Entrevista | David Moscoso

“No he visto una desafección por la política tan grande como la que se aprecia en Córdoba”

  • El profesor de Sociología David Moscoso es el responsable el Barómetro de la UCO, en el que se pone de manifiesto la percepción ciudadana sobre asuntos como la política o el empleo

Davis Moscoso durante la entrevista. Davis Moscoso durante la entrevista.

Davis Moscoso durante la entrevista. / Juan Ayala

Aunque tiene su plaza en la Pablo de Olavide, David Moscoso ha recalado este año en la Universidad de Córdoba. A su experiencia en estudios sociológicos une su paso por la política durante cuatro años como parlamentario andaluz de Podemos.

–Lo primero es saber cómo está.

–Bueno, pues en una situación de extrañeza permanente porque aunque en lo personal y profesional no me ha afectado esta crisis, sí es verdad que el entorno no es el mismo. Pero aparte de eso, la vida ha cambiado.

–¿Y cómo se ve todo lo que está pasando desde el ámbito de la sociología?

–Pues como un proceso de incertidumbre, pero con la reflexión de que no es la primera vez que sucede; ya hemos vivido momentos como este pero que no están en nuestra memoria más inmediata, porque el mundo ya ha sufrido antes pandemias, guerras civiles o guerras mundiales.

–¿Y qué va a cambiar en la sociedad?

–Pues está por ver, pero lo más característico es que había procesos de cambio social que estaban iniciados y que se van a consolidar. El teletrabajo, por ejemplo, era una realidad muy extendida en otros países como Alemania o los nórdicos, pero en España no. El teletrabajo allí es una actividad normalizada y normatizada en las empresas y aquí era vista con recelo y distancia. La compra online es otra de las prácticas que se está consolidando y que va a llevarse por delante muchos comercios familiares. Van a cambiar las formas de relación social. Habrá una tendencia a tomar medidas de prevención y a aislarse porque el virus tal vez no se acabe con la vacuna. Y sobre todo, coyunturalmente se va a resentir mucho la estructura social y económica de un país como España, que dependía mucho de modelos de economía especulativa, llámese la subvención al olivo de hace años, el ladrillo o el turismo en los últimos tiempos. Se va a agrandar la desigualdad.

–El mundo no tenía fronteras hace un año, sobre todo para los más jóvenes, que se movían con total confianza. ¿El virus volverá a levantar muros?

–Tendría que se muy temerario para pronosticar un retroceso de la globalización y una vuelta al localismo. Creo que es difícil que eso ocurra plenamente, pero sí se va a reducir la movilidad social por la pandemia y por el cambio en cómo se tejen las relaciones económicas en el planeta. Al inicio del confinamiento ya vimos una economía colapsada porque China no tenía capacidad de suministrar muchos productos de consumo. Hubo un momento en el que las propias patronales se plantearon si se puede mantener una economía que dependa de las distancias. También ha habido una reflexión de la sociedad por restablecer un modelo natural de cercanía, la llamada economía circular.

Moscoso en el bulevar Gran Capitán de Córdoba Moscoso en el bulevar Gran Capitán de Córdoba

Moscoso en el bulevar Gran Capitán de Córdoba / Juan Ayala

–Esta semana ha dado a conocer el Barómetro de Opinión Pública de la Universidad de Córdoba, algo no muy frecuente en la UCO. ¿Cómo surgió la idea?

–Como sabe, yo soy profesor de Sociología en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, aunque resido en Córdoba y soy de Puente Genil. Estoy aquí en la UCO en comisión de servicio y con la ilusión de cambiar de aires y plantear nuevos proyectos. En ese marco, yo me planteo qué puedo aportar desde mi experiencia en la investigación social, de las políticas públicas y del conocimiento de la realidad. Y si a eso le suma la experiencia de mi etapa en el Parlamento andaluz de cuatro años, entendía que había una necesidad en esta ciudad de pulsar el estado de ánimo de la sociedad y lo que piensan de determinadas realidades. Ver las preocupaciones, los problemas que nos afectan y la valoración que hacemos del gobierno de Córdoba y de los partidos de la oposición. Es un barómetro humilde, pero suministra una información que considero que es útil. El objetivo es que sirva de reflexión y que genere ideas de hacia dónde tenemos que ir.

–Es el primer barómetro de este tipo que se hace en la Universidad de Córdoba.

