Córdoba

Coronavirus en Córdoba: Medio año más solteros por la “maldita pandemia”

  • Carmen y Rafa han tenido que posponer su boda, prevista para este sábado, al próximo otoño

Carmen y Rafa, en una imagen facilitada por la pareja. Carmen y Rafa, en una imagen facilitada por la pareja.

Carmen y Rafa, en una imagen facilitada por la pareja. / El Dia

A las 12 de la mañana de este sábado, Carmen y Rafa tenían una cita, tal vez la más trascendental de sus vidas. Habían quedado, junto a numerosos familiares y amigos, en la Parroquia Santa María de la Madre Iglesia para darse el “sí quiero” y firmar ante Dios su unión hasta que la muerte los separe. Pero la “maldita pandemia”, como les sale decir, del coronavirus les ha dado un margen de tiempo para repensarse si de verdad quieren dar este paso definitivo, pues la expansión del covid-19 les obligó a tomar la decisión de posponer el enlace hasta el próximo otoño “con todo el dolor de nuestro corazón, pero poniendo por delante la sensatez”.

Porque por mucho daño que esté haciendo el virus, y ellos lo saben bien de cerca, Carmen Ortega y Rafael Cañas están decididos a retomar la idea inicial de contraer matrimonio. El plan original, que manejaron desde meses atrás y fue comunicado oficialmente a sus más allegados el pasado verano, sigue adelante, y “nadie lo va a detener”, sostienen casi al unísono. El problema, “menor con lo que tenemos encima en todo el país”, recalca Carmen, ahora pasa por “ajustar de nuevo la fecha, ya que muchas parejas han pasado por lo mismo y el calendario es el que es”. Con todo, si nada raro vuelve a cruzarse en sus caminos, el gran día de la pareja vestirá noviembre de una segunda primavera, en la que la amistad y el amor suplirán el brillo de las flores más hermosas de esta época del año.

“El jueves de la semana pasada tomamos la decisión al ver la situación cómo estaba -dos días más tarde el Gobierno decretó el estado de alarma-, y tras recibir muchas llamadas de familiares y amigos, sobre todo de Madrid, donde es más grave, diciendo que no venían”, comenta Carmen, que recuerda que “en los días previos insistíamos en seguir con todo para adelante, pero al ver que esto se iba de las manos y el problema era más grave, decidimos anularlo todo, porque esto cambiaba por horas y no por días”. “Dejando a un lado los sentimientos, lo más sensato para la salud era hacer esto”, insiste desde la reclusión de su hogar ella, a la que esta crisis le ha obligado también a posponer la mudanza al domicilio conyugal.

Son días de llamadas, mensajes de Whatsapp y videollamadas para hacer más llevadera esta fase de aislamiento obligado al que han instado las autoridades sanitarias y gubernamentales para intentar frenar la expansión del virus. Y el resto de las horas, Carmen se las pasa delante de los libros y con alguna clase telemática para seguir preparando las oposiciones de Física y Química, que aboga por posponer ante el trastorno. Rafa, por su parte, es uno de esos héroes anónimos que trabaja estos días para hacer más llevadera la vida de los demás; su labor es de reposición en el almacén distribuidor de Deza, una de las cadenas de alimentación que se ha visto desbordadas en la última semana.

Camino de los seis años de relación, que podrían cumplirse cuando pongan definitivamente rumbo al altar, comentan que no han tenido ningún problema a la hora de suspender la boda, pues “todo el mundo ha sido comprensivo con la situación”. “El único pero lo hemos tenido con el hotel de la celebración, que nos dijeron que nos guardaban la señal sólo si se celebra en este 2020”, apunta Rafa, que advierte que “ante la gravedad del momento, como se está viendo, no sabemos si nos abrirán la mano si esto se alarga”.

Comprensión para cambiar las fechas

“En las nuevas fechas, no hemos tenido problema con la iglesia, las flores, los trajes, las fotos... todo el mundo esperaba nuestra llamada porque ante este panorama la suspensión era lo más lógico”, relata Carmen Ortega, a la que con algo de pena, se le escapa decir que “con este cambio ya no va a ser el día de nuestra boda, sino el día que nos dejen tener; habíamos elegido el 21 de marzo porque era el incio de la primavera, con el azahar florecido, pero ahora en otoño ya no va a ser igual, no va a ser nuestra boda al cien por cien”.

Pero las circunstancias han mandado por culpa de un virus que, por desgracia, a ellos les ha tocado de cerca, dado que un familiar de Rafa y unos amigos comunes han sido declarados positivos por covid-19 estos días, aunque se encuentran en tratamiento domiciliario.

Por delante tienen ahora casi ocho meses para mantener el tipo para entrar en los trajes “y, si no, nos ponemos otra vez a dieta”; y fijar de nuevo destino para su viaje de novios -iban a ir a Riviera Maya, por recomendación de unos amigos, “pero no sabemos cómo estará allí la cosa entonces”-, pero teniendo claro que “no nos vamos a arriesgar, por eso esto fue lo primero que anulamos, sin problema con la agencia, porque ya veíamos que algunos países iban a cerrar fronteras y otro a ordenar cuarentena”. Una fase de aislamiento que Carmen y Rafa viven separados, pero con el deseo de que pronto puedan unir sus vidas para siempre sin que nada ni nadie pueda separarlos.

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