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Expertos

¿Por qué no se impone el hábito de ofrecer voz a los que tienen capacidad probada para esclarecer y recomendar?

La imagen de los representantes políticos no pasa, en España, por buen momento, incluida Andalucía. Siempre hay excepciones, pero las esperanzas ciudadanas puestas en ellos, sean gobierno u oposición, son muy limitadas. La gente de la calle asiste, entre incrédula y resignada, a unas trifulcas más aparatosas y teatrales que justificadas. Sin embargo, en días tan difíciles, sería oportuno que los políticos rompieran la burbuja un tanto autista que los envuelve. Pero no parece que capten su situación de aislamiento, o bien, si la perciben, algo les retiene -quizás la inseguridad- y prefieren permanecer encapsulados en sus despachos. Basta recordar el arranque que ha tenido, en Andalucía, la comisión de reconstrucción económica y social. Una iniciativa que, en principio, podría dar frutos pero que se convirtió inmediatamente en una réplica de lo ya existente. Un parlamento en pequeñito que arrastró, por tanto, sus mismas hipotecas. El episodio de la elección de su presidencia ya fue suficientemente llamativo. Como siempre, prevaleció un oportunista reparto de cromos entre compadres. Sin embargo, hubiera sido una ocasión que ni pintada para dar entrada, en esa mesa institucional, a una serie expertos y estudiosos de las cuestiones a tratar. Oyendo, pues, la opinión necesaria de cualificados miembros de la sociedad civil andaluza que podrían mediar, aportar, orientar. Con esa decisión, los políticos hubieran mostrado una cara más modesta: la de estar dispuestos a tender puentes y brindar sitio y voz a gente del exterior de su peldaño estamental y con cosas válidas que decir. Se les presentó buena ocasión de abandonar su ensimismada cápsula, olvidar la repetitiva crispación interna y acoger y escuchar, en una misma mesa, lo que piensan otros andaluces. Por otra parte, esta abierta disposición no hubiera supuesto ninguna novedad, habría significado más bien seguir las pautas de lo que ya funciona en otros países, cara a las dificultades que se avecinan. Por citar solo el caso más próximo, en Francia, el pasado 29 de mayo, se estableció una comisión de expertos (con notables nombres, que se han hecho públicos) destinada a "proporcionar recomendaciones susceptibles de inspirar las políticas publicas." ¿Por qué en Andalucía no se impone el hábito de ofrecer voz a los que, desde su puesto, en la sociedad civil, tienen capacidad probada para esclarecer y recomendar? Es una pregunta pertinente, a la que los políticos andaluces deberían responder. Aunque ya mucha gente de la calle sospecha cuál es el motivo que tienen para no exponerse a ese riesgo.

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