Córdoba

Embajadora de los vinos de la tierra y con influencia en la Corte

  • Sabina de Alvear y Ward Estuvo muy ligada a la localidad de Montilla y rompió con las tradiciones de la época al volcarse en la exportación de los caldos cordobeses a Europa

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Embajadora de los vinos de la tierra y con influencia en la Corte

Sabina de Alvear y Ward nació en Inglaterra y fue bautizada el 8 de febrero 1815 en Londres. Era hija de Don Diego Estanislao de Alvear y Ponce de León, natural de la ciudad de Montilla, y de su segunda esposa, Luisa Rebecca Ward Hopwood. Su abuelo fue Diego de Alvear y Escalera, fundador en 1729 de las bodegas Alvear de Montilla. El progenitor de Sabina de Alvear vivió en su casa solariega en la calle que ahora lleva su nombre en su ciudad natal, actual Colegio de la Asunción. Participó en la expedición a Filipinas en la fragata Venus. Fue segundo comandante de la fragata Rosalía, en la guerra con Portugal, concurriendo a la toma de la isla Santa Catalina. Diego intervino en la guerra de Sacramento y del Río de la Plata (estuvo en Sudamérica desde 1774 hasta 1804). Se casó en primeras nupcias con María Josefa Balbastro. De regreso de América, tras haber servido fielmente a la Corona y España y ya como capitán de navío, su esposa y siete de sus hijos fallecieron en un naufragio, como consecuencia de un ataque inglés a la nave que los transportaba en 1804, Nuestra Señora de las Mercedes, que desencadenó la batalla de Trafalgar.

Don Diego, que viajaba como segundo comandante en La Medea, capitana de la flota, sobrevivió con su hijo Carlos de 15 años. A los 55 años perdió en aquella batalla todo por lo que un hombre suele luchar: su familia, su trabajo y su fortuna. Ambos quedaron prisioneros de los ingleses, aunque con honores y privilegios. Conoció durante su cautiverio, yendo a misa, a la joven irlandesa Luisa Rebeca Ward, con quien acabaría contrayendo matrimonio y teniendo siete hijos. La boda se celebró en Montilla el 20 de enero de 1807.

En marzo de 1810, Diego de Alvear fue nombrado gobernador político-militar de la Isla del León (hoy San Fernando) y su notoriedad en la defensa de Cádiz le valió la Gran Cruz de San Hermenegildo. Sabina nació en plena guerra de la Independencia española, durante uno de los viajes que realizaron sus padres a Inglaterra. Los hermanos Alvear Ward, por herencia paterna, pertenecían a la hidalguía o pequeña nobleza. Todos ellos recibieron una esmerada educación en el seno de la familia que los varones completaron en los más destacados colegios tanto nacionales como extranjeros.

Al contrario que sus hermanos varones, los miembros femeninos de la familia recibieron una educación limitada a la esfera familiar, como era costumbre entre la pequeña nobleza de la época. En las primeras décadas del siglo la enseñanza que recibían las mujeres de este grupo social iba encaminada únicamente a dotarlas de algunas habilidades y de un barniz cultural con la única finalidad de prepararlas para alternar en los salones. Su formación consistía, al margen de un amplio conocimiento de la doctrina cristiana, en aprender a leer, escribir, costura y bordado, un poco de geografía, historia, música, dibujo y francés. Las mujeres Alvear y Ward aprendieron además el inglés a través de su madre.

Aunque Sabina vivió esporádicamente en Montilla, su residencia habitual la tenía en Madrid, donde frecuentaba los ambientes cortesanos. Perteneció como vocal a la Junta de señoras, que presidió la Reina y que ésta organizó para obtener y administrar recursos para la construcción del templo de la Almudena. Mujer de fuerte carácter y gran personalidad, estuvo relacionada con la elite social, cultural y política de su época. Fue amiga íntima de la emperatriz Eugenia de Montijo, que era prima de Agustín Antonio De la Cerda Palafox, marido de su hermana Catalina, hecho que se refleja en su correspondencia privada. Formó parte de los círculos de amistades de la Casa Real Española y mantuvo relaciones cordiales con políticos y escritores de la talla de Cánovas del Castillo, Próspero Merimée y Mesonero Romanos.

Su carácter emprendedor le llevó a realizar multitud de viajes por Europa, fundamentalmente a Inglaterra, Italia y Francia, encargándose personalmente de iniciar la exportación de los vinos de la familia al extranjero. En muchos de esos viajes le acompañó su hermana pequeña Candelaria, con la que vivió toda su vida.

Escribió una documentada biografía de su padre que fue publicada en Madrid en 1891 y que recibió los elogios de escritores como Ramón de Campoamor, Juan Valera, Cesáreo Fernández. La afición por la literatura de la familia está avalada por la amistad que mantuvieron sus hermanos y Sabina con algunos escritores tan destacados como Mesonero Romanos, Alberto Lista o el autor extremeño José de Espronceda, que dedicó posteriormente una elegía a A Don Diego de Alvear y cuyas ideas liberales motivaron en 1823 su persecución y expulsión de la Armada. Se le rehabilitó en 1829 y al año siguiente falleció en Madrid.

En Santa Fe (Argentina) hay un pueblo denominado Don Diego Alvear en honor del insigne montillano. Sabina murió ya muy anciana, en 1906. Mujer de fuerte carácter, abrió los mercados de Reino Unido en el siglo XIX a los vinos españoles, fue capaz de destacar en el campo empresarial, venciendo las reticencias de la época sobre la actividad laboral de la mujer.

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