Entrevista Emilio Aumente: “A los políticos les falta un baño de realidad”

  • Desde su retiro, sigue siendo un apasionado de la política, sobre todo la local, y no rehúye el análisis de lo que ha sido su etapa pública ni el escenario que se abre con la actual crisis sanitaria

Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’. Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’.

Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’. / Laura Martín

–¿Cómo se vive de jubilado?

–Vivo muy bien, sinceramente. Se me ha fastidiado lo de los viajes previstos por el coronavirus. Pero, como yo digo, para mí todos los días son domingo y verano. Afortunadamente, mi jubilación es muy buena y en mi familia puedo decir que somos unos privilegiados, no solo respecto a otros pensionistas, sino incluso a los que están trabajando.

–¿Se ven las cosas con más equidistancia, sobre todo las de la política, cuando se está en su situación?

–Sí, pero bueno, a mí es que la política me ha gustado mucho siempre. La nacional, la europea, que cada día me apasiona más, y la local, que ha sido mi nudo gordiano desde que en el año 78 entré en el Ayuntamiento. Sí es cierto que he estado ocho años de concejal, cuatro en la oposición y cuatro en el gobierno, y cuando sales la relajación te da otra perspectiva y la política la ves desde otro ámbito. Además, es curioso porque empiezas a entender muchas cosas de las que te han ocurrido porque se vuelven a repetir en los que llegan. Es decir, los que estaban en la oposición, cuando gobiernan, entran en las mismas dinámicas. Por lo tanto, ya ni siquiera es una cuestión de partido, sino de la propia práctica de la política.

–Pero ahora son malos tiempos para todos y para todo.

–Bueno, son malos tiempos para la política y no. En estas circunstancias en la que todo es una incógnita, la principal preocupación que deben tener todos es la economía y el paro. Yo creo que de esta época hay que cambiar muchas cosas y también pueden salir algunas positivas. Vamos a ver los referentes políticos nuevos que van a surgir de esta crisis.

–¿Usted cree de verdad que habrá renovación de liderazgos?

–No tanto de liderazgos, que en algunos casos sí puede pasar que ocurra, como del cambio de las actitudes de los que queden. Creo que todo esto nos va a llevar a una política de grandes consensos, que es lo que requiere la situación y la ciudadanía. Los grandes partidos van a llegar a consensos porque nos les queda más remedio.

–Le veo muy optimista.

–Si no resuelven los problemas ahora, cuando la sociedad está en una situación crítica y la gente lo está pasando muy mal, pues ya me dirá. Porque cuando se acaben los ERTE, los problemas van a aumentar y a esa gente tenemos que ayudarles con la solidaridad de todos, por supuesto por parte de los que más tienen. Y ahí me incluyo, porque como le comenté antes, gozo de una buena situación.

–Insisto, los grandes consensos requieren grandes liderazgos.

–Bueno, vamos a ver cómo se sitúa cada uno. Si le soy sincero, me está sorprendiendo la actitud de Pedro Sánchez. Yo no era muy proclive a darle mi apoyo cuando se debatió la secretaría general, pero luego lo acepté porque democráticamente es lo que hay que hacer. Yo no he sido sanchista y la verdad es que lo veo mucho más asentado en la realidad, sobre la problemática que hay, y a mí eso ya me da alguna garantía de que se puede generar un liderazgo y un personaje político para tiempo.

Emilio Aumente, durante la entrevista. Emilio Aumente, durante la entrevista.

Emilio Aumente, durante la entrevista. / Laura Martín

–Ahora, cuando ya lleva varios años gobernando, Sánchez puede convertirse en un líder.

–Pues sí. En los momentos duros es cuando las personas se hacen y lo que se está encontrando Pedro Sánchez, vamos, es de órdago.

–¿Cuántos desencantos le ha dado la política?

–La verdad es que pocos, pero muy duros. Si uno entra en política es porque te gusta y si ves ya dinámicas muy negativas, lo que tienes que hacer es marcharte. En mi caso tenía una ventaja, como es tener un puesto de trabajo, por lo que tampoco tenía una dependencia económica de la política. Yo he estado porque he querido y porque mi partido me ha apoyado para estar en determinados sitios.

–¿Y alegrías?

