Crítica de Teatro

Delicia espectacular

Inicio del espectáculo 'Los sueños del Bosco'. Inicio del espectáculo 'Los sueños del Bosco'.

Inicio del espectáculo 'Los sueños del Bosco'. / juan ayala

Excusas típicas como "Un día entre semana a esas horas...", "Mira el tiempo. Con lo que va a caer.." o "¿Quién va a comprar una entrada con ese precio?" se esfumaron (afortunadamente) el pasado miércoles y un Gran Teatro lleno hasta la bandera recibió con expectación Los sueños del Bosco. La compañía circense Les 7 Doigts y el Theatre de la Republique se unieron el pasado 2016 en los actos conmemorativos del 500 aniversario del fallecimiento de Jheronimus Bosch, más conocido como El Bosco, con el propósito de plasmar sobre el escenario la genialidad del su universo pictórico y cómo inspiró a artistas del siglo XX de la talla de los Doors o Salvador Dalí. La recreación de la muerte del Bosco será la escena de inicio y cierre que da paso a una exposición a modo de conferencia, hilo conductor de la representación, que habla sobre las múltiples interpretaciones de El jardín de las delicias, su obra más reconocida mundialmente.

A partir de ahí, el espectáculo nos sumerge en el interior del tríptico donde se desarrollarán la mayoría de los números circenses. Para lograr el efecto deseado, la producción cuenta con un asombroso despliegue multimedia y el magnífico equipo de artistas de diversas disciplinas que recrean escenas y personajes de la pintura a través de malabares y otros números acrobáticos en suelo, cuerda, barra vertical y otros aéreos como trapecio y aro. El único detalle a echar en falta fue la presencia de un clown contundente que dotara a algunos momentos de mayor comicidad. Pese a ello, el público vibró con las actuaciones, conteniendo la respiración en ocasiones y disfrutó de este delicioso espectáculo colmado de sensibilidad y buen gusto.

Han pasado cinco siglos y El jardín de las delicias continúa siendo una obra atractiva a la retina de cualquiera que la observe. Puede que Jheronimus Bosch la pintase para condenar los vicios del ser humano en su época. Sin embargo, el tiempo ha proporcionado multitud de interpretaciones acordes al contexto y circunstancias de las personas que contemplan su creación hasta el día de hoy. Sea cual fuere la intención original del autor o la visión particular de cada uno, lo verdaderamente importante es apreciar su obra tal y como es, conservando en la memoria lo que nos provoca. Para quienes tengan la suerte de ir al Prado, no pierdan la oportunidad de contemplarla. Para quienes no puedan, hay visita virtual.

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