Crítica de Flamencosic

Genio gaditano y empaque cordobés

David Palomar, acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez. David Palomar, acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez.

David Palomar, acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez. / juan ayala

La nueva propuesta que despide la exultante fiesta de las flores de primavera y celebra la llegada del estío, la Noche Blanca del Flamenco, se instaló en Córdoba puntualmente como todos los años. Mas, para comenzarla elegimos ubicarnos en un castizo rincón del casco histórico donde a la sazón estaba Premios Nacionales, una de las muchas reuniones flamencas que simultáneamente se desarrollaron, y en este caso con el más singular cante gaditano y del más dinámico bailaor cordobés, así hasta altas horas. En esta cita del pasado sábado encontramos la programada presencia del salinero David Palomar, para satisfacernos con el flamenco de los aires de litoral atlantista. Madurado, a pesar de su juventud, el arte que identificó su personal factura de la consecuente escuela flamenca que siempre expone, se ajustó a los más clásicos de aquellos pagos.

Así, con la sonanta de Rafael Rodríguez y el resto de los suyos, nos permitió paladear los sabores que los esteros transmiten, aún a los no familiarizados.

Por eso allí el impacto, desde el principio, de su vertiginosa exposición por bulerías gaditanas, alegrías, romeras, sanluqueña Las Mirri, como incluso por seguiriya, un abanico de tangos, el tanguillo carnavalesco, y para finalizar su turno, por bulerías al estilo de Fernanda de Utrera. Consiguiendo desde el primer instante el caletero Palomar que los asistentes no nos distrajésemos, atentos en todo caso, eso sí, al contagiable ritmo y compás que ya, el resto de la velada, vino con nosotros hasta llegar a casa tras pasar por otros rincones. Lo esperado de este doble premiado en el Concurso Nacional 2007.

Similar a lo acontecido en 1998, cuando el cordobés Rafael del Pino Keko obtuvo el premio La Macarrona, asombrando a propios y extraños por su estilizada figura, combinando fuerza y poderío flamenco, lejos de pantomimas vacuas. Lo que hace que echemos en falta más en una proyección más ancha y cosmopolita a tan raro y excelente ejemplar del baile. De modo que coincidir de nuevo con este rotundo bailaor el sábado, tendría la siempre oportuna transmisión.

Así, junto a sus conjuntados acompañantes saló al impactante encuentro, convencidos de que su danza hace afición por la facilidad de exponerla y, sin secretos y suficientes estímulos, quedó otra vez de manifiesto con Keko su brillantez, por ejemplo en taranto, y tras un respiro con los suyos por tangos, reapareció en escena para finalizar por cantiñas, bailando hasta la extenuación. Una completa actuación de ambos con el público de pie sin querer marcharse.

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