Fiesta

La autenticidad de los Patios de Córdoba, al descubierto en otoño

Una familia se hace una foto en Gutiérrez de los Ríos, 33. Una familia se hace una foto en Gutiérrez de los Ríos, 33.

Una familia se hace una foto en Gutiérrez de los Ríos, 33. / Lolo Agredano

Puede que no estén tan coloridos como en mayo, que no sean tan impresionantes cuando sus cientos de flores están en todo su esplendor ni dejen con la boca abierta a los visitantes nada más entrar, pero, sin duda, los Patios de Córdoba se muestran más auténticos en esta edición especial de la fiesta.

La explicación la da Ana Balbuena, propietaria del patio de Pedro Fernández, 6, según su propia experiencia: "Mi patio está más genuino que nunca porque ahora mismo está con las flores que cuidamos todo el año". Esto es, para esta edición de otoño los cuidadores apenas han comprado macetas, como sí ocurre en mayo para prepararlos de cara al concurso, así que exhiben en sus recintos las plantas que mantienen a diario. Algunas tienen unos pocos meses, mientras que otras llevan años con ellos y son como pequeños tesoros con una historia detrás.

En el patio de Pedro Fernández, 6, que está en la ruta de Regina-Realejo, en esta segunda primavera lucen las alegrías de la casa, las begonias y los anturios, que siempre tienen flor, junto a los ciclámenes y azaleas de diferentes colores -que ahora mismo están en su segunda floración-. Una gran camelia se sitúa en el centro del recinto, en el que también hay orquídeas (aunque ahora mismo no estén en su esplendor) y begonias de alas de ángel, entre otras especies.

Patio de la calle Pedro Fernández, 6. Patio de la calle Pedro Fernández, 6.

Patio de la calle Pedro Fernández, 6. / Lolo Agredano

Una de las partes positivas de esta atípica celebración es que, al haber menos barullo, los cuidadores se pueden parar a hablar más con los visitantes; de hecho, muchos les han dicho que quieren volver en mayo. Están siendo jornadas "tranquilas" porque, por ejemplo en este patio, el domingo se alcanzaron alrededor de 500 visitas, mientras que normalmente llegan a 1.000 o 1.500.

Una de las cuestiones que más le preguntan a Balbuena es cómo mantiene las plantas todo el año. "Cualquiera que tenga un patio sabe que el toldo es la clave", asegura, porque tanto en invierno como en verano le sirve de protección frente al frío y el calor. Estos días, además, está percibiendo que "la gente no solo se queda en el Alcázar Viejo", como ocurre más en mayo, sino que se está distribuyendo más por otras rutas.

También en Regina-Realejo se encuentra el recinto de Benito Raya, en la calle Gutiérrez de los Ríos, 33, que se caracteriza por tener dos alturas y una piscina en la parte superior. Para este propietario, esta edición esta yendo "mejor de lo esperado" ya que, en un principio "no pensaba que tuviera la aceptación que está teniendo". Por otra parte, agradece el "sosiego" y la "sensación de seguridad que tenemos".

Varios visitantes observan las plantas del patio de Duque de la Victoria, 3. Varios visitantes observan las plantas del patio de Duque de la Victoria, 3.

Varios visitantes observan las plantas del patio de Duque de la Victoria, 3. / Lolo Agredano

De este recinto "llama la atención de que geranios y gitanillas tienen flor" debido a su segunda floración, explica Raya, que también ha incorporado varias plantas para hacerlo "más atractivo". Flor de la gamba de diferentes variedades, begonias y abutilon son algunas de las especies que se pueden ver en este patio, presidido por dos espectaculares aspidistras. Además, sobresalen varios árboles, como un limonero, un naranjo y una buganvilla que ahora mismo está sin flor.

Al dar la esquina aparece otro de los patios participantes, el de Duque de la Victoria, 3, que se encarga de cuidar Manuel Morales, que también está satisfecho con la marcha de esta edición. En este puente "ha venido mucha gente del norte", indica, aunque ha habido también bastante de la Comunidad Valenciana. Como ha habido menos publicidad, señala, algunos ni siquiera sabían que se celebraban los Patios, sino que se han encontrado con la fiesta por sorpresa.

"Dentro de lo que cabe, está descafeinado", dice sobre su patio a la vez que muestra una foto del recinto en mayo, cuando una explosión floral aparece nada más cruzar el zaguán. Aún así, ha intentado darle todo el colorido posible llenando una pared entera de corre que te pillo, que aporta un tono morado muy otoñal; y ha dedicado un rincón al amor de hombre. Aparte, ha puesto flores del tiempo "para dar un poco de color".

Detalle del recinto de Diego Méndez, 11. Detalle del recinto de Diego Méndez, 11.

Detalle del recinto de Diego Méndez, 11. / Lolo Agredano

Macetas de plantas aromáticas y alegrías se mezclan con los cactus y el aloe vera, que ha bajado de la azotea expresamente para la fiesta y volverán a ella cuando acabe porque necesitan sol. "Yo quiero dar el máximo de mi patio para los visitantes, pero no puede ser" por la época del año en la que estamos, dice Morales, a la vez que destaca que los turistas son "muy agradecidos".

En la zona de Regina-Realejo se encuentra también el patio de Diego Méndez, 11, que lleva participando en el festival desde hace unos cinco años. Su propietaria, Rosario Ojeda, manifiesta que "octubre no es mayo, pero hay variedad" de plantas. Se ha animado a abrir en esta edición especial porque a lo largo del año invierten mucho dinero y tiempo en el recinto, así que ahora toca mostrarlo al público.

Gitanillas, uñas de gato, cactus y flor del dinero -"para ver si nos da suerte", dice Ojeda- son algunas de las especies que se pueden ver en este patio.

Vegetación de múltiples colores en la plaza de las Tazas, 11. Vegetación de múltiples colores en la plaza de las Tazas, 11.

Vegetación de múltiples colores en la plaza de las Tazas, 11. / Lolo Agredano

Un clásico de la fiesta es el impresionante recinto de Cristina Bendala, en plaza de las Tazas, 11, cuya frondosa vegetación se alterna con las delicadas flores que su propietaria cuida durante todo el año. Este gran jardín está en "uno de sus mejores momentos" y no hay nada más que ver la jacaranda, el plumbago (también llamado celestina) junto a su alberca o los pensamientos, que se alternan con el bambú o pequeños rosales.

Mientras, "los colios iluminan el patio", explica Bendala, que también ha montado este otoño su habitual "montaña de geranios", que están "sumergidos en verde". Los geranios no son nuevos, sino que los ha bajado de la azotea, donde los mantiene el resto del año y ahora se encuentran en su segunda floración.

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