Crítica de Música

Larga vida a Roxy Music

Bryan Ferry, . Bryan Ferry, .

Bryan Ferry, . / jordo vidal

El prestigioso crítico musical británico Tim de Lisle defiende que Roxy Music es, sin duda, la banda del Reino Unido más influyente tras The Beatles. No le falta razón al del diario The Guardian. Entre los músicos y grupos que han citado a Roxy Music como influencia se encuentran desde uno de los más grandes de la historia del rock, el señor David Bowie, hasta Duran Duran, Simple Minds, Spandau Ballet o Depeche Mode, por citar sólo unos ejemplos. Córdoba no podrá vivir -a no ser que se traiga a Paul McCartney, cosa que parece improbable- al menos un sucedáneo recital de los Fab Four de Liverpool, pero sí pudo degustar el pasado martes uno de esos conciertos para paladares exquisitos al estilo de aquellos otros en los que -desde los pasados años 70- embrujaron con su música aterciopelada la banda que lideraba Bryan Ferry. Porque en el Teatro de la Axerquía, Bryan Ferry resucitó a Roxy Music.

Sí, no estaba a las guitarras Phil Manzanera, su fiel escudero, aquel cuya magia y sapiencia musical impregnaba desde aquel primer álbum al que titularon con el nombre del grupo -en 1972- hasta aquel otro último LP de estudio que editaron, el multiplatino Avalon (1982). Pero el superexperimentado Chris Spedding sabe como nadie sacar a su instrumento esas mágicas notas que dejó para la historia de la música ese guitarrista de Roxy Music en cuyo curriculum también figura que fue productor de Héroes del Silencio. Tampoco estaba al saxo su otrora también escudero, Andy Mackay, pero no desentonó ni un ápice Jorja Chalmers en ese papel.

El de Washington -municipio del condado británico de Durham- se ciñó al pie de la letra y la música al guion de lo que viene siendo su gira europea. A sus casi 73 años volvió a demostrar lo que es tener clase subido a un escenario y despachó un repertorio de 25 temas de los que 17 eran de Roxy Music y los ocho restantes de su etapa en solitario, que comenzó compaginando con la de su banda. Alguno de esos temas en solitario los ha interpretado en más de una ocasión en conciertos con Roxy Music, como Let's stick together, ese tema de Wilber Harrison que fue el primero de los dos que compusieron unos bises que supieron a muy poco, a poquísimo. El otro tema de los bises fue el Jealous guy de John Lennon, mítica canción del exbeatle que en su voz queda preciosa dibujando una interpretación que no dejó a nadie indiferente. Como tampoco dejaron indiferente a nadie los sonidos de los cuatro temas que ofreció de su disco también en solitario Boys and girls (1985), sobre todo el súper clásico Slave to love, sin olvidar Don't stop the dance, A Waste land y Windswept.

Pero volvamos a la resurrección de Roxy Music en el Teatro de la Axerquía, una resurrección en la que Bryan Ferry es muy dado a dejar canciones a medias en una especie de versión interruptus que al más fanático llega a dejar insatisfecho, aunque he de confesar que al más dandi de los músicos de rock que ha dado la historia se le llega a perdonar eso y mucho más. Bien está que esa interpretación a medias lo haga con la primera canción del repertorio The main thing, aquel tema de Avalon, el disco al que más partido le saca en sus conciertos. Pero resulta una especie de sacrilegio que repita la historia con dos temas de ese mismo LP, los clásicos entre los clásicos More than this y Avalon. ¿Por qué menguas esas dos maravillas, amigo Bryan? Supongo que si te lo preguntara en persona me dirías que lo que pretendes es fusionar esas míticas canciones que interpretas sin pausa una tras otra como si fueran un solo tema. No me convence, como tampoco me convence si a la pregunta de por qué tus conciertos duran tan solo poco más de hora y media me respondes que lo pequeño es hermoso. O quizás sí acabarías por convencerme. Porque es impagable ver y sentir en primera persona lo que transmite tu música, contemplar cómo en Córdoba dos personas maduras se besan recordando viejos tiempos mientras suena Oh yeah o asistir anonadado al contoneo al más puro estilo grupi de los 60 de una treinteañera mientras suenan Virginia plain, Love is the drug y Out of the blue.

Como defiende Tim de Lisle -y en Córdoba se pudo comprobar el pasado martes- en noviembre de 1970, cuando despidieron a Bryan Ferry del colegio femenino en el que daba clases de cerámica -y en las que ponía también discos a sus alumnas-, el pop-rock ganó a un talento que comenzó con composiciones a medio camino entre la música contemporánea, el glam y el rock progresivo y formó Roxy Music, la banda británica más influyente después de The Beatles.

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