–No muchas alegrías, pero sí alguna que otra satisfacción, sobre todo los cuatro años de gobierno en el Ayuntamiento de Córdoba, por esas pequeñas cosas que he podido hacer. Cuando voy andando, por ejemplo, y veo la torre alminar al lado del convento de las monjas en la plaza de San Juan, pues me da satisfacción, porque logramos restaurarla con un acuerdo con los vecinos y el Cabildo después de décadas. Esas pequeñas cosas satisfacen.

–¿Y el PSOE qué le ha dado?

–Una visión de la vida. Porque el PSOE en sí, desde sus inicios, siempre ha sido un partido complicado, con muchas tendencias, con gente que se escora más a la izquierda y otros a la derecha. Hay una tricotomía de situaciones histórica, por lo que ese debate, que siempre está ahí, te ayuda a la hora de ver la sociedad y la pluralidad política. El PSOE, al menos desde que yo milito, lo que sí me ha dado es una visión de España distinta, de las comunidades, de la solidaridad y me ha enseñado a relacionarme con las personas de una forma mucho más humana y contemporizadora.

"Yo estuve cuatro años en la oposición y dije muchas tonterías"

–¿Qué le falta hoy a la política?

–Más que a la política, yo diría que a los políticos, a los que les falta un baño de realidad, de saber lo que pasa en la calle, de lo que pasa en las familias, a los jóvenes de 15 ó 16 años, a los que han terminado una carrera universitaria y se han tenido que ir fuera de este país. Eso es lo que tienen que cambiar. Yo no soy muy optimista porque estoy viendo una situación muy grave como es la pandemia del coronavirus y no se anteponen los intereses de la gente a otras cuestiones, eso no se pone encima de la mesa. Y somos muy dados a no ceder porque parece que, si lo hacemos, entramos en una situación de debilidad. El votante, generalmente en un porcentaje importante, vota en contra de algo. Para que eso no ocurra hay que captar a esa gente y explicarles la realidad. La verdad hay que decirla siempre y el político lo que tiene que hacer es no contar milongas.

–Y ese baño de realidad que falta, ¿a usted también le ha pasado factura cuando gobernaba?

–En algunas situaciones, sí. Lo que pasa es que yo era muy dado a ir a todos los sitios andando. Cuando me ha tocado gobernar yo he tenido dos máximas: una es usar lo mínimo el coche e ir siempre caminando a los sitios. Eso me lo metí en la cabeza. Iba por la calle hasta mi casa en San Pedro y los vecinos me referían, me comentaban cosas. Y la otra máxima es la honradez en la política. Fue fundamental para mí, por ejemplo y aunque eso no sea noticia, no haber cobrado ni una dieta mientras he estado en el gobierno. Ni una. Eso, que parece normal, es incluso revolucionario y al final hasta molesta. Lo hice porque uno tiene que vivir como uno piensa.

Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’. Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’.

Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’. / Laura Martín

–¿Se imaginó alguna vez que vería a la ultraderecha sentada en las instituciones?

–Con una marca concreta y como ultraderecha, pues no. También es verdad que la derecha y la ultraderecha siempre han convivido, ya sea en Alianza Popular y luego en el PP. Líderes como Fraga o Aznar se preocupaban de que toda la derecha estuviera unida. Lo que sí es verdad es que a la ultraderecha la he visto representada en algunas personas de AP o del PP, pero lo que era impensable era una ruptura y que entraran no solo en los ayuntamientos, sino en los parlamentos con una presencia muy importante. Sí es cierto que yo creo que se trata de un movimiento de corto recorrido y que esa fuerza política [Vox] se integrará de nuevo en el Partido Popular, a su tiempo, pero llegará.

–¿Los que se sientan en la actualidad en los sillones del PSOE en Capitulares representan los valores socialistas?

–Representan los valores socialistas porque el partido ha decidido que se sienten allí. Representan una siglas. Ahora, todas las personas no somos iguales. Yo quizás tenga una manera de entender la socialdemocracia y otros tengan otra. Pero bueno, yo respeto lo que el partido decidió en su momento; estarán cuatro años y luego... ya veremos lo que pasa.

–¿Confía en que definitivamente el PSOE comience a hacer oposición en el Ayuntamiento?

