Antonio Luque. Alter ego de Sr. Chinarro

"Los festivales están amputando la ambición de los nuevos creadores"

  • "Vivimos con la poesía todo el tiempo para hacer la vida soportable", dice Luque

  • El grupo presenta su disco 'Asunción' el jueves en la sala Hangar

Antonio Luque, ayer por la tarde, en la Casa Góngora. Antonio Luque, ayer por la tarde, en la Casa Góngora.

Antonio Luque, ayer por la tarde, en la Casa Góngora. / juan ayala

Antonio Luque (Sevilla, 1970) protagoniza bajo el paraguas de Sr. Chinarro una carrera de 25 años que ya acumula 200 canciones y 17 discos. Junto a su banda, presentará el jueves en la sala Hangar su último trabajo, Asunción (Mushroom Pillow, 2018), y ayer participó en una tertulia en la Casa Góngora sobre el proceso de composición.

-Llega a Cosmopoética para hablar de la poética de las canciones. En su caso, ¿qué relación guarda la poesía con la música?

En las letras me exijo que no me dé vergüenza cantarlas; no son una mentirijilla que uno suelta"

-Vivimos con la poesía todo el tiempo para hacer la vida soportable. Yo que hago canciones condenso mi visión del mundo en tres minutos y medio con unos acordes de guitarra y cantando para transmitir el mensaje con más claridad.

-En este proceso de composición, ¿letra y música surgen al mismo tiempo?

-Uno se espera a tener una buena melodía, porque esto te impone el tiempo, el ritmo, el fraseo... y te pide unas palabras, unos acentos, un tono incluso. Si haces la letra primero y luego la melodía, lo mismo tienes que trabajar el doble para adaptarla. Pero al final tienen que ser la misma cosa.

-¿Y cómo llega a esa melodía?

-Cuando empiezas una canción, siempre es como si fuera la primera, como si no lo hubieras conseguido nunca. Además, cuando publicas un álbum dejas el contador a cero y hasta que tienes la primera se pasa muy mal, y lo cuento porque justamente acabo de superar esa fase, he terminado la primera canción desde que Asunción se publicó en abril. Es una actividad que comparo bastante con la pesca. Hay una película que se llama Su juego favorito, de Rock Hudson, en la que el protagonista lee un libro sobre cómo pescar. El caso es que hay que estar siempre con la caña y tener paciencia.

-Sr. Chinarro ha tenido momentos muy prolíficos, de un disco por año...

-Podría hacer un disco cada mes si quisiera, porque todos los días que me pongo al final consigo un boceto de canción. Muchas no me gustan y no las grabo, pero esto depende de dónde se ponga uno el listón. Escucho canciones de grupos españoles en la radio y digo, eso no lo grabaría jamás. Ellos, claro, dirán lo mismo de las mías. Es una cuestión de política de empresa, de esperarte a tener diez canciones que consideres buenas. Pero te puedes pasar toda una vida para alcanzar la perfección.

-¿Qué se exige en las letras?

-Que luego no me dé vergüenza cantarlas. No puedes intentar engañar a los demás porque te sientes ridículo. No es como una mentirijilla que uno suelta a un hijo o a una pareja para que esté tranquilo, sino que lo tienes que repetir cada noche que hay un concierto. Al final tienes que jugar con la verdad, con tu verdad, de un modo bonito y eufónico.

-¿La letra de una canción se debe sostener sola sobre el papel?

-En mi caso pongo las letras en el libreto para que la gente sepa lo que canto, pero no porque les dé valor intrínseco. Hay quien coge poemas, los musica y sale victorioso. Bob Dylan por ejemplo te canta lo que sea, así medio rapeando, medio entonando, pero no es tan fácil. Sobre todo con la poesía actual, que prescinde de métrica y de rima. Como no sea que lo rapees...

-En su carrera, El fuego amigo (El Ejército Rojo, 2005)supuso un punto de inflexión a la hora de afrontar las letras. Pasó del cripticismo a una forma de contar más narrativa. ¿Qué ocurrió?

-Básicamente, que nació mi hijo y estaba en paro. Así que dije, más vale que esto lo entienda la gente o voy a pasar hambre. Los discos anteriores de Chinarro habían sido un completo fracaso. De Cobre cuanto antes vendí 500 copias, y de El ventrílocuo de sí mismo no muchas más. No soy tonto, y sabía qué era lo que me separaba de la gente: que las letras no se entendían nada. Si uno se pone muy místico, tiene menos público. Y si cantas "te quiero, te adoro, te llevo a los toros" tienes muchísimo más. De todas formas, tampoco voy buscando ese público masivo.

-¿Alguna vez le han ofrecido componer para otros?

-Cada vez que me lo sugieren, entiendo que no quieren que yo siga tocando. Soy un poco suspicaz... Hace poco, una cantante me pidió que le escribiera una canción. Y yo le dije: "Lo que hago lo quiero cantar yo. Y lo que no quiero para mí, no lo voy a querer para ti". "Ves, ahí tienes la primera frase de la canción", me respondió.

-¿Sigue la actualidad musical, la música urbana?

-Cuando una canción está muy trendy, no tienes más remedio que escucharla. Pero nunca me ha gustado el rap, ni ahora el trap. Y no me gustan Rosalía, ni el Niño de Elche, ni nada de eso.... Yo sigo escuchando la música de siempre, lo que no quiere decir que lo otro sea malo. Me engancho con grupos nuevos pero que suenan a clásicos. Es que hay tantos grupos que no te quedas ni con los nombres.

-¿Y uno escucha sus discos antiguos?

-Tienen que pasar muchos muchos años. Hace poco me puse algo de Compito, el segundo, y me pareció muy divertido. Aunque la voz me cuesta, porque es casi de otra persona. Igual que te va cambiando un poco la cara, la nariz o las orejas te cambia la garganta.

-De las 200 canciones que ha publicado, ¿hay alguna a la que le tenga especial cariño?

-Pues aquellas que me han ayudado a vivir o a pagar facturas. El rayo verde me costó un verano entero, porque le di un montón de vueltas para que quedara una canción pop con estrofa y estribillo. Funcionó y me animé a hacer más así, como Del montón, que tiene palmas y un ambiente muy chirigotero que yo al principio no veía. O Los ángeles o Una llamada a la acción, que es la que más reproducciones tiene. Y luego hay otras que no le gustan a nadie de discos que pasaron desapercibidísimos, como Han quedado níquel, que abría Cobre cuanto antes, que a mí me encanta, o el solo de guitarra de No vale reírse de los solos, del que estoy muy orgulloso. Cobre cuanto antes es como mi hijo tonto, le tengo un cariño especial.

-¿Pueden vivir los grupos de los festivales de música?

-Si entran en la rueda, sí. Lo malo es que se han estandarizado porque a la gente hay que darle las cosas sencillas. Hace poco me decía un productor que los grupos le pedían ahora una producción festivalera. Está bien, pero ¿y el arte dónde queda? La política de festivales está amputando la ambición artística de los nuevos creadores.

-¿Tiene el formato físico los días contados?

-Creo que sí, no tiene sentido seguir fabricando copias de plástico para algo tan etéreo como una canción. Ya venderemos camisetas u otras cosas, porque a la gente le gusta la ropa. De hecho, hace años que pienso que Chinarro debería ser una línea de ropa.

-¿Va a trascender algo de lo que se está haciendo?

-Al final no trascenderá nada. Me pregunto, incluso, si la gente se olvidará de Cristo.

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