Córdoba

La poetisa cordobesa olvidada

  • Luisa Puruficación Camelia Cociña de Llansó fue una escritora a la que la vida la obligó a marcharse de su Córdoba natal con sólo siete años y a pesar de que no volvió, nunca la olvidó

La poetisa cordobesa olvidada La poetisa cordobesa olvidada

La poetisa cordobesa olvidada

Luisa Purificación Camelia Cociña de Llansó nació en Córdoba en 1847. Hija de Vicente Manuel Cociña, tras la muerte de éste -cuando ella sólo contaba siete años- se fue a vivir a Galicia con su madre y sus dos hermanos, a casa de su abuelo materno, para no volver nunca más a Córdoba. Su madre falleció cuando ella tenía 13 años y se encontró sola con su abuelo, ya que su hermana mayor estaba casada y lejos y su hermano estudiaba fuera.

Luisa Purificación Camelia formó parte de la pequeña burguesía funcionarial ilustrada, lo que le permitió acceder relativamente pronto a la lectura y a la escritura. De hecho, recluida en su casa se volcó en el estudio y la lectura, la historia, los viajes y hasta... ¡la política! En esa clausura descubrió su vocación de escritora, "ese amor a las letras, hijo fue del ambiente de soledad y melancolía en que se deslizaron mis primeros años", llegó a decir. Por edad (nació en 1847) no pertenece de lleno al grupo de escritoras conceptuadas isabelinas (1833-1868); sin embargo, su pensamiento y modo de comportarse encaja bastante en el canon del grupo romántico, muestra una ideología acorde con el neocatolicismo que servía de base a la mayoría de estas escritoras y ello la hacía consciente de la infravaloración de su producción literaria. Debió de moverse con soltura en los círculos poéticos de la segunda mitad del siglo XIX, pues consta su participación en algunos certámenes y concursos de relativa importancia.

Tomó parte en el Certamen Literario convocado en Alba de Tormes (Ávila) por el Tercer Centenario de Santa Teresa de Jesús, en 1882, donde presentó una composición poética dedicada a la santa y obtuvo premio, el Magnífico jarrón de plata de los Duques de Alba. Posteriormente, en el certamen convocado en Pamplona en 1883, al que concurrió con un poema titulado La tradición de San Fermín, obtuvo el segundo premio, consistente en una rosa de oro, desarrollando el tema Conversión al cristianismo, Santas predicaciones y gloriosa muerte del excelso Patrono de Pamplona. Y tomó parte en otros concursos de ámbito local, como los promovidos por el Ateneo de Igualada (Barcelona) o la Asociación Literaria de Gerona (en 1885, en el que consiguió el primer accésit). Fue en este tipo de convocatorias donde dio a conocer su pseudónimo literario de Cecilia, con el que firmaba los poemas presentados a concurso. Además de las composiciones citadas, la autora tomó parte también en algunas de esas obras colectivas que tanto auge y difusión alcanzaron durante la segunda mitad del siglo XIX, como la titulada Asociación Literaria de Gerona, donde dejó estampados sus poemas Epístola (1887) y La primera conquista (1885). Otros poemas fueron El Talismán o Literatura; Amor de madre, publicado en el periódico la Unión Gallega en 1883; A Galicia, en 1888 en Galicia Moderna, Semanario de Intereses Generales, y La guerra del Riff, publicado en la revista Vida Gallega en 1909. Además, fue premiada gracias a un drama en un acto, el llamado La Joya de más valía".

La autora fue socia de honor del Centro Gallego de Buenos Aires, miembro correspondiente de la extinguida Academia Malacitana, socia de mérito del Ateneo Igualadino y de varias academias francesas; entre ellas, la de Mont-Real de Toulouse por trabajos en prosa en un concurso internacional.

Colaboró en muchas publicaciones de España y de América, en revistas y periódicos. Entre esas publicaciones figuran las realizadas en La Ilustración, de Barcelona; La Asociación Literaria de Gerona; El Eco de Galicia, de Buenos Aires; la Revista de Extremadura, El Correo de la Moda y La Moda Elegante Ilustrada y el Diario de Córdoba, entre otros. En El Sacerdocio de la Mujer (Barcelona) fue redactora junto a Esperanza de Belmar, Berenice, Amparo y Elisa Gutiérrez. Eran mujeres instruidas que eligieron las redacciones de los periódicos y revistas antes que la publicación de libros, porque era más fácil encontrar un público lector entre los suscriptores que mantenían la prensa periódica. La prensa era una manera de darse a conocer y así se preparaban para proyectos de mayor envergadura. Además, una colaboración en una revista de moda de orientación moderada y conservadora era considerada de buen tono por la sociedad masculina. Eran marisabidillas ridiculizadas en el ambiente culto y burgués de las literatas y despreciadas en los ambientes obreros. El estilo de su prosa, el cuidado en la selección de un vocabulario exquisito pese a algunos clichés, sitúan al lector actual ante una escritora que maneja con destreza el lenguaje y que está al día de modas y tendencias literarias

Camelia consiguió conectar con su querida y nunca olvidada Córdoba, a través de un amigo de familia, José Sinisterra, a través de intercambios literarios con Orti Belmonte, y sobre todo, con el poeta y periodista Ricardo de Montis, su mentor, autor de las Notas Cordobesas, con quien ese intercambio epistolar fue abundante desde el 15 de diciembre de 1913 al 27 de marzo de 1927.

Poetisa cordobesa desconocida, su valía fue reconocida por la Real Academia de Córdoba, nombrándola Correspondiente fuera de Córdoba el 28 de marzo de 1914. A pesar de trasladarse a Cáceres durante su matrimonio y a Barcelona y otros lugares mediterráneos en su viudez, moriría recordando y añorando siempre su ciudad natal. "Crecí en el propio regazo de mi madre Córdoba trasladada a mi querido, a mi dulce hogar gallego por el ensalmo de la santa que me dio el ser, pues se me entraba puertas adentro por la imaginación y por los sentidos". "Oyendo sus relatos, parecíame á mí también haberla vivido", dijo.

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