–Yo no tengo constancia, pero puede que sea el primero. Es verdad que no se suele hacer porque aquí en Córdoba no hay Facultad de Ciencias Políticas, pero tampoco ha habido iniciativas por parte del Ayuntamiento, de ningún signo político, por un barómetro de estas características para medir los problemas que afectan a la ciudadanía, algo que debería ser fundamental para diseñar las políticas públicas. Por una razón o por otra, hasta ahora no se había hecho.

–¿Y cómo han encajado los órganos de gobierno de la UCO este sondeo?

–Posiblemente les haya pillado de improviso. Pese a la prudencia y cierta distancia que se ha tomado con este barómetro, yo creo que desde el Rectorado se ha entendido el enorme potencial y el carácter estratégico que la sociología puede y debe tener en una universidad como la de Córdoba, tanto para el análisis de la realidad social, el diseño y evaluación de políticas públicas y la formación académica a todos los niveles. Con lo que estoy seguro de que tanto la UCO como las instituciones municipales sabrán sacar mayor provecho de las ciencias sociales en el futuro.

–O sea, que habrá un segundo barómetro.

–Yo espero que sí, siempre que se den las circunstancias para ello, como que no coincida con un periodo electoral o preelectoral para huir de susceptibilidades. Este barómetro no ha generado recelos por eso, porque no estamos en etapa electoral.

–¿Qué le ha sorprendido del estudio?

–Hay elementos en el barómetro que deberían ser estudiados en profundidad por los agentes sociales y políticos de esta ciudad.

–¿Como cuáles?

–Primero, que hay una situación muy desigual en esta ciudad. Cuando se le pregunta a las personas encuestadas, entre las clases sociales bajas la mitad de la población asegura que su situación es mala o muy mala, mientras que entre las clases sociales medias-altas solo el 12% dice que su situación es mala. Muestra una fotografía de situaciones muy diferentes. Lo que mide la sociología es la percepción de la realidad y la percepción en este caso es que en Córdoba hay mucha desigualdad. Pero hay otro aspecto, como es la parte económica: siete de cada diez personas consideran que la economía va mal en esta ciudad y ocho de cada diez considera además que en el último año ha ido a peor. Y los problemas económicos no son solo fruto de esta coyuntura de crisis sanitaria, sino que se viene viendo desde hace años una tendencia de bajas de empresas en el registro mercantil y de desempleo. En ese sentido, el primer problema que los cordobeses creen que deber ser abordado es el del empleo. Pero es tal la magnitud de esta cuestión, que incluso son el doble los que ven el desempleo como primer problema frente a los que piensan que es la crisis sanitaria. Ese dato es muy significativo.

–¿Qué otros aspectos destaca?

–Otra circunstancia a tener en cuenta es la polarización política. Las diferencias entre los partidos que se sitúan en el centro, derecha o extrema derecha frente al centro izquierda, izquierda o extrema izquierda es muy escasa. Y hay otro dato, los que consideran que Vox es un problema y desautorizan su papel en el Ayuntamiento.

"En Córdoba hay una falta de liderazgo político. No hay ninguno que tenga el apoyo de la sociedad, solo el de sus votantes”

–¿Y a nivel político?

–Lo que pone de relieve el barómetro es que en Córdoba hay una falta de liderazgo político. No hay ningún líder que tenga el apoyo de la sociedad cordobesa. Tienen el de sus votantes, pero no el de quienes no los votan, como sí ha habido en el pasado con figuras que han estado en este ayuntamiento, sean del color político que sean. Con todo el respeto para todos los dirigentes de los partidos, ninguno de ellos despierta especial simpatía entre los ciudadanos que no sean sus propios votantes. Y eso es importante porque refleja que hay mucha desconfianza política. De hecho, a la pregunta de qué partido cree usted que es el más capacitado para solucionar los problemas económicos de Córdoba, el 40% dice que ninguno. Y eso no es normal. Cuando he trabajado con otros barómetros a nivel andaluz no he visto una desafección política tan grande como la que se aprecia y vive en Córdoba.

–¿Echa de menos la política?

–No.

–Pero usted siempre ha destacado el aprendizaje que le supuso esa etapa.

