Esto no lo arregla ni San Judas Tadeo (3-0)

Extremadura UD - Córdoba CF | Crónica

El Córdoba se inmola en Almendralejo ante un rival directo con dos gravísimos errores de Abad

Los azulgrana, además, ganan el 'goal average' a un equipo colista y a nueve puntos de la salvación

De las Cuevas pugna con Nando por un balón.
De las Cuevas pugna con Nando por un balón. / LOF

San Judas Tadeo es el patrón de las causas imposibles, ese al que toca mirar cuando lo terrenal no da ni hay motivos para pensar que puede cambiar una situación que camina hacia el desastre. El Córdoba bien haría ya en pedir cita para postrarse ante él, llenarlo de velas y rodearlo de plegarias para ver si hay lugar a otro milagro. Sobre todo porque por sus méritos, por sus propias armas, ha quedado más que claro que es imposible pensar en un futuro a corto plazo en el fútbol profesional.

En la primera gran final, el conjunto blanquiverde decidió inmolarse, acabar él mismo con su etapa en LaLiga 1|2|3. Dos gravísimos errores de Carlos Abad, de esos impropios de un portero que desea hacer carrera, condenaron al conjunto de Rafa Navarro, que para colmo de males regaló también en la última acción del encuentro la ventaja del goal average ante un enemigo que va a estar también metido en el fango hasta el final de la competición.

Esos detalles denotan que al CCF le faltó algo más que un punto de fortuna para salir con vida del Francisco de la Hera, por mucho que el balance global numérico dejara dos remates a la madera de los visitantes. Pero competir, con mayúsculas, esa virtud que Navarro había recuperado en su debut ante el Málaga, quedó en el olvido. O al menos no se ofreció como requería la batalla ante un rival que salió a morder, que supo mejor jugar sus bazas, que tuvo ese plus de intensidad, actitud o llámese como se tenga que llamar que prima tanto o más que el propio juego cuando la soga aprieta. Y que hasta ¡remató todas y cada una de las pelotas que llegaron al área de su adverdario desde golpe franco! Y así no hay lugar para pensar en positivo.

Fue entendible que dada la importancia del duelo, de sus problemas para sacar adelante los partidos lejos de casa y de la necesidad -también- del rival, el Córdoba saltara con la idea de protegerse, de dejar hacer al Extremadura. Pero sin ganar un balón dividido, llegando un punto tarde a todas las acciones, sin capacidad para hilvanar dos pases seguidos y mostrando en algunas fases del encuentro un pasotismo impropio de quien de verdad sabe que se está jugando la vida -lo mismo hay quien para descender es un mero número por falta de amor propio-, los blanquiverdes siempre estuvieron a merced de los azulgrana, liderados por la manija casi sin correr de Reyes.

Ni siquiera la variación táctica introducida por Navarro, colocando a Álex Carbonell más cerca de Bodiger que de Miguel de las Cuevas, frenó el caudal ofensivo local. Y no por un juego elaborado en exceso, sino marcado por el ímpetu y las ganas de sacar adelante una final con mayúsculas. Con Ortuño haciendo el trabajo sucio, sin que hiciera mucha falta, la verdad, la primera ocasión de los extremeños no se hizo esperar: Olabe, tras un dejada de Reyes, obligó a Abad a ir al suelo.

Carlos Abad despeja un balón, con Loureiro y Chus Herrero en la línea de gol.
Carlos Abad despeja un balón, con Loureiro y Chus Herrero en la línea de gol. / LOF

Era sólo el minuto 4, pero las intenciones de ambos equipos estaban ya más que claras. Ortuño dio continuidad a la ofensiva del Extremadura con un cabezazo que pareció que iba dentro en muchas zonas del campo y, tras un tiro desde la frontal de Andrés que atrapó Casto sin consecuencias, llegó el 1-0 en el primer regalo de Carlos Abad. De una jugada sin aparente peligro, con un deficiente golpeo de Reyes desde la esquina, el cuadro de Manuel Mosquera sacó petróleo.

Y eso le sirvió para plantear el resto del encuentro con un punto de calma perentoria cuando uno ve en peligro su cuello. Los azulgrana dieron un paso atrás y eso permitió algo más de lucimiento, sin protagonismo, de un Córdoba para el que verse por detrás en el marcador ya es sinónimo de derrota. Con todo, Chus Herrero tuvo el empate en sus botas tras un saque de esquina de pizarra que puso en juego Jaime Romero y peinó en el palo corto De las Cuevas para permitir el remate a la carrera del zaguero. Fue la única aproximación clara de los blanquiverdes hasta el descanso.

Pero hasta ese receso todavía tuvo que sufrir el cordobesismo de lo lindo. Herrero apareció tirando de velocidad para ganar una carrera a Ortuño cuando se quedaba solo y Loureiro se jugó la roja al cortar un avance de Nando al que había regalado el balón sin saber muy bien por qué. Pero para pifia la de Carlos Abad, otra vez, para facilitar la contra a dos toques del Extremadura que permitió a Zarfino hacer el 2-0 justo en la jugada previo al pitido del colegiado.

El francés Bodiger vio la roja a los 54 minutos por una segunda amarilla por una infracción clarísima

Como si todo se hubiera debido a un mero accidente, la vuelta de vestuarios siguió igual, sin alguna agitación desde la banda que pudiera variar algo. Es más, la única variación fue para peor, ya que el francés Bodiger vio la roja a los 54 minutos por una segunda amarilla por una infracción clarísima que, sabiendo que ya tenía una del final del primer periodo, nunca debió cometer. Sin embargo, y por raro que parezca, esa situación no fue cruel para el CCF, pues entre que el Extremadura ya se vio ganador, sin amenaza alguna, y que los blanquiverdes pudieron soltarse algo más, el partido ya se equilibró algo más, siendo más de ida y vuelta.

Adiós, también, al 'average'

Carrillo pugna por el balón con Zarfino.
Carrillo pugna por el balón con Zarfino. / LOF

Pero la tendencia continuó siendo a favor de los locales, que rozaron el tercero con un doble remate de Ortuño frenado por la zaga antes de que por fin los de Rafa Navarro decidieran que el momento de volver a ver de cerca a Casto. Una hora después y con 2-0, la verdad es que ya tocaba. Con los cambios agotados y el Extremadura ya pagando el cansancio, Andrés, que ya jugaba arriba junto a Piovaccari, sacó un latigazo seco al poste para culminar una fase de acercamientos, sólo eso, visitantes.

Porque para golpear hace falta un punto más de maldad, que sólo la tuvieron en esta ocasión los azulgrana. Abad salvó el tercero en una doble ocasión, ya con el equipo partido por completo y pidiendo la hora, de Perea y Ortuño, pero no pudo hacer nada ya en el descanso para, tras otra pérdida en la transición, detener el latigazo de Kike Márquez que hizo explotar el Francisco de la Hera. Sí, al completo. Porque mientras la grada local celebraba la victoria y ganar el average, la visitante se desgañitaba contra los suyos pidiéndoles algo más de lo mostrado para mantener con algo de aliento el sueño de la permanencia, que hoy se ve sencillamente imposible.

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