MUJERES SINGULARES de córdoba

Devota de día y dueña de noche

  • Concha 'la Pichichi'. Sevillana de nacimiento, fue muy conocida en los años 50 en Córdoba, donde regentaba una casa de "señoritas", de las más importantes en la ciudad

Devota de día y dueña de noche Devota de día y dueña de noche

Devota de día y dueña de noche

Hablar de la prostitución cordobesa o de cualquier lugar es un tema delicado. Córdoba, hasta hace poco tenía, unas zonas, que son las mismas o parecidas que las datadas desde el tiempo de los Reyes Católicos, que tenían regladas ciertas cuestiones relativas a este gremio. John Edwards en su libro Isabel la Católica poder y fama y, concretamente en el capítulo Isabel la Católica y los bajos fondos, dibuja esta faceta no aireada de esa monarquía.

En la década de 1480 tuvo mucho auge la mancebía en Córdoba. La ciudad fue retaguardia de la conquista de Granada y había que mantener la logística de las tropas. En Córdoba, había en 1236 un barrio dedicado a ello, residencia y ejercicio de tal actividad, que estaba en los alrededores de San Nicolás de la Axerquía. Existía una calle llamada Mancebía, cercana a las Curtidurías. Partía desde la Mayor que unía la catedral de Santa María con las hosterías y establecimientos de la plaza del Potro. Este negocio estaba en manos del Cabildo y las mujeres le pagaban por su zona de trabajo. A finales del XV tuvo mucho auge y mucho más a principios del XVI agrandándose el ámbito.

Había dos clases de prostitutas, las públicas, es decir visibles, y las encubiertas, que ejercían en secreto y eran de un mayor nivel social. Estas últimas estaban mejor protegidas y se procuraba que nunca salieran a la luz y mucho menos sus clientes.

Si observamos, esos barrios desde la época musulmana, hasta el franquismo que también las prohibió y las toleró, son los mismos que algunos hemos conocido. Caso de la última zona importante, la de Cercadillas.

Luego estaban esas casas de más postín discretamente distribuidas por la ciudad y la pobre y de tercera división que ejercía en las afueras, al aire libre, que fueron desplazándose paulatinamente por la urbanización de las mismas por la presión ciudadana o por el cambio de hábitos de la población. Una de ellas era el Charco de la Pava, lugar en la antigua Huerta del Rey o Vistalegre; es la actual zona de las calles Doctor Barraquer, lado de los impares de Conde de Vallellano, y las calles adyacentes.

A esas casas, la gente las llamaba de trato, por el toma y daca de una transacción comercial antes de efectuar el contrato verbal, y a otras de tapao o de citas por la discreción de las mujeres que acudían a ellas, a citarse con los temporales empresarios de su cuerpo.

Como Marina, muy guapa de la calle la Feria; la Gayallo, de Cardenal González; la Gitana, la Serrita, estuvo en su vejez en una bodega de la calle Fitero, y la casa de al lado doña Lola; la famosa Maja de la que decían batía todos los récord. La Berenjena, que se movió por los portales de la Corredera; y la Húngara, que estaba instalada con un carromato en los llanos de Vista Alegre cerca del pilar.

Entre ellas, Concha La Pichichi. Sevillana de nacimiento fue muy conocida como personaje en los años 50 en Córdoba. Regentaba una casa de señoritas, de las más importantes en la ciudad, ubicada en la calle Hermanos Sánchez Murga, hoy calle Caño. Era la casa que hacía rincón al final de la calle, que luego se estrechaba a salir a Manuel de Sandoval.

Mujer guapa, resultona, graciosa y con trapío, empleando la jerga taurina. Estaba dotada de un código de honor especial, presumía de no haber estado liada con ningún hombre casado por no extraviar ninguna casa. En ella se daban esos curiosos contrastes, de ser pía y devota de día y de noche ser una dueña. Su negocio fue el más caro de la ciudad y el de más solera.

Se cuenta la anécdota que cierto día Concha se presentó en una entidad bancaria a realizar una operación. Como consideró que no se la trato adecuadamente pidió hablar con el director. Con paso decidido sin esperar la introducción que casi siempre es: "Lo siento está reunido", abrió la puerta del despacho del director y entró con toda la naturalidad del mundo. Esta vez sí estaba reunido, pero a ella no le importó, y se dirigió en alto tono: "¡Leopoldo! ¡Leopoldo!"

Leopoldo, que estaba celebrando una reunión con unos agricultores conocidos de la ciudad, no pudo sino decir: "¿Quién es usted señora?", haciéndose el sorprendido. Concha dudó un momento, en realidad esperaba encontrárselo solo. La situación se tensó, porque los demás respetables señores temieran que se dirigiera a ellos con la misma familiaridad que a Leopoldo, ya que todos tenían motivos para ello. Hasta que uno de ellos, matador de toros retirado, viejo y con fama de no tener pelos en la lengua, rompió el hielo diciendo con toda naturalidad: "¿Qué te pasa Concha? ¿Qué quieres? ¡Y usted Don Leopoldo no sea hipócrita y no pregunte quién es porque a Concha la conocen en toda Córdoba!".

Igualmente se cuenta que en una ocasión La Pichichi, gran devota del Rescatado, pidió contribuir de forma económica en el adorno del paso y le dijeron que no, que se habían ofrecido gustosamente los hermanos Prieto, dueños de Santa Marta, de forma desinteresada asumieron el compromiso de adornar todos los años el paso , pero ante la actitud de la devota mujer, le permitieron que ella personalmente le pusiera al Cristo un ramo de claveles a los pies. Era el año 1956. No siempre se puede elegir que vida vivir.

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