Margarita Escarpa | Crítica Alma de Chopin en la guitarra

Un momento del concierto de Margarita Escarpa. Un momento del concierto de Margarita Escarpa.

Un momento del concierto de Margarita Escarpa. / Laura Martín

“Maravilloso” fue la tímida palabra que rompía un silencio mágico creado tras el preludio nº 4 op. 28 de Chopin. Con tan solo unos minutos de música, el público era consciente de que Margarita Escarpa abría un recital sublime en el Festival de la Guitarra. Desde el principio estrechó lazos con los asistentes, invitándoles a seguir el recorrido que había creado con su programa.

El hilo conductor fue el gran compositor y pianista romántico Fréderic Chopin, presentado a través de los preludios 4 y 7 Op. 28. Quiso mostrar la influencia del mismo en compositores posteriores, luciendo un lirismo excepcional en la Mazurka de Manuel de Falla, así como una dulzura bailable en la Pavana-Capricho Op. 12 de Albéniz. Cuando declaró a Claude Debussy como su compositor favorito, se empezó a percibir en el ambiente que los preludios La puerta del vino y Minstrels iban a conmover a los asistentes.

No fue para menos, ya que Margarita Escarpa mostró su facilidad y control a la hora de pintar diversos colores en la guitarra. Cerró la primera parte con el Capricho diabólico, obra de virtuosismo compuesta por Castelnuovo-Tedesco, inspirada en Paganini y dedicada a Andrés Segovia. La soltura y expresividad con la que abordó la pieza permitió disfrutarla y dejarnos expectantes para la segunda parte.

Tras el descanso, nos hizo disfrutar a ritmo de vals, primero con una delicia Tarreguiana que contrastó con el carácter juguetón del Scherzo-Vals de Llobet. Pudimos observar su faceta más intimista con Valsa y Tristorosa de Heitor Villa-Lobos. Ante un público visiblemente emocionado, finalizó el concierto con una interpretación brillante del Homenaje a Villa-Lobos de Roland Dyens.

En el mundo de la guitarra la transcripción ha estado siempre presente en su repertorio, si bien a veces con cierto recelo. Es posible que esto se deba a motivos como el miedo a no poder equipararse a la versión del instrumento para la que ha sido compuesta, dejando así entrever las dificultades técnicas.

Margarita Escarpa ha demostrado que si posees una interpretación exquisita y la valentía de trasladar el lenguaje de un instrumento ajeno con pulcritud y creatividad, los resultados serán idiomáticos a la par que prometedores.

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