–Yo no echo de menos la actividad política, pero me gusta la política. Si tengo que hacer balance de mi experiencia, tengo que decir que he formado parte de una organización política [Podemos] que a nivel local no tenía una estructura articulada como para prohibirme actuar con criterio propio y he tenido unos márgenes de libertad que igual no hubiera tenido en otro tipo de partidos. Y como parlamentario he intentado siempre actuar más como técnico que como político, basándome en datos, evidencias, experiencias y contacto con la gente. Creo que he llevado los problemas de Córdoba al Parlamento andaluz y puedo decir que también he logrado cosas que hasta ahora no habían ocurrido, como que un partido de la oposición sacara adelante una ley, como es la de Senderos Públicos de Andalucía.

–¿Qué le parece todo lo que está sucediendo en el entorno de Teresa Rodríguez tras su expulsión de Adelante Andalucía?

–No me sorprende, porque la izquierda política está tan fragmentada que forma parte de algo que no es nuevo y que se ha vivido en otras épocas. Dentro de Podemos ya vimos errejonistas, pablistas, anticapitalistas y demás. En cualquier caso, lo ocurrido en Adelante Andalucía es responsabilidad de todas la partes y me parece un error histórico que se llegue a esto en un contexto como el actual, ya que no beneficia a nadie. Ha habido falta de responsabilidad, porque a los andaluces lo que les preocupa es que haya empleo, que los servicios públicos funcionen, que haya protección social y horizontes de ilusión.

El profesor, en la redacción de 'El Día'. El profesor, en la redacción de 'El Día'.

El profesor, en la redacción de 'El Día'. / Juan Ayala

–¿Y Teresa Rodríguez puede tener éxito en una nueva aventura política?

–He hablado recientemente con ella porque tenemos una excelente relación, pero de asuntos de familia y demás, nada de política. Es difícil aventurar lo que pueda pasar, pero no sería positivo que la izquierda siguiera quebrantada. De cara a una futura convocatoria electoral, temo que Unidas Podemos vaya por un lugar, Más País Andalucía por otro y el nuevo sujeto político por otro. ¿Qué van a conseguir así? ¿Estar infrarepresentados? Todos pierden.

–El PSOE seguramente no pensará lo mismo que usted.

–Yo me refiero a los partidos que están claramente en el ámbito de la izquierda y el PSOE tiende a irse al centro en sus políticas.

–Pero Rodríguez es ahora, en ese campo de la izquierda, la cara más conocida en Andalucía.

–Teresa Rodríguez es una líder política indiscutible, pero ese liderazgo no surge en este momento, sino que viene de atrás, por lo que el desgaste también está ahí.

–¿La política le ha decepcionado?

–Me ha producido muchas sorpresas, negativas y positivas. Las negativas ya las tenía por mi percepción como ciudadano por los desacuerdos, pero también me he llevado gratas sorpresas al conocer el lado humano de la clase política. Hay buenas y malas personas en todos los partidos políticos y con grandes ideas. Lo que te decepciona es que la estrategia esté basada en la teatralización del rechazo a los que tienen otras ideas. Cuando alguien te dice que te apoyaría en una propuesta pero que no puede hacerlo porque su partido es muy distinto al tuyo... Pero en la experiencia en el Parlamento me llevé muy buenos amigos, en el caso de Córdoba con Isabel Albás o Adolfo Molina, con los que tengo una buena relación. Y también con el PSOE, pero de otras provincias.

"En Podemos sí hay casta, sin duda. Sería deshonesto por mi parte decir lo contrario”

–Esa respuesta lleva intención.

–[Ríe] No lo sé. Me han prestado más atención parlamentarios socialistas de otras provincia, probablemente porque no han tenido que litigar conmigo. Y me quedo con la satisfacción de haber tenido la capacidad de persuadir a otros partidos con asuntos de interés general y que han salido adelante en el Parlamento.

–¿La casta política existe?

–Claro que existe. Sigo pensándolo después de haber pasado por la actividad política.

–¿Tiene futuro Podemos?

–Buena pregunta. Podemos tiene futuro como partido político, pero no como una organización de base social, que es como surgió. Hoy por hoy, es un partido en toda regla y el camino que viene por delante es complicado. Hubo mucha gente que confió en Podemos porque se presentó a la sociedad como un no partido, por lo que habrá que ver durante cuánto tiempo.

–¿En Podemos hay casta?

–Sí, hay casta, sin duda. Sería deshonesto por mi parte decir lo contrario porque en Podemos hay unos dirigentes con más capacidad de tomar decisiones en el día a día que no siempre las adoptan siguiendo cauces de participación. Y luego porque, además, las posiciones en las que están esos dirigentes son de ventaja y privilegio.

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