Carlos Fonseca | Periodista y escritor

"La Transición fue un periodo violento, convulso e inseguro"

"La Transición fue un periodo violento, convulso e inseguro" "La Transición fue un periodo violento, convulso e inseguro"

"La Transición fue un periodo violento, convulso e inseguro" / m. g.

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Carlos Fonseca (Madrid, 1959) es un periodista con una larga trayectoria en la que destacan sus trabajos en Ya, El independiente, Tiempo o El Confidencial. El éxito como escritor le llega en 2004 con su novela Trece Rosas, que fue llevada al cine tres años después por el director Emilio Martínez-Lazaro. Ahora se presenta en las librerías con No te olvides de mí (Planeta), la historia del crimen de Yolanda González, una joven activista a manos de grupos de ultraderecha. "Creo que tiene una película. Y el cine tiene una virtud: la posibilidad de llegar a un público mucho más amplio", afirma.

-¿Recuerda dónde estaba el 1 de febrero de 1980, la fecha clave de su novela, No te olvides de mí?

-No, no, porque han pasado 38 años. En aquella época trabajaba por las mañanas en un banco y por la tarde noche estudiaba Periodismo en la Universidad Complutense. Sí tengo el recuerdo no sólo del asesinato de Yolanda sino de los muchos que hubo de estudiantes en aquella época, bien por actuaciones de la Policía o por grupos de extrema derecha.

"La democracia la ganaron infinidad de personas anónimas en la calle, no sólo unos pocos elegidos"

-¿Se considera el asesinato de Yolanda González como el último del franquismo?

-Hubo más. Unos días después, un chico, Vicente Cuervo, falleció también en un enfrentamiento con ultraderechistas. Sí es cierto que el asesinato de Yolanda es una especie de símbolo de la época de la Transición, porque reviste una especial brutalidad. No es el caso de alguien que al acabar una manifestación se cruza con un grupo de ultraderecha donde le pegaban una paliza o un tiro.

-¿Qué pasó?

-Fueron a su casa, la secuestraron y le pegaron dos tiros en un descampado.

-Todos los ingredientes para torpedear un periodo crucial de nuestra historia.

-Es un acontecimiento más, aunque bajo mi punto de vista tiene un carácter simbólico. Pero no tenemos que olvidarnos de otros. Hubo muchos estudiantes que perdieron la vida en aquella época.

-Mujer y política, una combinación complicada en aquella época.

-Efectivamente, tenía un compromiso político. Militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores, de tendencia trotskista, y era representante de la coordinadora de estudiantes que se oponía a las reformas laborales del Gobierno de Adolfo Suárez.

-¿Tenemos una visión edulcorada de la Transición?

-Sí, eso resulta obvio. A base de repetir que la Transición fue un periodo donde todo eran acuerdos y consensos, a mucha gente más joven puede haberle quedado la impresión de una etapa sumamente plácida y tranquila...

-¿Y cómo fue?

-El franquismo no acabó con la muerte de Franco en el 75, sino que durante muchos años hubo sectores, que estaban implicados en las instituciones del Estado, que intentaron poner palos en la rueda de la incipiente democracia. De hecho, estuvo a punto de irse al garete, primero por la operación Galaxia, una intentona golpista, y luego con el golpe de Estado del 23-F. Estamos ante un periodo violento, muy convulso y que generó muchísima inseguridad.

-Pero la Transición española ha sido muy elogiada y estudiada fuera.

-Se toma exclusivamente como referencia el paso de la dictadura de 40 años a una democracia. Nos quedamos con el trazo grueso y no vemos el trazo fino. La Transición se prolonga durante 7 años, desde la muerte del dictador hasta la victoria del PSOE en octubre de 1982. En ese periodo hay muchísimos asesinatos, tanto por parte de ETA como por parte de las tramas involucionistas de la extrema derecha. De manera que me parece un mensaje bastante simplista y que no obedece a la realidad.

-¿El rey Juan Carlos I y Adolfo Suárez no fueron esas figuras tan claves ?

-Forman parte de esa simplificación que se hace de la historia. Al final da la sensación de que los artífices de ese paso de la dictadura a la democracia fueron unos pocos y elegidos personajes. El Rey y Adolfo Suárez jugaron su papel, pero la democracia se anota también en la calle y la ganaron infinidad de personas anónimas que se han quedado en los márgenes de la historia. Y algunas de ellas, como Yolanda, perdieron la vida en el empeño. La conquista de la democracia y de las libertades fue un empeño de muchos, no sólo de unos pocos elegidos.

-¿Vivimos otra transición con el desafío catalán?

-No tiene absolutamente nada que ver con lo que ocurría en el 75. Entonces salíamos de una dictadura, donde había sectores sociales y aparatos del Estado que no querían caminar hacia la democracia. Ahora vivimos en una democracia consolidada, que tiene sus tensiones territoriales. Pero no son situaciones equiparables.

-¿Cómo se puede digerir que Emilio Hellín, uno de los autores del asesinato de Yolanda González, sea hoy un colaborador de las Fuerzas de Seguridad?

-Emilio Hellín fue juzgado y cumplió su condena de acuerdo con el ordenamiento jurídico vigente, recuperó la libertad y tiene todo el derecho a rehacer su vida. No podemos condenar a la gente a perpetuidad. Dicho esto, sí me llama la atención que ahora asesore o dé clases a las Fuerzas de Seguridad del Estado. No me encaja.

-Incluso ha trabajado en el caso Bretón.

-Es perito y un profesional muy bueno en la recuperación de información de dispositivos móviles.

-La extrema derecha gana terreno en Europa. ¿Es ahora la mayor amenaza del proyecto europeo?

-Puede ser, aunque es un fenómeno muy vinculado a la xenofobia, el odio y el rechazo al extranjero.

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