Valle del Guadiato

Humo para recordar el pasado

  • Las nueve chimeneas del Cerco Industrial se encienden durante unas horas para rememorar la historia de la minería local

Numerosas personas contemplan el encendido de las chimeneas Numerosas personas contemplan el encendido de las chimeneas

Numerosas personas contemplan el encendido de las chimeneas / Ernesto Mauriz

El humo regresó ayer al Cerco Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo para celebrar el Día de El Cerco con el encendido, por parte de bomberos y miembros de Protección Civil de las nueve chimeneas que se mantienen en pie en esta localidad del Valle del Guadiato. 

Una actividad que este año ha cumplido su séptima edición, y que como cada año despierta una tremenda curiosidad, sobre todo, entre los más pequeños que nunca han visto funcionar las chimeneas de El Cerco Industrial.

El encendido, además, provoca cada año cierta nostalgia entre los mayores, que recuerdan el pasado glorioso del municipio cuando miles de personas trabajaban en este espacio en las diferentes industrias que había.

El encendido de las Chimeneas del Cerco Industrial es una iniciativa creada hace cuatro años por la Asociación La Maquinilla en la que colaboran distintos colectivos y entidades, entre ellos el Ayuntamiento peñarriblense y en el que el protagonista es el Patrimonio Industrial.

Así, durante unas horas la localidad regresó a su pasado más esplendoroso, a comienzos del siglo XX, cuando la minería hizo que el municipio cuadruplicara su población y fuera uno de los principales focos a escala nacional e internacional.

Allí, en un terreno de 660.000 metros cuadrados, hoy se puede visitar el patrimonio industrial del que fue centro neurálgico de la actividad minera y que cambió una época de esta localidad.

Un foco de turismo

La Oficina Municipal de Turismo ofrece visitas guiadas, con las que es posible detener el tiempo y volver a aquella época dorada, conocer cómo se originó y cómo funcionaba El Cerco.

El pasado más esplendoroso de esta zona empezó a escribirse cuando, a finales del siglo XIX, la poderosa empresa francesa Sociedad Minero-Metalúrgica de Peñarroya (SMMP) comenzó a explotar los yacimientos de hulla de la comarca peñarriblense para fundir plomo y se asentó allí donde estaba el carbón necesario para hacerlo. Ese fue el nacimiento de El Cerco, a bocamina, para tener disponible todo el carbón de la zona en la fundición de plomo, que fue el primer edificio que construyó la empresa francesa.

A partir de entonces se establecieron en el Cerco toda una serie de edificios cuyos restos hoy se pueden visitar. Es más, la chimeneas de los hornos de fundición vigilan aún hoy como centinelas el terreno donde, en su día, llegaron a trabajar más de 3.000 empleados en los distintos centros que componían la factoría.

La primera fundición de plomo fue construida en 1891 y, a su alrededor, todo lo que la industria necesitaba: el almacén central, un edificio de 14.000 metros cuadrados que data de 1917, los talleres generales, mecánicos y de calderería, el edificio de administración , hoy conservado como una residencia de ancianos, el edificio de para separar la plata, la fundición de hierro y de bronce, los hornos de cok, incluso, el complejo llegó a contar con su propia central térmica propia, un edificio que estuvo en funcionamiento entre 1918 y 1963.

También se puede visitar el conocido como Barrio Francés de Peñarroya-Pueblonuevo, donde se conservan algunas de las casas edificadas hace un siglo por los directivos de la empresa francesa que explotaba El Cerco, cuyas costumbres sociales llegaron a impregnar a la burguesía de aquellos años.

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