Cultura

Pellizco y maestría flamenca

La Fabi, en un momento de su actuación. La Fabi, en un momento de su actuación.

La Fabi, en un momento de su actuación. / Laura Martín

No negaré que siempre me gratifica tener la oportunidad de asistir a encuentros flamencos -como el de Festival de Patios- donde gente de Córdoba sean los protagonistas. Caso de este pasado jueves, comenzando por la pareja de baile que a la sazón atendimos con Mariví Palacios en primera instancia plasmando su oficio con el bagaje profesional que domina, dotes de larga docencia y una coreografía elegante de vistosas y bien conjuntadas pupilas, que nos introdujeron con un garrotín y luego, acompañando a la maestra, bailando por guajiras con el acogimiento que el respetable le fue mostrando.

Nada que sorprendiera puesto que a su figura, feminismo y desenvoltura, añadió sin que pasara desapercibido su buen gusto con el vestuario que lucieron junto a las jóvenes que pasaron por la escena. Lo que se mantuvo en la siguiente comparecencia, conjuntando con su pareja.

Antonio Alcázar que, con un baile por farruca, hizo su aparición en las tablas instaladas en la Corredera para el espectáculo flamenco programado esa noche en el Festival de los Patios de este año, que con la actuación que le tocaba tras la realizada por su compañera, este artista alcanzó con su ya admirada imagen viril para la danza, resplandecer en el señalado palo flamenco. Como después lo haría para finalizar y junto a Mariví en una fantasía, aportando en este baile –ella, lo ya arriba reseñado– él, de enjutos movimientos con el cuerpo bien erguido, empaque, donosura, apostura y galante, para describir la riqueza coreográfica del hermoso baile en el que ambos y el resto del grupo ya reincorporados se emplearon.

Lo que consiguió el contagio del aforo, que puso mucho fuerza aplaudiendo su actuación. Antes del turno de bailes, compareció la cantaora arcense gaditana Fabiola Pérez La Fabi, acompañada de un animoso grupo en las palmas y un brillante plantel al toque de bulerías por soleá, que comenzó con los acordes que dio la entrada para que ella iniciase su repertorio. Un palo con mucho compás hecho con gusto, dando rienda suelta a su poder para transmitir pellizcando y para que así todo lo que prosiguió se guiase por esta línea montaraz y genio gitano, sin ser ella de esa etnia, animando con ello al público que se elevaba en sus asientos expectantes para no perderse nada, y responder con oportunos oles.

Consideración que se comprendió con lo que continuó por seguiriyas de Juanichi el Manijero, como cuando entró en cantiña gaditana, rumba, tal para concluir con unas bulerías al golpe, que empeñó al respetable que acudió a la cita, a que la cantaora no se fuese sin hacer un bis por todas las que ella quisiese, echando entonces el resto.

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