Crónica personal
Pilar Cernuda
Un partido antipático
Más le vale a Vox andarse con ojo, del éxito al fracaso la distancia es corta, que tome nota de lo que ocurrió a dos partidos que acariciaron el poder, Ciudadanos y Podemos. Jugar permanentemente a la contra tiene un coste, y la historia está plagada de ejemplos. Entre otras razones, porque esa actitud provoca animadversión hacia la vanidad exacerbada de quienes nunca ven nada positivo en las siglas ajenas y se resisten a acercamientos de ningún tipo. Mucho menos a acuerdos, aunque en algunos casos comparten ideología e incluso objetivos. Pero la vanidad, apuntarse un tanto o sobresalir más que el otro impiden acuerdos que la ciudadanía está pidiendo a gritos.
Estamos viendo comportamientos intolerables que envenenan la convivencia, en el empeño por promover a cualquier precio proyectos que claramente son perjudiciales para todos excepto para sus promotores. Lo que convierte a sus dirigentes en figuras muy antipáticas porque se mueven siempre en el plazo corto, en el oportunismo, en lugar de defender los intereses de los españoles. Hace poco, algunas de esas figuras sumaron fracasos cuando creían tocar el cielo con la punta de los dedos.
Vox es hoy el partido de moda, el que más crece aunque Abascal está lejos del carisma que tuvieron en su momento Pablo Iglesias y Albert Rivera. Pero con el bloqueo sistemático de Vox a cualquier tipo de acuerdo para formar gobiernos regionales, los dirigentes de ese partido –ya está dicho– transmiten la idea de que no quieren asumir responsabilidades.
Esa actitud permanente de presentarse como el único partido con principios morales y sentido patriótico provoca el efecto contrario al que buscaban: si cuentan con moralidad tan ejemplar y sentido patriótico, no se comprende que no pongan algo de su parte para expulsar al sanchismo de las instituciones regionales o de impedir que el PP pueda hacerlo. Una vez librados los españoles de Sánchez, ya se verá cual es la mejor fórmula para poner España en pie con un gobierno sólido, que se ocupe de los problemas reales de los españoles, y cuente con el respaldo de una mayoría cualificada. Una España que recupere la estabilidad y la esperanza en el futuro, y recupere también el prestigio internacional ahora perdido.
Vox es el partido que hace más alarde de preocupación por la grave situación del país, buscando protagonismo a costa de desacreditar al partido que cuenta con mayor respaldo en votos. Ante esa actitud, el PP debería arremangarse, hacerse valer más y poner sentido común al caos político actual. Vox enreda todo lo que puede y más, pero una buena cabeza política sabe cómo sortear las trampas y obstáculos de un partido falto de experiencia y sobrado de animadversión hacia quien le gana las elecciones.
Mientras, en la Moncloa, Sánchez aplaude satisfecho ante el espectáculo que ha montado Vox para desplazar a Núñez Feijóo.
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