados.

Abrazos antes del comienzo de la misa funeral.
Abrazos antes del comienzo de la misa funeral. / Miguel Ángel Salas

Junto al altar ha estado la Virgen del Sol, patrona de Adamuz, que en estos días ha sido protagonista de una pintura en la que va acompañada de la mano de esa niña de seis años, Cristina, que iba en uno de los dos trenes junto a sus padres, su hermano y un primo y que fue la única superviviente de la familia, originaria de Punta Umbría (Huelva).

"Las familias van a seguir sufriendo mucho"

El obispo ha recordado esa noche “oscura y trágica en la que varios cientos de personas emprendieron un viaje en direcciones opuestas". “Cuarenta y cinco de ellas, nunca llegaron al destino buscado. Su trágica muerte llenó de dolor a sus familias y de consternación a toda España. Otras resultaron heridas de distinta gravedad, ha comenzado diciendo en su homilía recordando así a las personas que han visto truncadas sus vidas tras el accidente ferroviario.

El prelado ha intentado aliviar con sus palabras "ese amargo trago de dolor" que viven las familias" y también ha intentado reconfortar a los vecinos de Adamuz, que se volcaron en pleno con las víctimas, trayendo además a este entonces improvisado hospital de campaña mantas, colchones, alimentos y agua.

La caseta municipal, llena de vecinos, familias y responsables institucionales.
La caseta municipal, llena de vecinos, familias y responsables institucionales. / Miguel Ángel Salas

"En medio de todo este dolor es humano preguntarse dónde estaba entonces Dios. Dios estaba en esa oscuridad con esos buenos samaritanos que rescataron a los heridos; estaba en el hogar del pensionista de Adamuz y en el centro cívico de Poniente, con las familias de los damnificados", ha subrayado el obispo.

Fernández ha añadido que "las familias van a seguir sufriendo mucho", pero que frente a ese inmenso dolor "Dios nos ha dicho con su presencia" y consuelo en esos lugares de dolor "que nunca las olvidará", que siempre estará con ellas.

En la caseta municipal no cabía ni un alfiler. Todo Adamuz y vecinos y autoridades de otros municipios del Alto Guadalquivir, además de familiares de las víctimas, se han concentrado en esta misa funeral que es un recuerdo y homenaje a quienes sufrieron este fadítico accidente ferroviario que, como insisten muchos de los adamuzeños asistentes a la misma, jamás podrá olvidarse en la localidad. Se ha quedado grabada a fuego.

También han estado presentes autoridades como el presidente del Parlamento andaluz, Jesús Aguirre; los consejeros de la Junta José Antonio Nieto y José Carlos Gómez Villamandos; la subdelegada del Gobierno en Córdoba, Ana López Losilla; el alcalde de Córdoba, José María Bellido, y el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes.

Todo ello, paradojas de la vida, en una caseta municipal acostumbrada a las risas de la feria y otras fiestas de Adamuz y donde hace apenas unos días se improvisaron camillas y se repartieron mantas, donde el olor a desinfectante se mezcló con el del café caliente que traían los vecinos.

El obispo de Córdoba ha cerrado la ceremonia bajo un techo que aún parece guardar la memoria reciente del dolor dando las gracias a "los buenos samaritanos de Adamuz", que se desvivieron por las víctimas.

Al terminar la ceremonia, nadie tenía prisa por marcharse. La caseta ha vuelto a ser, por un día, lo que fue el día del accidente: un lugar de encuentro. Abrazos largos, palabras susurradas y el convencimiento de unos momentos que nunca se van a olvidar. Adamuz despide a las víctimas con la dignidad tranquila de los pueblos que saben sufrir juntos. Y en ese gesto colectivo, queda claro que la herida es profunda, pero también lo es la memoria y la solidaridad que la sostienen.

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