Patrimonio

Los controladores, custodios de los Patios de Córdoba

  • Los trabajadores destacan el "buen comportamiento" de los visitantes en el cumplimiento de las medidas de seguridad por el covid-19

Lidia Cabello y Jacinto Muñoz en el patio de la calle Alfonso XII, 29 Lidia Cabello y Jacinto Muñoz en el patio de la calle Alfonso XII, 29

Lidia Cabello y Jacinto Muñoz en el patio de la calle Alfonso XII, 29 / Juan Ayala

Los controladores siempre han sido, junto a los cuidadores, los ángeles de la guarda de los Patios de Córdoba. Este año, su labor se ha visto reforzada por el cumplimiento de las medidas sanitarias impuestas para evitar la propagación de la pandemia del covid-19 y, a su vez, contribuir a que el sector turístico se recupere sin hechos que lamentar.  

“Bienvenidos al patio de la calle Isabel II, 1, mantened la distancia de seguridad, recordad que estáis entrando en un domicilio particular, mantened la mascarilla puesta durante toda la visita, incluso para las fotos”. Así recibe Jorge Arriaga a los visitantes mientras toma la temperatura de los grupos que van a entrar y les recuerda, también, usar el gel hidroalcohólico situado a las puertas del recinto. 

Es parte del nuevo trabajo que ahora deben realizar los controladores de patios, mientras también toman nota de la cantidad de personas que van entrando, que este fin de semana han alcanzado las 200 solo en las primeras horas de apertura en los recintos más concurridos, los de San Basilio. 

Muchos de estos trabajadores han repetido experiencia este año y otros han decidido participar por primera vez. En cualquier caso, la relación de los dueños de patios con los controladores se ha convertido en estrecha, incluso en familiar.

Jesús Balceda, que normalmente trabaja de agentes de seguridad, reivindica lo diferente y bonito que es, en este caso, trabajar en los patios. "Es muy distinto, la gente me ve de otra manera, no me miran como el malo que está para prohibir sino que está aquí para ayudarles". Jesús ha expresado que a él le gusta saber de su tierra y cuando se acaba el festival, "ya es como si viviera aquí". 

Jesús Balceda toma la temperatura a un visitante. Jesús Balceda toma la temperatura a un visitante.

Jesús Balceda toma la temperatura a un visitante. / Juan Ayala

La dueña del patio de la calle Barrionuevo, 43, Virginia de Llano Ledesma, lo confirma: Jesús ya es como uno más de su familia. "Estamos encantados de que haya decidido repetir en este patio", expresa. El contacto no se ha perdido después del festival, celebran encuentros y comparten "una amistad bonita" entre ambas familias. Los patios unen a la gente y "esa es la finalidad, que se hagan amigos, que la gente entable conversaciones más allá de lo que son los patios", ha expresado. 

María Isabel López, estudiante de Derecho, también lleva dos años trabajando en el festival. En su caso, se siente bienvenida en el recinto de la calle La Palma, 3, que regenta el artista Manuel Cachinero. "Son muy amables, están muy pendientes de ofrecerme lo que necesite, incluso hasta última hora de la noche, ya nos conocemos y espero que estén contentos con mi trabajo", comenta.

Para López, ha sido todo un descubrimiento conocer las plantas y lo que conlleva cuidarlas. "Yo pensaba que no me iba a gustar, pero me está encantando aprenderlo", afirma. Para ella, el hecho de no recibir tantas visitas como en mayo "puede parecer un poco más triste", pero ella prefiere "poder hablar con los visitantes, interactuar con ellos y que la experiencia sea mucho más cercana".

Marisabel López muestra sus equipos de trabajo. Marisabel López muestra sus equipos de trabajo.

Marisabel López muestra sus equipos de trabajo. / Juan Ayala

Lidia Cabello y Jacinto Muñoz bromean a las puertas del patio de la calle Alfonso XII, 29. Es la primera vez que Lidia trabaja como controladora en su patio, una experiencia única y que la ha llevado a aprender mucho más sobre la zona y las calles de su ciudad en una festividad que le "encanta". 

"Todos los años hemos tenido personas distintas pero, por mí, que ella repita", bromea Muñoz que, aunque en un principio estaba en contra de la celebración de este año, ahora opina que está siendo mucho más cercana "porque la gente se puede detener a apreciar los detalles y rincones". 

Todos los controladores coinciden en que los visitantes, en su mayoría nacionales, están respetando las medidas de seguridad, que los han obligado a estar más pendientes de todo el entorno y lo que ocurre pero, gracias al buen comportamiento de la gente, no ha supuesto una sobrecarga de trabajo.

Ramón Pastrana a las puertas del patio de la calle Aceite, 8 Ramón Pastrana a las puertas del patio de la calle Aceite, 8

Ramón Pastrana a las puertas del patio de la calle Aceite, 8 / Juan Ayala

Para Ramón Pastrana, que por primera vez controla el patio de la calle Aceite, 8 en la ruta de San Santiago, ha sido un año "particular", pero está "muy contento" porque viene a trabajar "seguro, se toman muy en serio las medidas". "De no ser así yo no habría venido", sentencia. Para este joven de 28 años, cumplir con las medidas de seguridad "no ha sido difícil porque la gente se comporta muy bien".  

Otros años asistían miles de personas a los patios en un día y este año "se nota mucho la diferencia". Según la experiencia de Pastrana, que no se esperaba la presencia diaria de periodistas en los recintos, asegura, es algo que le ha sorprendido, "viene sobre todo la gente de la localidad y eso se agradece porque los cordobeses también tenemos que disfrutar de lo nuestro".

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