Respons(H)abilidades

Sin propósito social, la Responsabilidad Corporativa cojea

  • No es realista pensar que cada organización del mundo puede atender todos los retos mundiales, por eso es útil que cada una defina un propósito social concreto al que aportar

Sin propósito social, la Responsabilidad Corporativa cojea Sin propósito social, la Responsabilidad Corporativa cojea

Sin propósito social, la Responsabilidad Corporativa cojea

Con éste van ciento veintiocho artículos sobre Responsabilidad Social Corporativa, liderazgo, inteligencia emocional y algunas otras responsHabilidades. Llevamos más de dos años encontrándonos en estas lecturas y reflexionando juntos sobre herramientas de gestión llamadas a cambiar el mundo como la RSC. Eso son muchas letras, muchos pensamientos y muchísimas horas compartidas. Por eso quizás me siento en la libertad hoy de empezar con una afirmación rotunda, y luego, si quieren seguir leyendo, demostramos juntos que la RSC funciona mejor cuando las organizaciones definen propósitos sociales.

Esta afirmación en mi caso ha llegado a rango de certeza a base de ver ejemplos que lo demuestran. Pero también es una afirmación que a la mayoría de ciudadanos todavía les plantea dos dudas básicas: qué es la RSC y qué es un propósito social.

La Responsabilidad Social Corporativa es un concepto con tantos prismas y está tan vivo, que resulta difícil de sintetizar en una definición al uso de unas pocas frases. Así que hoy quiero apoyarme para hacerlo en algunas descripciones que recopilé hace un tiempo y que me gustaron por lo inspiradoras que eran.

Hacia nuestra propia definición

La primera descripción la encontré en la web de una organización que lleva ejerciendo e impulsando la RSC desde hace mucho, mucho tiempo. Cruz Roja publicaba que “la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o Empresarial (RSE) trata del compromiso de la empresa con el contexto que le rodea, compromiso que parte de la conciencia de las consecuencias de su actividad, tanto positivas como negativas.” Me gusta especialmente lo que habla de la toma de conciencia, esto es, del compromiso de la organización por conocer las consecuencias de su actividad e influir sobre ellas. De esta definición nos vamos a quedar con este matiz si les parece.

Para el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, otra organización sin ánimo de lucro que impulsa este movimiento empresarial y social, la RSC “es una forma de dirigir las empresas basada en la gestión de los impactos que su actividad genera sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general”. De esta definición lo que más me gusta es lo ampliamente que describe a los que técnicamente algunos llaman stakeholders y otros denominamos públicos de interés, pero que son ni más ni menos que los actores necesarios para que la RSC funcione, o sea, todos. Ese es otro matiz que recogemos de aquí.

De la web de Forética, la asociación de empresas y profesionales de la RSE, recogí que “La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es el fenómeno voluntario que busca conciliar el crecimiento y la competitividad, integrando al mismo tiempo el compromiso con el desarrollo social y la mejora del medio ambiente”. Es otra definición bastante clara que pone el acento en uno de los tres pilares de la sostenibilidad tan importante como el social y el ambiental: el económico. Aquí recogemos lo que ya hemos compartido otras veces como algo importante para que la Responsabilidad Social Corporativa funcione, y es que debe ser rentable. Gran matiz con el que quedarnos.

En el documento La Responsabilidad Social en las Universidades Españolas, elaborado por la Universidad de Burgos, se considera que «el término responsabilidad social hace referencia a las obligaciones y compromisos, legales y éticos, tanto nacionales como internacionales, que provienen de los impactos que producen las organizaciones en el ámbito social, laboral, medioambiental y de los derechos humanos”. Puede que sea la definición más formal, pero también es la que menciona directamente el primer e ineludible paso de la RSC, que es el cumplimiento legal. Otro matiz que cosechamos.

Recopilemos los matices que hemos identificado hasta ahora: conciencia de las consecuencias positivas y negativas de la actividad; gestión de impactos sobre múltiples públicos; rentabilidad igual de importante que el respeto ambiental y el compromiso social; y cumplimiento legal.

Pues ya la tenemos. Nuestra definición sería: “La Responsabilidad Social Corporativa es una herramienta de gestión con la que las organizaciones toman conciencia de las consecuencias positivas y negativas que tiene su actividad, garantizan el cumplimiento legal de sus obligaciones y se comprometen con la mejora económica al mismo nivel que con la de sus resultados sociales y ambientales”.

El necesario propósito social

La gestión desde la RSC puede cambiar el mundo porque toda la fuerza de las organizaciones públicas y privadas que siguen esta estrategia se focaliza en los principales retos mundiales. Pero cada empresa, ONG e institución de ese mismo mundo no pueden atender a todo. No es realista y puede debilitar su RSC. Por eso es muy útil que cada organización defina un propósito social concreto que le facilite la planificación de acciones y le de contenido a su estrategia responsable. Eso es el propósito social: el elemento que da sentido y fuerza a la RSC.

Cuando una empresa identifica su propósito social y orienta su gestión a obtener resultados de forma honesta también en este apartado, los clientes se vuelven más fieles, la plantilla más leal, las estrategias de innovación más claras, la comunicación reputacional más fácil, la elección de patrocinios más evidente, y así un largo etcétera.

Y si tiene usted una empresa y no encuentra propósito social coherente con su actividad, puede echar una ojeada a su entorno y hablar abiertamente con sus públicos de interés para identificar alguna necesidad en la que su actividad tenga sentido. Y si ni así lo encuentra, eche una mirada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por las Naciones Unidas. Que no sea por falta de ideas.

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