Tinta y borrones

Anabel Calero

Conciencias

TODAVÍA sigo dando vueltas al relato que realiza el juez de Navarra sobre lo que pasó esa noche de mayo en Los Pedroches en la que un guardia civil y tres amigos drogan a una joven de 21 años y abusan de ella mientras lo graban para luego compartirlo por Whatsapp con sus amigos, quienes llegan a comparar la situación con el caso Marta del Castillo. Es difícil asimilar que haya personas que puedan aceptar esos comportamientos y no sientan el más mínimo sentido de culpa o remordimiento; que ninguno de los amigos -ni los que participaron en el acto ni los otros 20 que lo vieron después por el Whatsapp- alzara la voz ante semejante crueldad. Pero si es doloroso pensar en que haya semejantes individuos con tan poca humanidad, lo es todavía más escuchar a la víctima confesar que no denunció porque no se sintió respaldada, porque no la creían y porque, además, sentía vergüenza.

Este tipo de casos, además de lo peor de los ser humano, saca a la luz otras cuestiones, como el trabajo tan duro que queda por delante para lograr la igualdad plena, porque ésta sólo sería posible con un cambio de mentalidad que altere todas las estructuras que ahora se dan por buenas. En el caso de los Sanfermines -perpetrado por los mismos de Los Pedroches- hubo quien se cuestionó cómo una chica acaba sola con cinco hombres o cómo se monta en un coche con un desconocido. Por no hablar de otras barbaridades que se dicen también en estos casos, como cuestionar la ropa que llevaba puesta, entre otros argumentos de peso que desvirtúan la realidad, que no es otra que no hay ningún motivo, ninguno, que justifique que un hombre abuse de una mujer. Todas estas creencias son las que calan y al final provocan que una chica se sienta culpable y hasta sienta vergüenza por haber sido víctima de una violación. Es, definitivamente, el mundo al revés.

Si hay que buscar el lado bueno de las cosas, por mucho que a veces cueste, es que cada vez hay más conciencia sobre la desigualdad de la mujer y menos complejos para decirlo. Este mismo fin de semana el mundo se ha revolucionado por unas declaraciones del aspirante a la Casa Blanca, Donald Trump, en las que alardea de tocar y besar mujeres cuando quiere, simplemente porque es famoso. Hasta en su propio partido han censurado unas afirmaciones que deberían ser motivo de retirada. Quiero creer que empiezan a sacudirse conciencias aunque sea aún en un punto muy, muy, muy inicial del largo camino que todavía queda.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios