Eurocopa | Eslovaquia-España De la España 'retro' a la ilusión renovada

Los jugadores de la selección aplauden a los aficionados que asistieron al partido de la Cartuja.

Los jugadores de la selección aplauden a los aficionados que asistieron al partido de la Cartuja. / Kiko Huesca (Efe)

La selección puso rumbo a Copenhague desde Sevilla, donde espera la Croacia de Modric, desde una Cartuja soleada, con calorcillo, pero tampoco nada asfixiante para lo que se acostumbra por estas latitudes, en un partido extraño que empezó recordando a la España más retro, ese equipo perdedor, sin suerte, que se quedaba siempre en el camino en las grandes citas, para acabar siendo una máquina de marcar, aprovechando que enfrente la oposición era nula.

En un partido de esos de cara o cruz, salió cara. La de Luis Enrique, que acertó metiendo a Sarabia y se reconcilió con una afición que pasó del odio al amor al ritmo de goles. Y eso que el combinado nacional vestía de blanco, símbolo de mal fario. De blanco acabó sangrando el asturiano en el Mundial de Estados Unidos de 1994 tras el codazo de Tassotti, que pintó de rojo su camiseta y mandó a España a casa en cuartos de final. De blanco Nigeria le pintó la cara al equipo de Javier Clemente en Francia cuatro años después y de blanco perdió ante Portugal en la Eurocopa 2004 para no pasar de la primera fase. Hay más. Como la manita que le endosó Holanda en Brasil (2014) cuando defendía la corona conquistada en Sudáfrica.

Y de inicio el fiasco parecía que podía repetirse. Pese a la ovación inicial cuando los jugadores saltaron al campo y el tempranero tanto de Forsberg para Suecia, que entonces no venía nada mal, la España retro apareció cuando Morata falló un penalti y los aplausos se convirtieron de nuevo en pitos. Luis Enrique pidió entonces a la grada que animase, pero la afición es soberana y los errores de Pedri y Sarabia en boca de gol no hacían más que recordar años mejores en los que la selección ganaba y hacía disfrutar con su juego.

Aficionados de España en la plaza de El Salvador. Aficionados de España en la plaza de El Salvador.

Aficionados de España en la plaza de El Salvador. / Kiko Huesca (Efe)

Se mascaba la tragedia, pero Dubravka le echó un cable a España. En un error de la defensa eslovaca el balón le llegó a Sarabia, llamado a última hora para esta Eurocopa, y su remate pegó en el larguero. Del larguero al cielo sevillano. Lo normal es que un portero saltase despejando el balón a córner o lejos de su portería, pero Dubravka se dio la vuelta (mirando a la red) y como un jugador de voleibol, tal cual, remató al fondo de las mallas ante la risa tonta de unos y la reacción atónita de otros.

A partir del regalito, todo fue rodado. Más fácil, sobre todo cuando Laporte acabó ganándose la nacionalidad haciendo el 0-2 antes del descanso. España ganaba en Sevilla con un tanto de un eslovaco y otro de un francés.

Si en el primer tiempo Eslovaquia era un juguete en manos del rival, en la segunda parte se dejó ir y llegó la goleada. Primero marcó Sarabia, a pase de un Jordi Alba que igualaba en la capital hispalense a Gordillo en el número de internacionalidades (75). Después, Ferran Torres, en el primer balón que tocaba tras sustituir a Morata. Las cosas del fútbol. Y de no entrar nada en los encuentros anteriores a entrar todo, con el 5-0 de nuevo en propia puerta.

Sevilla no falló. La selección, tampoco y se pasó de celebrar el 1-0 de Suecia al 2-2 de Lewandoski, para después torcer el gesto con el tercer tanto escandinavo que manda a España a Copenhague ante la subcampeona del mundo. Empieza la Eurocopa de verdad.

Dubravka detiene el penalti lanzado por MOrata. Dubravka detiene el penalti lanzado por MOrata.

Dubravka detiene el penalti lanzado por MOrata. / AFP7 / Europa Press

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