–Hacer oposición en un ayuntamiento es muy complicado y, de hecho, no se sabe hacer. Y me explico. Yo estuve cuatro años en la oposición y dije muchas tonterías. Reconozco que las dije y pienso que no sé cómo se me ocurrió entonces, pero bueno, forma parte de la presión. Luego te das cuenta de que eso que tú has dicho no llega a ningún lado, por lo tanto vas aprendiendo que las cosas hay que matizarlas y que tienes que ser un poco más serio, más positivo. Por eso le digo que la oposición en un ayuntamiento es complicada, porque si un equipo de gobierno hace cosas, oponerte tú es muy negativo, en todo caso la postura debe ser la de me alegro de que hagan esto, pero además deben ustedes hacer aquello. Llevar a un pleno el mismo esquema que el de un parlamento es un error. No tienen nada que ver. Pero en el caso que usted me plantea, la oposición del PSOE en Capitulares lleva solo un año, ha ocurrido lo que ha ocurrido con la pandemia y se da una situación también en la que la líder, en este caso Isabel Ambrosio, ha sido también alcaldesa cuatro años. Pasar de alcaldesa a la oposición es muy complejo, porque siempre la otra parte te puede achacar que por qué no lo hizo usted. Yo creo que Isabel Ambrosio está haciendo una oposición muy light y está esperando a ver qué pasa para ir matizando el mensaje después.

–A esperar entonces.

–La mejor oposición es no hacer oposición. Porque la verdadera oposición está dentro de los propios partidos y en los equipos de gobierno. Así que lo mejor a veces es quedarse callado y esperar a que el adversario se cueza en su propia salsa. En los ayuntamientos, cuando hay equipos de gobierno compartidos, como el actual de PP y Cs o el anterior nuestro de PSOE e IU, pueden ocurrir estos enfrentamientos internos.

–¿Pero usted ve a Ambrosio como líder de su grupo durante todo el mandato?

–Durante este mandato sí, pero luego ya veremos lo que ocurre. En la política van a cambiar tantas cosas que creo que es complicado augurar el futuro.

"Isabel Ambrosio está haciendo una oposición muy light"

–¿Con qué alcalde o alcaldesa de Córdoba se queda?

–Con algunas partes de algunos, porque cada uno ha tenido su impronta. Anguita llega después de muchos años de dictadura, había muchas ganas de cambiar las cosas, era un alcalde muy político y tenía sus partes buenas y sus partes malas. Lo que pasa es que la figura de Julio Anguita se eleva porque, además de alcalde, políticamente tuvo una gran repercusión. Todos los grandes alcaldes del año 79 luego sacaron mayorías absolutas porque las ciudades cambiaron de una forma tremenda. Una cosa muy importante que hizo Anguita fue cambiar la dinámica interna del Ayuntamiento. Cuando él llega a la Alcaldía, la mayoría de los funcionarios ni iban, porque los sueldos eran tan bajos que se hacían muchas cosas fuera. Duplicó los salarios a cambio de que la gente tuviera actividad. Luego, Herminio Trigo fue para mí un gran alcalde. Le gustaba mucho la idea de la ciudad consolidada con ese plan urbanístico de 1986 que desarrolló. Trabajó mucho el Casco Histórico y a Herminio Trigo le debe mucho esta ciudad. Rafael Merino continuó ese trabajo y Rosa Aguilar estuvo también un tiempo y siguió la dinámica que había. Nieto se encontró una gran deuda, ordenó las cuentas y en cuatro años da poco tiempo a hacer mucho más. Y después, con Isabel Ambrosio, hemos hecho lo que hemos podido y lo que nos han dejado hacer desde el punto de visto legislativo.

–¿Qué le duele de Córdoba?

–Cómo se lo diría yo. Me duele la incultura, la falta de conocimiento de asuntos que afectan a la ciudad. Me duele el pasotismo que hay por cierta clase ilustrada y empresarial que podría hacer muchas cosas por Córdoba y miran a la ciudad de soslayo. No le dedican el sentimiento que los ciudadanos se merecen. A esta ciudad le hace falta alguien que lidere y sume a todos y que decidamos a dónde vamos. Si elegimos el turismo, tendremos que ver qué se hace; si optamos por la industria, pues lo mismo; o la logística. Pero que no nos quedemos solo en las palabras o en las fotos. Yo siempre digo que las fotos políticas que se quedan solo en eso son muy negativas porque generan desengaño entre la gente. Una ciudad que no va en bloque para un determinado sitio lo va a pasar muy mal. Yo creo que Córdoba, ahora mismo, tiene que plantearse qué quiere hacer y a dónde quiere ir.

Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’. Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’.

Emilio Aumente posa para la entrevista concedida a ‘el Día’. / Laura Martín

–Pero en ese debate llevamos 15 años.

–Sí, pero nadie lidera el debate. Hay muchas propuestas, pero luego hay que plasmarlas. Yo digo siempre que Córdoba es la ciudad inacabada, porque si se piensan en determinadas actuaciones, como el campo de fútbol, el aeropuerto, el río, Caballerizas, el Alcázar, el Casco Histórico... todo está en fases pero no está acabado. Eso habría que sentarse y, por quien tenga mando en plaza, marcar prioridades y quitar el faseado de obras. No podemos ver cosas como el Parque de Levante, que se ha inaugurado cinco veces, tantas como fases ha tenido, con lo que los vecinos se reirán de la clase política cordobesa y pensarán que si somos tontos. Lo digo como ejemplo. Eso genera pasotismo y tenemos que acabar con ello. Un alcalde tiene que ser un líder y no estar todo el día en el despacho. Debe montar equipos de trabajo y ver qué ocurre y se hace en otros sitios. El Ayuntamiento no tiene equipo de trabajo suficiente, en cuanto a personal, para desarrollar todos los proyectos que necesita la ciudad. Y que no me digan que es una cuestión de dinero, porque si vemos lo que se ha invertido aquí en determinadas actuaciones, se ve que no hemos sido muy rigurosos. El Casco Histórico, por ejemplo, se merece un gran debate con propuestas a ejecutar, con presupuestos.

"Me duele el pasotismo que hay por cierta clase ilustrada y empresarial de Córdoba"

–Y seguimos saliendo en las estadísticas como una de las ciudades más pobres de España.

–Sí. Córdoba tenía una actividad industrial en los años 60 y poco a poco ha ido desapareciendo sin otra actividad que se haya suplementado. Nos hemos quedado con turismo, la joyería, que no es el sector tan potente de antes, y estamos hablando ahora del centro logístico. Pero claro, el centro logístico lo que necesita son inversiones para que las empresas vengan y otras actuaciones como la del aeropuerto, que si lo vamos a destinar para cargas del sector agroalimentario, tendremos que hacer algo. En fin, que hay que tomar decisiones y eso es lo que parece que se quiere con el plan estratégico que el alcalde ha anunciado que está en ello. Pero cuidado, en las actuales circunstancias de la pandemia es arriesgado desarrollar un plan estratégico a medio o largo plazo.

–Usted ha formado parte de un gobierno en el que por primera vez había una alcaldesa del PSOE. ¿Tiene la sensación de que se ha perdido una oportunidad histórica para consolidar a su partido como fuerza de gobierno en Córdoba?

–Esa pregunta tiene... [Ríe]

–¿Qué tiene?

–Yo también me la he hecho en alguna ocasión. El PSOE, desde el año 79, adoptó una estrategia de que como no éramos los más votados, apoyábamos al PCE y luego a IU. Eso le venía bien al PSOE para consolidar gobiernos en otras ciudades y, como eso iba bien, pues yo creo que el partido aquí en Córdoba tampoco le dio muchas alas. Así ocurrió hasta 2015, cuando el PSOE hizo lo que hizo. Seamos sinceros, mucha gente no se imaginaba que la suma de la izquierda llegaría a 15 concejales y el partido que tuviera un voto más lograría la Alcaldía. Eso que en el PSOE creían que era un imposible, pues llegó y nos encontramos con la Alcaldía. Eso conllevaba un acuerdo con IU y otro con Ganemos como apoyo externo. Han sido cuatro años duros, muy duros, por muchas circunstancias, también de legalidad, y de cuestiones internas. La ejecución no ha sido todo lo buena que podría haber sido. Isabel Ambrosio, como alcaldesa, no lo hecho mal, pero las circunstancias han sido muy duras, apagando muchos fuegos, y la oposición del PP también fue muy contundente, porque se oponía a todo. Pero la verdad es que tampoco hemos sido hábiles para comunicar lo que habíamos hecho a la ciudadanía. La comunicación nos ha fallado y eso es complicado de cara al votante. Bellido, que partía de una situación muy complicada, logró tener un concejal más.

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