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Piedra de la locura

No hay mejor símbolo del 'procés' catalán que la 'Extracción de la piedra de la locura', del Bosco

Cuando era muy joven, hacia 1475, el Bosco pintó La extracción de la piedra de la locura. En ese cuadro, un falso médico con un ridículo embudo en la cabeza le está extrayendo la piedra de la locura a un pobre desgraciado. Al lado del falso médico hay un cura con un frasco de vino en la mano y una monja que lleva un libraco en la cabeza. No podemos estar muy seguros de lo que el Bosco pretendía decir en su cuadro, porque era un artista hermético que llenaba sus obras de alegorías impenetrables. Pero en este caso parece seguro que quería burlarse de quienes se empeñan en curar la estupidez humana. Porque el Bosco sabía que no hay método humano que sirva para extirpar la piedra de la locura -que es la piedra de la necedad-, así que cualquiera que lo intente acababa siendo tan necio y lunático como la persona a la que intentaba salvar.

Si hubiera que elegir un símbolo para lo que hemos vivido en España durante los años del procés independentista, no habría mejor emblema que esa Extracción de la piedra de la locura del Bosco. Ante todo, porque los independentistas catalanes muestran un fanatismo y una obcecación -en realidad, un delirio paranoide- que tiene mucho más que ver con la psiquiatría que con la teoría política. Todos confunden realidad y ficción y todos quieren hacer pasar sus absurdos caprichos de adolescente consentido por inalienables derechos democráticos. Pero tampoco podemos olvidar que quienes debían -debíamos- combatir el mal nos hemos comportado con una singular estupidez, ya que nos hemos limitado a ponernos un ridículo embudo en la cabeza y a citar libracos. Y así, nadie ha logrado extraer la piedra de la locura independentista.

Los constitucionalistas no hemos sabido construir un relato. No hemos derribado uno a uno los mitos que se han fabricado los independentistas -las balanzas fiscales, las falacias históricas, los supuestos derechos de autodeterminación-, y tampoco hemos sabido argumentar con la lógica y el entusiasmo que hacían falta en este debate. El PP se ha limitado a repetir cansinamente que hay que cumplir la ley (cosa que el PP de Bárcenas no parece haber hecho de forma ejemplar) y los demás, mal que bien, hemos hecho lo que hemos podido. Y así hemos llegado a donde hemos llegado: el enfermo sigue con sus espasmos, mientras el falso doctor sigue sin dar con la tecla.

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