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Cultura

Eduardo García, regreso al idioma

  • 'Antologia pessoal' recoge una amplia selección de poemas traducidos al portugués del autor de 'La vida nueva', nacido en Brasil y residente en España desde niño.

Eduardo García se define como "el resultado del trasterramiento, uno de los cientos de miles de hijos de la emigración". Nacer en Brasil y crecer en España fue para él "una experiencia medular: una rasgadura vital, pero a la vez un enriquecimiento". Aprendió a hablar en las dos lenguas a la vez, pero el portugués fue su primera lengua escrita. A los siete años llegó a España y algún tiempo después se convirtió en profesor y poeta. Ahora establece un puente poético entre el español y el portugués con una revisión antológica de su trayectoria publicada por Thesaurus Editora.

Antologia pessoal supone para García "un punto de inflexión". "Llegada la madurez -añade-, al fin he podido asistir al espectáculo de ver en un mismo libro dialogar mis poemas, frente a frente, en las dos lenguas que me vieron nacer, las dos orillas de mi sensibilidad y mi memoria. Como si un hilo invisible las uniese, ya sin dolor, encuadernando la obra de mi vida". Como afirma al final del prólogo, escrito en portugués: "Hoy mis dos pasaportes se funden en uno". Y es que, a pesar de que el castellano pasó a ser su lengua natural, siempre siguió latente en su memoria "aquella medio olvidada lengua de la infancia, asociada a la ternura de las canciones de Caetano Veloso o el olor de la papaya al despertar".

Con traducción de Antonio Miranda, la obra (su tercera antología tras Las acrobacias del deseo, publicada por Cajasur, y Casa en el árbol, que ha visto la luz este año en Costa Rica) arroja un resultado que el poeta califica como "espléndido". Pero el camino, matiza, fue accidentado: "Siempre supe que la traducción de poesía es una tarea que en sí misma roza lo imposible. En este caso el traductor contaba con la ventaja de que el autor conocía ambas lenguas. Acabamos escribiendo a dos manos. Cada uno conocía mejor una de las dos orillas. Sin su ayuda jamás lo habría logrado, pero aporté cuanto pude para conservar el ritmo y el sentido originales. Dos veranos de encierro, aportando soluciones al traductor. Y el reencuentro con la lengua portuguesa, sus infinitos matices, su sonoridad. Asistía al nacimiento de una especie de heterónimo. Un Eduardo García que sueña, siente y piensa como yo, pero lleva, impregnado en la voz, un remoto sabor a fruta tropical, a samba triste, a arena blanca, arrecifes, cocoteros".

El libro incluye algunos textos inéditos, pero son "poquitos" porque el autor de Horizonte o frontera no quería dar a conocer antes de tiempo demasiados poemas de su nueva obra: "Pero era una cortesía inexcusable. Incluí Canción de la espera, un largo poema de imágenes que se despliegan en endecasílabos. Su estructura responde a un modelo musical: las estrofas pares responden a las impares como los estribillos de una canción. También me hizo ilusión cerrar el libro con La palabra, un torrencial poema versicular donde escenifico mi intuición de la poesía como revelación de lo que el poeta mismo desconoce. Un espacio de resistencia, un territorio de libertad para el hallazgo. Proyecto abrir mi nuevo libro con él. Será como tender un puente entre esta antología bilingüe y mi próximo poemario. Ambos libros sucesivas estaciones de un solo vasto viaje".

Este nuevo poemario "pertenece al ciclo que se abría en el último, La vida nueva". Sin embargo, los lectores "encontrarán más de una sorpresa: nuevos registros, modulaciones…". García también trabaja en un libro de más de 200 fragmentos en prosa en los que cultiva "una especie de género personal". "Mi doble vida -explica-, como poeta y profesor de filosofía, me había conducido hasta ahora a cultivar dos géneros: el ensayo y la poesía. En los últimos años ha ido naciendo en mí la necesidad de alejarme del ensayo y sus sesudas argumentaciones para emprender un nuevo viaje: expresar mi pensamiento de poeta por cauces poéticos. Mis fragmentos tienen mucho de poema en prosa y quizá algo también de aforismos. Pueden leerse independientemente, pero a la vez dialogan entre sí, configurando a pinceladas el retrato de una cosmovisión; un modo de estar, sentir, reaccionar frente al mundo en el que vivo. ¿Es posible pensar con imágenes, habitando las resonancias del lenguaje? Creo que sí. Un nuevo cauce, una nueva aventura en la que se funden mis dos vertientes creativas: el pensamiento, la palabra".

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