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¡Franco (Battiato) no ha muerto!

Caricatura de Franco Battiato realizada por María Jesús Casermeiro.

Bajo el Irán de la guerra y la destrucción a salivazos por Oriente Medio, se nos cuela ahora en el tarareo del tiempo ido aquello de “Jomeini es para muchos botón de santidad y muerden el anzuelo”. Lo cantaba Franco Battiato en Up patriots to arms en 1981 (compatible con aquel otro “Ayatolah no me toques la pirola” de Sinistro Total). Battiato, el argonauta de las corrientes gravitacionales, viajó varias veces en vida y en alfombras imaginarias turcas y persas hacia el arcano del Oriente. Hoy tendría que esquivar misiles y drones en su viaje de reencarnación por Oriente Próximo (Battiato, el más sincrético de los sincréticos, creía firmemente en la reencarnación).

Italia celebra el quinto aniversario de la muerte de Franco Battiato (18 de mayo de 2021) en Villa Grazia, en su casa-retiro de Milo, situada entre el volcán Etna y el Mar Jónico de su Sicilia natal. Y lo hace con la exposición Otra vida en el Museo Maxxi de Roma, con un biopic producido por la RAI (Il lungo viaggio, El largo viaje) y con un libro escrito por quien fuera largos años su percusionista Giranfranco D’Adda (Trabajar con un genio. Franco Battiato contado por sus artistas). Coinciden estos festejos con el podcast que aquí en España le dedica Dimitri Papanikas en Café del Sur de R3 y con el cómic Battiato El Extrarrestre, de Alessio Cantarella y Maurizio Di Bona.

Comisariada por Giorgio Calcara y Cristina Battiato (sobrina y albacea del artista), la exposición Otra vida se dirime entre la memorabilia y el equilibrio frágil con la vida del gran “pensautor” (así lo llamó Coradino Vega). No es fácil mostrar la intimidad de quien hizo de su vida personal un ámbito si no hermético sí críptico. Prestados por D’Adda, pueden verse por ejemplo un cartel en árabe y las banderas niponas que se usaron en la gira del disco L’era del cinghiale bianco, así como el mono blanco en el que se enfundó Battiato en el escenario cuando lanzó su icónico disco Fetus. Fue en aquellos años setenteros de la psicodelia y los sonidos inconexos (Pollution, Sulle corde di Aries). Después llegaría el giro al rock progresivo y el pop con letras filosóficas y esotéricas, pero que calaron en el oído del pueblo a partir sobre todo de La voce del padrone y su famoso millón de copias vendidas en Italia.

También se expone el mítico sintetizador VCS3 que Battiato adquirió en Londres en sus inicios de búsqueda artística. El heteróclito Battiato fundió siempre la tecnología con la creación. Un poster recuerda en la muestra su película Musikanten, en la que el psicomago Alejandro Jodorowsky interpreta a Beethoven. Como pintor aficionado, bajo su heterónimo Süphan Barzani, se exponen también los retratos dedicados a sus amigos.

Viñeta deñ cómic de Maurizio Di Bona que aparecen en el libro 'Battiato El Extraterrestre'. / D. S.

El biopic de la RAI Il lungo viaggio deja en el aire aquello de “se podría haber hecho mejor”. Dario Data interpreta a Battiato correctamente pero con una tara de inicio: su nariz no es lo suficientemente prominente y battiatiana. La cinta recorre los años de Franco que van de la infancia (la nariz se la partió contra una portería jugando al fútbol en su Riposto natal), los años de Milán para hacer carrera musical (pelo afro, look popero y psicodélico y hambre canina), el éxito casi marciano que vendría de 1979 a 1982 entre L’era del cinghale bianco y L’arca di Noe, y los álbumes de los 90 con su vuelta a Sicilia, a la casa que compró en Milo, Villa Grazia.

Realizado por Renato di Maria, el biopic muestra el apego vital de Franco por su madre Grazia (razón del nombre de la casa de Milo), los históricos videoclips de época (aquel bailecito que acompañó a Centro di gravità permanente), la amistad con músicos e intelectuales (Justo Pio, Juri Camisasca, Fleur Jaeggy) y algunas de las excentricidades del genio que meditaba dos veces al día (sus cafés muy azucarados, su desapego sexual, sus mareos provocados para intentar librarse del servicio militar, su etapa psicológica más turbia). Aparece varias veces el entorno grisáceo y arcaico del volcán Etna, por la parte de Agrimusco, a la que Battiato le gustaba acudir por su energía espiritual. Los acordes de la inmortal La cura suenan al final, pero no aparece la figura de Manlio Sgalambro, el filósofo con el que Battiato convivió artísticamente a partir de L’imboscata (1996).

En nuestro país, aparte del citado podcast de Café del Sur, se ha traducido el libro de entrevistas y mitad cómic Battiato El Extrarrestre, firmado por Alessio Cantarella y por el dibujante Maurizio Di Bona (autores, también, de Battiato l’artista). Las viñetas mordaces e irónicas de Di Bona acompañan las opiniones de muchos afines y allegados de Battiato que Cantarella recabó para un documental. Casi todos recuerdan la dadivosidad y el sentido del humor que regalaba el bardo siciliano, al que también le gustaba contar chistes.

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